PARTE 2 – EL NOMBRE QUE DETUVO A TODOS

Los comentarios comenzaron a aparecer uno tras otro.

Miles.

Decenas de miles.

La transmisión se compartía a una velocidad imposible de seguir.

Mateo no apartó la cámara del rostro del agresor.

—Si alguien reconoce a este hombre, llame a la policía.

El desconocido soltó una carcajada.

—¿Crees que me preocupa un teléfono?

De un manotazo intentó arrebatarle el celular.

Mateo retrocedió sin dejar de grabar.

Su madre seguía atrapada.

Cada segundo contaba.

Entre la multitud, un joven levantó su propio teléfono.

Luego otro.

Y otro más.

En menos de un minuto, decenas de personas comenzaron a grabar desde distintos ángulos.

El hombre dejó de sonreír.

Por primera vez comprendió que ya no podía controlar lo que ocurría.

Una notificación apareció en la pantalla de Mateo.

500.000 personas viendo en directo.

Los comentarios se movían tan rápido que apenas podían leerse.

De pronto, uno quedó fijado en la parte superior.

“¡Ese hombre es Víctor Salas!”

Mateo frunció el ceño.

Segundos después aparecieron cientos de mensajes iguales.

“Trabajaba para la empresa de seguridad Kronos.”

“Lo expulsaron hace años.”

“Cuidado con él.”

El agresor palideció.

Intentó cubrirse el rostro con la mano.

Ya era demasiado tarde.

Su imagen había quedado registrada por miles de teléfonos.

—Apaga esa transmisión —gruñó.

Mateo sostuvo el celular con más fuerza.

—Primero suelta a mi madre.

El hombre acercó lentamente el objeto metálico que llevaba en la mano.

La multitud retrocedió.

Nadie quería quedar en medio.

Entonces se escuchó una voz entre la gente.

—¡Policía!

Dos agentes comenzaron a abrirse paso.

Víctor reaccionó de inmediato.

Sujetó con más fuerza a la madre de Mateo y la utilizó para cubrirse.

—¡No se acerquen!

Los policías se detuvieron.

Mateo sintió que el corazón iba a salírsele del pecho.

No podía arriesgarse.

Pero tampoco podía quedarse inmóvil.

Miró de reojo la pantalla.

La transmisión seguía activa.

Más de un millón de personas observaban la escena.

Entre los comentarios apareció un mensaje destacado.

“Mateo, no negocies con él. Está buscando a otra persona.”

Mateo leyó el nombre del usuario.

Era desconocido.

Pero el siguiente mensaje hizo que se le helara la sangre.

“Tu madre no es su objetivo.”

Mateo levantó la vista.

—¿Qué acabas de decir?

El agresor también había leído el comentario.

Su expresión cambió por completo.

Durante unos segundos guardó silencio.

Después sonrió.

Una sonrisa mucho más inquietante que la anterior.

—Al fin alguien lo entendió.

Mateo sintió un nudo en la garganta.

—¿Qué quieres?

Víctor soltó lentamente el brazo de la mujer.

Todos quedaron inmóviles.

—Nunca vine por ella.

La madre de Mateo cayó de rodillas, llorando.

Los policías aprovecharon para ponerla a salvo.

Pero Víctor ni siquiera intentó impedirlo.

Toda su atención seguía puesta en Mateo.

—Llevo quince años buscándote.

El joven sintió que el mundo dejaba de tener sentido.

—No te conozco.

—Claro que no.

Víctor sacó una fotografía vieja del bolsillo interior de su chaqueta.

La lanzó al suelo.

Mateo la recogió.

Era una imagen tomada muchos años atrás.

Aparecía él siendo un bebé.

Su madre era mucho más joven.

Y junto a ellos había un hombre al que jamás había visto.

En la parte inferior estaba escrita una fecha.

Y una frase.

“La familia completa.”

Mateo levantó lentamente la cabeza.

—¿Quién es ese hombre?

Víctor respiró hondo.

—El hombre que te hizo creer toda la vida que había muerto…

Guardó unos segundos de silencio.

Después señaló directamente a la madre de Mateo.

—…y que ella lleva quince años escondiendo.

La mujer rompió a llorar.

—Perdóname, hijo…

Pero antes de que pudiera decir una palabra más, el teléfono de Mateo sonó.

Era una videollamada de un número desconocido.

Al responder, la imagen mostró el rostro de un hombre de unos cincuenta años.

Tenía exactamente los mismos ojos que Mateo.

Y las primeras palabras que pronunció dejaron a todos sin aliento.

—Hijo… ya no queda tiempo para seguir ocultando la verdad.

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