PARTE 2: LA VERDAD QUE DETUVO SU VENGANZA EN EL ÚLTIMO SEGUNDO.

La daga se detuvo a apenas unos centímetros del pecho de Elena.

El silencio fue tan profundo que ambos podían escuchar sus propias respiraciones.

Gabriel no apartó la mirada.

—¿Por qué debería escucharte ahora? —preguntó con una frialdad que helaba el aire—. Hace cinco años me dejaste morir.

Elena rompió a llorar.

—No… yo nunca ordené tu muerte.

Gabriel soltó una amarga carcajada.

—¿Todavía piensas seguir mintiendo?

Con la mano izquierda lanzó una carpeta sobre el piso de mármol.

Fotografías.

Transferencias bancarias.

Copias del testamento.

Y un informe pericial que demostraba que el incendio había sido provocado.

—Envenenaste a mi padre durante meses, falsificaste su firma y quemaste la casa para borrar las pruebas. Perdí a mi familia, mi nombre y mi vida por tu culpa.

Elena observó los documentos sin atreverse a tocarlos.

—Todo eso ocurrió… pero no como tú crees.

Gabriel volvió a levantar la daga.

—Habla.

—Yo descubrí el veneno cuando ya era demasiado tarde.

Él permaneció inmóvil.

—Tu padre ya estaba muriendo. Quise denunciarlo, pero alguien me amenazó. Me dijeron que si hablaba, tú serías el siguiente.

Gabriel apretó el puño.

—¿Quién?

Las lágrimas de Elena caían sin control.

—Nunca vi su rostro. Solo recibía órdenes.

En ese instante sonó una voz desde la entrada principal.

—Porque jamás debía existir un testigo.

Ambos giraron al mismo tiempo.

Un hombre de cabello completamente blanco avanzaba acompañado por varios escoltas armados.

Era Octavio Ferrer.

El antiguo abogado y hombre de máxima confianza del patriarca.

Gabriel sintió que el mundo se detenía.

—¿Tú?

Octavio sonrió con absoluta tranquilidad.

—Fui yo quien preparó el veneno… quien falsificó los documentos… y quien ordenó incendiar la mansión.

Gabriel dio un paso hacia él.

—¿Por qué?

El anciano acomodó lentamente sus guantes de cuero.

—Porque durante treinta años administré una fortuna que nunca me perteneció. Si tu padre vivía, yo lo perdía todo.

Elena cerró los ojos.

—Intenté detenerlo… por eso quiso matarnos a los dos.

Octavio comenzó a aplaudir lentamente.

—Qué escena tan conmovedora. El héroe regresa para vengarse… y descubre que estuvo persiguiendo a la persona equivocada.

Gabriel sintió cómo la daga resbalaba entre sus dedos.

Cinco años de odio acababan de derrumbarse en cuestión de segundos.

Pero Octavio dio una última sonrisa antes de pronunciar unas palabras que cambiaron todo.

—Aunque ya es demasiado tarde… porque la persona que realmente encendió el fuego aquella noche… sigue viva y está esperando aquí mismo para terminar lo que empezó.

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