PARTE 2 – EL LLANTO DETRÁS DE LA PARED

Todos corrieron hacia el fondo del pasillo.

El poderoso empresario Esteban Rivas llegó primero al viejo estudio de su padre.

El llanto volvía a escucharse.

Era débil.

Pero era el del pequeño Nicolás.

—¡Está aquí! —gritó uno de los guardias.

Intentaron abrir la pared de madera, pero no encontraron ninguna puerta.

La joven criada, Lucía, observó unos segundos el enorme librero.

—Esperen.

Se acercó rápidamente.

Recordaba que, cada vez que limpiaba aquella habitación, una de las figuras de bronce siempre estaba ligeramente girada.

La tomó entre sus manos.

La giró hacia la derecha.

Un mecanismo oculto hizo temblar toda la pared.

Un estrecho pasadizo apareció lentamente.

Dentro, Nicolás lloraba abrazando un viejo oso de peluche.

Estaba asustado, pero ileso.

Esteban corrió y cargó a su hijo entre los brazos.

—Tranquilo… papá ya está aquí.

El niño no dejaba de temblar.

—Yo no quería esconderme…

Todos guardaron silencio.

—¿Quién te metió aquí? —preguntó Esteban.

Nicolás levantó lentamente la cabeza.

Su dedo señaló directamente a una persona que nadie esperaba.

No era Lucía.

Ni la anciana ama de llaves.

Era Verónica.

La prometida de Esteban.

El rostro de la mujer perdió todo el color.

—Está confundido.

Pero Nicolás comenzó a llorar con más fuerza.

—Ella me dijo que era un juego… que no podía salir hasta que todos buscaran mucho.

La sala quedó completamente inmóvil.

Verónica dio un paso atrás.

—Es un niño. Está inventando cosas.

Lucía respiró por primera vez desde que comenzaron las acusaciones.

El primo de Esteban habló con firmeza.

—Yo dije que ella era inocente.

Pero Esteban seguía mirando a Verónica.

—¿Por qué harías algo así?

—¡No lo hice!

En ese momento, uno de los guardias apareció sosteniendo una pequeña cámara de vigilancia.

—Señor…

Acabamos de recuperar el disco duro del sistema interno.

Las cámaras del pasillo no dejaron de grabar.

Minutos después, toda la familia observaba la pantalla del salón.

Las imágenes eran claras.

Verónica tomaba de la mano a Nicolás.

Miraba hacia ambos lados.

Después abría el pasadizo secreto y dejaba al niño encerrado.

Finalmente salía sola y fingía buscarlo junto con los demás.

Doña Mercedes, la anciana ama de llaves, cayó de rodillas.

—Yo acusé injustamente a Lucía…

La joven bajó la mirada sin decir una palabra.

Pero el video todavía no había terminado.

Después de encerrar al niño, Verónica llamó por teléfono.

Una voz masculina respondió de inmediato.

—¿Ya desapareció el heredero?

Ella sonrió.

—Sí. Ahora solo falta culpar a la criada y convencer a Esteban de despedirla.

Cuando todos estén distraídos, entraremos al despacho para sacar el testamento.

Esteban sintió que la sangre se congelaba.

Así que el secuestro de su hijo nunca había sido el verdadero objetivo.

Solo era una distracción.

Porque alguien llevaba meses intentando robar el documento que decidiría quién heredaría toda la fortuna de la familia Rivas.

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