PARTE 2: EL ANTÍDOTO CAYÓ AL SUELO… Y MATEO CONFESÓ EL CRIMEN FRENTE A TODOS.

Mateo apuntó el arma directamente a la frente de Alejandro.

El salón entero quedó paralizado.

Nadie se atrevía a respirar.

Sofía apenas podía mantenerse consciente entre los brazos de su antiguo prometido. Su piel estaba cada vez más fría y sus dedos comenzaban a perder sensibilidad.

Alejandro levantó lentamente el pequeño frasco.

—Si disparas, ella muere en menos de un minuto.

Mateo sonrió con una calma escalofriante.

—Ese era exactamente el plan.

Un murmullo de horror recorrió a los invitados.

Sofía abrió los ojos con esfuerzo.

—¿Por… qué…?

Mateo la observó sin una sola muestra de compasión.

—Porque cuando murieras, todas tus acciones de la empresa pasarían automáticamente a tu esposo.

Una lágrima resbaló por la mejilla de Sofía.

Todo había sido preparado.

La propuesta de matrimonio.

La boda.

Incluso aquella copa con hielo.

Alejandro aprovechó el instante de distracción y lanzó el frasco hacia una de las damas que observaba aterrorizada.

—¡Atrápalo!

La mujer reaccionó por instinto y lo sostuvo antes de que se rompiera.

Mateo disparó.

El estruendo hizo estallar varios cristales del salón.

La bala pasó a centímetros del hombro de Alejandro.

Los invitados comenzaron a correr en todas direcciones.

En medio del caos, Alejandro derribó a Mateo y ambos cayeron sobre la mesa principal.

La pistola salió despedida.

Mientras forcejeaban, el teléfono de Mateo cayó de su bolsillo y quedó con la pantalla encendida.

Sofía alcanzó a verlo.

Había una conversación abierta.

El último mensaje decía:

“Después del veneno, destruye el laboratorio. Nadie debe encontrar las pruebas.”

Debajo aparecía la respuesta de Mateo:

“Esta noche todo terminará.”

Sofía sintió que el corazón se le rompía.

No solo había intentado asesinarla.

Todo había sido organizado con anticipación.

La mujer que sostenía el antídoto corrió hacia Alejandro.

Él abrió el frasco y obligó a Sofía a beber su contenido.

Durante unos segundos no ocurrió nada.

Entonces el color azulado comenzó a desaparecer lentamente de sus labios.

Todos respiraron aliviados.

Pero Alejandro no.

Miraba fijamente la etiqueta que acababa de desprenderse del frasco.

Su rostro perdió completamente el color.

Sofía alcanzó a incorporarse.

—¿Qué pasa?

Alejandro levantó la etiqueta con manos temblorosas.

Debajo aparecía una inscripción microscópica que antes permanecía oculta.

“Antídoto temporal. Duración máxima: 24 horas.”

En ese instante, el teléfono de Mateo volvió a vibrar.

En la pantalla apareció un nuevo mensaje.

“El verdadero antídoto nunca salió del laboratorio. Si ella sobrevive más de un día… será un milagro.”

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