PARTE 2 – EL TESTIGO HABLÓ Y UNA GRABACIÓN HUNDIÓ AL DIRECTOR

El joven empleado respiró con dificultad.

Las manos le temblaban tanto que apenas podía mantenerlas quietas.

Marcos lo fulminó con la mirada.

Aquella expresión bastó para recordar meses enteros de amenazas.

—Piensa bien lo que vas a decir —murmuró el director entre dientes.

Mateo escuchó aquellas palabras.

Su rostro se endureció de inmediato.

—Aquí nadie va a intimidar a un trabajador mientras yo esté presente.

El salón quedó completamente en silencio.

El muchacho tragó saliva.

—Yo… lo vi todo.

Un murmullo recorrió la mesa.

Marcos soltó una risa burlona.

—Ese chico acaba de entrar al departamento. Ni siquiera sabe lo que ocurrió.

El empleado negó lentamente.

—Llevo dos años trabajando aquí.

Miró a Elena.

Después bajó la cabeza.

—La señorita Elena rechazó la copa varias veces. Usted la sujetó del brazo y la obligó a beber.

Marcos dio un golpe sobre la mesa.

—¡Mientes!

El muchacho dio un pequeño paso atrás.

Pero continuó hablando.

—Cuando ella intentó soltarse… usted la empujó contra la pared.

Varias personas cerraron los ojos.

Todos habían visto la escena.

Nadie había tenido el valor de decir una sola palabra.

Mateo recorrió la sala con la mirada.

—¿Alguien más puede confirmar ese testimonio?

Los empleados permanecieron inmóviles.

El miedo seguía siendo más fuerte que la conciencia.

Marcos volvió a sonreír.

—Ya lo ve, presidente. Solo tiene la palabra de un empleado nervioso.

Elena sintió que el corazón volvía a hundirse.

Entonces una camarera del restaurante levantó tímidamente la mano.

—Yo también lo vi.

Todas las miradas se dirigieron hacia ella.

—No trabajo para su empresa. Soy empleada del restaurante.

Sacó una libreta donde había anotado el consumo de la mesa.

—La señorita Elena nunca pidió alcohol. El licor fue servido únicamente por orden del señor Marcos.

Marcos perdió la calma.

—¡Eso no demuestra absolutamente nada!

La camarera respiró hondo.

—Hay algo más.

Señaló discretamente una pequeña cámara instalada en una esquina del salón.

—Ese comedor VIP tiene videovigilancia las veinticuatro horas.

El silencio fue absoluto.

Marcos sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Durante varios segundos nadie pronunció una palabra.

Mateo levantó lentamente la vista hacia la cámara.

—¿El sistema sigue grabando?

El gerente del restaurante, que acababa de llegar alertado por los gritos, respondió sin vacilar.

—Sí, señor.

—Las grabaciones se almacenan durante noventa días.

Marcos dio un paso adelante.

—Las cámaras no tienen sonido.

El gerente asintió.

—Es cierto.

Marcos volvió a sonreír.

—Entonces jamás podrán demostrar lo que ella dice.

Pero el gerente negó con tranquilidad.

—No hace falta escuchar para ver quién obligó a quién.

El director quedó completamente inmóvil.

Mateo habló con voz firme.

—Solicite inmediatamente una copia de esa grabación.

—Ahora mismo, señor.

El gerente tomó su radio para comunicarse con el centro de monitoreo.

Marcos comprendió que estaba perdiendo el control.

Sin previo aviso, intentó salir apresuradamente del salón.

Dos guardias de seguridad del restaurante le cerraron el paso.

—Lo siento, señor. Nadie puede abandonar el lugar hasta que el presidente lo autorice.

El rostro de Marcos comenzó a cubrirse de sudor.

Mateo observó cada uno de sus movimientos.

—Cuando una persona inocente escucha que revisarán las cámaras, permanece tranquila.

Hizo una breve pausa.

—Solo quien tiene algo que ocultar intenta escapar.

Los empleados empezaron a mirarse entre sí.

Muchos recordaban escenas similares.

Humillaciones.

Amenazas.

Despidos injustificados.

Todo bajo las órdenes del mismo director.

Cinco minutos después, un técnico llegó corriendo con una tableta en las manos.

—Presidente… ya encontré la grabación.

Todos contuvieron la respiración.

El técnico reprodujo el video delante de toda la sala.

La primera imagen mostró a Elena apartando la copa con respeto.

La segunda reveló a Marcos sujetándole el brazo.

La tercera congeló el ambiente por completo.

Se veía claramente cómo el director la obligaba a beber antes de empujarla contra la pared.

Nadie pudo decir una sola palabra.

Pero cuando el video terminó, el técnico levantó lentamente la vista y dijo algo que dejó incluso a Mateo completamente sorprendido.

—Señor… hay otra grabación de hace tres semanas donde este mismo director hace exactamente lo mismo con otra empleada… y esa mujer desapareció de la empresa al día siguiente.

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