Lucía permaneció inmóvil en el balcón.
Desde allí vio cómo el hombre de negro entregaba el sobre amarillo y se alejaba sin decir una palabra.
La anciana esperó a quedarse sola para abrirlo.
Sacó varias fotografías.
En la primera aparecía Lucía abrazando a un hombre desconocido mientras sostenía en brazos a una bebé recién nacida.
En otra, ambos salían del registro civil.
Y en la última, el hombre besaba a la pequeña en la frente.
La anciana apretó los labios.
—Lo sabía… —murmuró.
En ese momento sonó su teléfono.
Era su hijo, Daniel.
—Mamá, ¿ya hablaste con Lucía?
Ella guardó las fotografías.
—Sí. Tenemos que cancelar esa boda.
—¿Qué pasó?
—Voy a demostrártelo cuando llegue a casa.
Mientras tanto, Lucía seguía al teléfono.
—Daniel, necesito que vengas antes de escuchar cualquier cosa.
—¿Estás llorando?
—Sí… pero no por lo que imaginas.
Daniel salió de inmediato de la oficina.
Treinta minutos después llegó a la casa de su madre.
Ella ya había colocado las fotografías sobre la mesa.
—Mírala bien —dijo señalando las imágenes—. Esa niña no es tuya. Lucía te engañó desde el principio.
Daniel tomó la primera fotografía.
La observó durante varios segundos.
Después levantó la vista hacia Lucía.
—¿Quién tomó estas fotos?
La anciana frunció el ceño.
—Eso ya no importa.
—Sí importa.
Lucía respiró profundamente.
Había llegado el momento que llevaba años temiendo.
—El hombre que aparece ahí se llamaba Javier.
Daniel permaneció en silencio.
—Era mi esposo.
La anciana sonrió con amargura.
—Entonces admites que la niña es de otro hombre.
Lucía negó lentamente.
—Javier murió tres semanas después de que nació Sofía.
Un conductor ebrio invadió su carril cuando regresaba del hospital.
La habitación quedó en silencio.
—Después de su muerte —continuó Lucía—, la familia de Javier me culpó del accidente. Me quitaron la casa, me amenazaron con llevarse a mi hija y tuve que mudarme para empezar de nuevo.
Daniel tomó la mano de Lucía.
—¿Por qué nunca me lo contaste?
—Porque tenía miedo.
La anciana golpeó la mesa.
—¡Eso no cambia nada! ¡Sigue siendo hija de otro!
Daniel la miró por primera vez con decepción.
—Nunca te oculté que Lucía era viuda.
La anciana abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Te lo dije cuando empezamos a salir. Tú dijiste que lo importante era que fuera una buena mujer.
Ella permaneció inmóvil.
No recordaba aquella conversación.
O quizá nunca quiso escucharla.

En ese instante llamaron a la puerta.
Era el mismo hombre vestido de negro.
—Disculpen la molestia —dijo—. Vengo por el sobre.
Todos lo miraron confundidos.
—¿Cómo que por el sobre?
El hombre mostró una credencial.
Trabajaba para un despacho de investigación privada.
—Hubo un error en la entrega. Ese expediente no era para usted.
La anciana sintió un escalofrío.
—¿Entonces para quién era?
El investigador sacó otra carpeta.
—Estamos investigando a una persona que ha contratado a varias agencias para destruir la reputación de la señora Lucía antes de su boda.
Daniel dio un paso al frente.
—¿Quién?
El investigador abrió la carpeta.
Dentro había contratos, mensajes y comprobantes de pago.
Todos llevaban el mismo nombre.
Patricia Mendoza.
La exnovia de Daniel.
La mujer que llevaba siete años insistiendo en volver con él.
Y quien había pagado para conseguir aquellas fotografías, sacarlas de contexto y convencer a la madre de Daniel de impedir el matrimonio.
Pero al revisar el resto del expediente, el investigador encontró un documento que hizo desaparecer cualquier duda.
Patricia no solo había preparado esa trampa.
También llevaba meses reuniéndose en secreto con alguien de la familia… que había aceptado ayudarla a romper la boda a cambio de dinero.