Valeria no regresó al hospital.
Subió a su automóvil y llamó de inmediato a su abogado.
—Presenta el divorcio hoy mismo.
—¿Y las pruebas del desvío?
—Entrégalas también.
Colgó sin mirar atrás.
Mientras tanto, Mauricio seguía esperando que alguien convenciera a su esposa de volver.
Dos horas después recibió la visita del director jurídico del Grupo Alcázar.
Llevaba una carpeta negra.
—Necesito su firma.
Mauricio sonrió con dificultad.
—¿Valeria ya aceptó ayudar?
El abogado negó lentamente.
—No, señor.
Abrió la carpeta.
—La doctora Montes renunció a todos los cargos compartidos… y solicitó una auditoría extraordinaria.
Mauricio sintió un escalofrío.
—Eso puede esperar.
—No puede.
El abogado colocó varios documentos sobre la cama.

Las cuentas de la fundación habían sido congeladas.
Las transferencias hacia las empresas de Cancún estaban siendo revisadas.
Y, por decisión del consejo, Mauricio quedaba suspendido temporalmente como director ejecutivo.
—¡Eso es absurdo!
Intentó incorporarse.
El dolor lo obligó a volver a recostarse.
En ese momento entró Rodrigo.
Tenía el rostro completamente pálido.
—Tenemos otro problema.
—¿Qué hiciste?
—No fui yo.
Rodrigo tragó saliva.
—Los auditores encontraron algo en los archivos antiguos.
Mauricio frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Rodrigo dejó una carpeta color marfil sobre la cama.
—Un fideicomiso creado hace nueve años por el padre de Valeria.
Mauricio sintió que el corazón comenzaba a acelerarse.
Abrió la carpeta.
Leyó las primeras líneas.
Después volvió a leerlas.
No podía creerlo.
El documento establecía que, si alguna vez se comprobaba una infidelidad, fraude financiero o uso indebido del patrimonio familiar por parte del cónyuge de Valeria, todas las acciones transferidas durante el matrimonio regresarían automáticamente al fideicomiso original.
Sin compensación alguna.
Mauricio levantó la vista.
—Eso es imposible.
—Es completamente legal.
El abogado habló con absoluta calma.
—Usted firmó haber leído ese fideicomiso antes de casarse.
Mauricio negó desesperadamente.
—Nunca vi esto.
El abogado abrió la última página.
Allí aparecía su firma.
Autenticada ante notario.
En menos de una hora perdió el control de la empresa.
También perdió cualquier derecho sobre la fundación.
Y la casa de Lomas de Chapultepec dejó de pertenecerle.
Cuando todavía intentaba entender lo ocurrido, sonó su teléfono.
Era Renata.
Contestó de inmediato.
—Todo salió en las noticias —dijo ella entre lágrimas—. Los inversionistas cancelaron el proyecto de Cancún.
Mauricio cerró los ojos.
—Voy a arreglarlo.
—Ya es tarde.
La llamada terminó.
El abogado guardó lentamente los documentos.
Antes de salir se volvió hacia Mauricio.
—Hay una última notificación.
—¿Qué más puede pasar?
El hombre respiró hondo.
—La Fiscalía acaba de solicitar acceso a todos los archivos del grupo.
Mauricio sintió un vacío en el estómago.
—¿Solo por las transferencias?
El abogado negó con la cabeza.
—No.
—Entonces… ¿por qué?
El silencio duró varios segundos.
—Porque durante la auditoría apareció un contrato firmado hace nueve años relacionado con la muerte del padre de Valeria… y los investigadores creen que ese accidente nunca fue un accidente.