El mensaje quedó iluminando la pantalla.
Gael no intentó esconderlo.
Lo leyó una vez.
Después bloqueó el teléfono sin cambiar la expresión.
—¿Quién es Arturo? —pregunté.
Renata levantó la vista entre nosotros.
Gael tardó varios segundos en responder.
—El hombre que provocó la desaparición de mi esposa.
La tormenta comenzó a golpear los ventanales de la mansión.
El trueno me hizo cerrar los ojos.
Y entonces apareció otro recuerdo.
El mar.
El viento.
Una lancha balanceándose con violencia.
Verónica empujándome hacia la orilla mientras abrazaba a una Renata mucho más pequeña.
—¡Lía, escúchame! Si algo me pasa, llévate a mi hija. Arturo no puede encontrarla.
Abrí los ojos de golpe.
Las manos me temblaban.
—Mi nombre… no era Elena.
Gael dio un paso hacia mí.
—¿Qué recordaste?
Respiré hondo.
—Ella me llamó Lía.
Renata sujetó con fuerza a su conejo de peluche.
—¿Conocías a mi mamá?
No supe qué contestar.
Porque los recuerdos seguían llegando.
Vi el collar azul.
Recordé que Verónica lo arrancó de su cuello y lo puso en mi mano.
—Si alguna vez dudas de quién eres… busca lo que escondí dentro.
Me llevé la mano al cuello.
Durante cinco años había guardado aquel collar en una caja, sin atreverme a abrirlo.
Corrí hasta mi habitación.
Lo saqué del fondo del equipaje.
Lo observé durante varios segundos.
Nunca había notado una pequeña ranura junto a la piedra azul.
Presioné con la uña.
El colgante se abrió.
Dentro apareció una diminuta tarjeta de memoria.
Sentí que el corazón se detenía.
Gael la miró sorprendido.
—Verónica jamás me dijo que existía eso.
Uno de los escoltas trajo una computadora portátil.
Insertamos la memoria.
Solo había un archivo de video.
Fecha: cinco años atrás.
La imagen comenzó a reproducirse.
Verónica aparecía frente a la cámara.

Tenía el rostro golpeado y hablaba con dificultad.
—Si alguien está viendo esto… significa que no logré regresar.
Respiré sin darme cuenta.
Ella continuó.
—Mi nombre es Verónica Montenegro. Si Arturo del Valle consigue esta grabación, matará a mi hija.
Gael cerró los puños.
—Yo descubrí que Arturo lavaba dinero usando empresas navieras. Cuando intenté denunciarlo… decidió eliminar a toda mi familia.
El video se interrumpió unos segundos.
Después Verónica volvió a aparecer.
—Lía… si sobreviviste, gracias por intentar salvar a Renata. No permitas que crean que Gael fue quien me traicionó.
El silencio llenó la habitación.
Gael tenía los ojos completamente húmedos.
—Ella nunca dejó de confiar en mí…
Antes de que alguien hablara, todas las luces de la mansión se apagaron.
Las cámaras de seguridad dejaron de funcionar al mismo tiempo.
Uno de los escoltas entró corriendo.
—¡Señor Montenegro!
—¿Qué ocurre?
—Cortaron la energía desde el exterior… y acabamos de perder comunicación con los hombres de la entrada principal.
En ese mismo instante sonó un disparo en el jardín.
Y una voz conocida resonó desde los altavoces de la residencia.
—Cinco años huyendo, Lía… pero esta vez no saldrá nadie con vida.