PARTE 2: LA PRUEBA QUE NADIE PODRÍA BORRAR.

Julián permaneció inmóvil, incapaz de apartar la vista de la pantalla.

La grabación acababa de destruir cinco años de sacrificios en apenas unos minutos.

Recordó cada madrugada saliendo hacia el aserradero antes del amanecer, cada domingo cancelado para resolver problemas de la empresa y cada peso que entregó para mantener cómodamente a la familia de Mariana.

Mientras él trabajaba hasta el agotamiento, ellos planeaban convertirlo en el único culpable.

Don Eusebio cerró lentamente la computadora.

—Eso solo explica por qué quieren deshacerse de ti. Ahora vas a entender por qué no podían dejarme morir todavía.

Sacó otra memoria del compartimento oculto.

Era mucho más pequeña y estaba envuelta en una bolsa hermética.

—Aquí está la verdadera contabilidad de Maderas Montiel.

Julián la conectó.

Decenas de carpetas aparecieron organizadas por fechas.

Facturas falsas.

Transferencias bancarias.

Contratos con firmas idénticas a la suya.

Préstamos millonarios autorizados supuestamente por él.

Su respiración comenzó a acelerarse.

—Yo jamás firmé nada de esto.

—Lo sé —respondió don Eusebio con absoluta calma—. Llevo meses observando cómo copiaban tu firma. Sebastián consiguió un perito dispuesto a fabricar cualquier documento por dinero.

Julián abrió un video fechado tres meses atrás.

La cámara oculta mostraba el despacho principal de la empresa.

Mariana caminaba abrazada de Sebastián.

—Cuando el abuelo muera, denunciamos el fraude —decía ella sonriendo—. Julián irá a prisión antes de entender lo que pasó.

Sebastián dejó varios expedientes sobre el escritorio.

—Todas las operaciones ilegales aparecen autorizadas por él. La Fiscalía nunca buscará más responsables.

Rogelio levantó una copa de whisky.

—Y nosotros venderemos la empresa antes de que revisen los libros.

Los cuatro brindaron entre risas.

Julián sintió un vacío insoportable en el pecho.

No solo le habían robado años de vida.

También pensaban destruir su nombre para quedarse con un patrimonio construido durante generaciones.

Don Eusebio abrió entonces una carpeta marcada como “Aserradero Norte”.

Las imágenes mostraban camiones entrando de madrugada sin registro oficial.

Hombres armados vigilaban la carga.

Troncos marcados con sellos gubernamentales eran reemplazados por madera obtenida ilegalmente de reservas protegidas.

—Durante más de un año utilizaron la empresa para lavar millones de pesos mediante tráfico ilegal de madera —explicó el anciano—. Si esto sale a la luz sin pruebas, todos creerán que tú dirigías la operación.

Julián cerró los puños con fuerza.

—¿Por qué hicieron todo esto?

Don Eusebio lo miró fijamente.

—Porque necesitaban un hombre honesto al frente. Alguien en quien todos confiaran mientras ellos robaban desde las sombras.

En ese instante, el celular oculto comenzó a vibrar.

Era el abogado.

Don Eusebio respondió con una sola frase.

—Es hora de poner en marcha el plan.

Pero antes de colgar, ambos escucharon el ruido de varias camionetas entrando violentamente al jardín.

Julián corrió hasta la ventana.

Su sangre se heló.

Mariana, Sebastián, Rogelio y Clara habían regresado de Cancún dos semanas antes de lo previsto… y no venían solos. Detrás de ellos descendieron cuatro hombres desconocidos que comenzaron a registrar la casa como si buscaran desesperadamente algo que jamás debía caer en manos de Julián.

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