PARTE 2: EL PADRE REGRESÓ DEMASIADO TARDE.

Sofía abrazó a Emilia con tanta fuerza que la niña apenas podía respirar.

Todo su cuerpo comenzó a temblar.

—No… él no puede llevársela.

La enfermera miró a Alejandro con evidente nerviosismo.

—Dice que viene con un abogado y unos documentos de custodia.

Marco dio un paso hacia la puerta.

—Patrón, ¿los saco?

Alejandro negó lentamente.

—Primero quiero escucharlo.

Un minuto después, un hombre de unos treinta y ocho años entró al cuarto acompañado por un abogado de traje oscuro.

Vestía ropa cara, un reloj de lujo y una sonrisa ensayada.

Era Daniel Ortega.

El hombre que desapareció seis años atrás, apenas supo que Sofía estaba embarazada.

Su mirada recorrió la habitación hasta detenerse en Emilia.

—Hija…

La niña se escondió detrás de la cama.

No lo reconocía.

Nunca lo había visto.

Daniel fingió una expresión de tristeza.

—Siempre quise volver por ti.

Sofía soltó una risa amarga.

—¿Después de seis años?

El abogado dio un paso al frente.

—Mi cliente desea ejercer sus derechos como padre biológico.

Traemos una solicitud para iniciar el proceso de custodia.

Alejandro permaneció en silencio.

Observaba cada gesto.

Cada palabra.

Entonces hizo una sola pregunta.

—¿Cuándo fue la última vez que pagó un peso para mantener a su hija?

Daniel dudó.

—Bueno… hubo circunstancias…

—¿Cuándo?

El silencio respondió por él.

Marco entregó una carpeta a Alejandro.

La investigación había comenzado apenas media hora antes.

Dentro aparecían reportes laborales, registros fiscales y demandas por pensión alimenticia jamás contestadas.

También figuraba una orden de localización que Sofía presentó años atrás.

Nunca respondió.

Alejandro cerró lentamente la carpeta.

—Seis años sin visitas.

Seis años sin alimentos.

Seis años sin una llamada el día de su cumpleaños.

Y aparece exactamente el mismo día en que descubre que alguien pagará el tratamiento de la madre.

Qué coincidencia.

Daniel perdió la sonrisa.

—Eso no le importa.

Es un asunto familiar.

Alejandro dio un paso al frente.

Toda la habitación quedó en silencio.

Incluso el abogado retrocedió instintivamente.

—Se equivoca.

Desde el momento en que intentó utilizar a una niña como negocio…

También se convirtió en mi asunto.

Daniel tragó saliva.

Por primera vez entendió quién tenía delante.

Intentó cambiar el tono.

—Solo quiero recuperar el tiempo perdido.

Alejandro miró a Emilia.

La pequeña seguía abrazada a Sofía.

Ni siquiera observaba al hombre que decía ser su padre.

Entonces pronunció una frase que paralizó a todos.

—Los padres no regresan cuando huelen dinero.

Regresan cuando su hija los necesita.

Y usted llegó seis años tarde.

En ese instante, el teléfono de Marco vibró.

Leyó el mensaje y levantó la vista de inmediato.

—Patrón…

Encontramos algo más sobre Daniel.

No abandonó únicamente a Sofía.

Tiene otros dos procesos abiertos por intentar obtener la custodia de hijos que jamás mantuvo.

Y en ambos casos desapareció después de exigir indemnizaciones económicas.

Alejandro tomó el expediente sin apartar la vista de Daniel.

Pero lo que apareció en la última hoja hizo que incluso él frunciera el ceño.

Había una transferencia realizada apenas cuarenta y ocho horas antes.

El dinero no provenía de Daniel.

Lo había enviado alguien que Sofía conocía demasiado bien.

La persona que acababa de pagar a un abogado para quitarle a Emilia… trabajaba desde hacía nueve años dentro de la propia mansión Montiel.

Continuará…

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