Parte 2: LA VERDAD DENTRO DEL ARCHIVO

El despacho quedó en silencio.

Las palabras “llamemos a la policía” parecían haber congelado el aire.

Por primera vez desde que comenzó toda aquella farsa, el color abandonó el rostro de Ethan.

Nadia dio un paso atrás.

Su mano tembló apenas un instante antes de sujetarse otra vez el pecho.

—Ethan… —susurró con voz quebrada—. Me siento mal…

Él giró inmediatamente hacia ella.

—Respira despacio.

—No pasa nada.

—No permitas que te afecte.

Después volvió a mirarme.

—Olivia, ¿de verdad quieres llevar esto tan lejos?

Sonreí.

—No soy yo quien tiene miedo.

El director de Integridad Académica levantó una mano para detener la discusión.

—Si realmente existe un delito relacionado con la manipulación de archivos o una denuncia falsa, la universidad está obligada a colaborar con las autoridades.

El orientador frunció el ceño.

—No hace falta llegar a esos extremos.

—Podemos resolverlo internamente.

—Claro que podemos —respondí con calma—.

—Siempre que todos estén dispuestos a aceptar el resultado.

La puerta volvió a abrirse.

Entró un técnico del departamento de informática.

Llevaba un ordenador portátil bajo el brazo.

—Director.

—Recibimos la solicitud para recuperar los registros del servidor.

Sentí cómo Ethan contenía la respiración.

El director asintió.

—Necesitamos saber exactamente qué ocurrió con el archivo eliminado.

El técnico conectó el portátil al proyector.

En la pantalla apareció el historial del sistema.

Hora de acceso.

Usuario.

Dirección IP.

Operaciones realizadas.

Todo estaba registrado.

—La cuenta utilizada pertenecía al estudiante Ethan Jiang.

El orientador miró a Ethan.

—Eso ya lo sabíamos.

—Olivia explicó que estaba revisando su trabajo.

El técnico continuó.

—A las dieciséis horas con doce minutos alguien abrió la carpeta llamada “Versión Final”.

Nadia bajó lentamente la cabeza.

—Cinco segundos después…

Hizo clic.

Apareció una línea roja.

ARCHIVO ELIMINADO.

Después otra.

PAPELERA VACIADA.

El despacho permaneció completamente inmóvil.

Nadia comenzó a llorar.

—Fue un accidente…

—Yo no sabía…

Pero el técnico todavía no había terminado.

—Hay algo más.

Abrió otra ventana.

—El documento eliminado tenía el código interno…

Leyó lentamente cada número.

Después levantó la vista.

—Este código pertenece a la tesis registrada oficialmente por el estudiante Ethan Jiang.

El silencio fue absoluto.

El rostro de Ethan perdió toda expresión.

Durante varios segundos nadie dijo una sola palabra.

El orientador fue el primero en reaccionar.

—Eso… eso debe ser un error.

El técnico negó con la cabeza.

—Es imposible.

—Cada tesis recibe un identificador único desde el momento en que es registrada en el sistema.

—No pueden existir dos iguales.

Miré a Ethan.

—Parece que Nadia no borró mi tesis.

Él abrió la boca.

Pero no salió ningún sonido.

El director giró lentamente hacia él.

—¿Su trabajo final… desapareció?

El técnico respondió antes que Ethan.

—Sí.

—Y el plazo de entrega termina dentro de menos de tres horas.

Las manos de Ethan comenzaron a temblar.

Recordé cada palabra que había pronunciado el día anterior.

“Perder un año no es importante.”

“Podrías verlo como una bendición.”

“Incluso sacrificaría mi propio futuro.”

Lo observé sin apartar la mirada.

—Supongo que ahora tendrás la oportunidad de demostrarlo.

Nadia levantó la cabeza de golpe.

—¡No!

—¡Tiene que haber una forma de recuperarlo!

Corrió hacia el portátil.

El técnico la detuvo inmediatamente.

—No toque el equipo.

Ella rompió a llorar.

—Yo no quería borrar el suyo…

—Pensé que era el de Olivia…

El director entrecerró los ojos.

—Entonces reconoce que eliminó el archivo deliberadamente.

Todo el despacho volvió a quedarse en silencio.

Nadia comprendió demasiado tarde lo que acababa de admitir.

Su respiración empezó a acelerarse.

—No…

—Yo…

—No quise decir…

Ethan la sujetó del brazo.

—Está nerviosa.

—No sabe lo que dice.

El director lo interrumpió.

—Acaba de reconocer que eliminó un archivo creyendo que pertenecía a otra estudiante.

—Eso deja de ser un accidente.

El orientador comenzó a sudar.

—Director…

—Podemos hablar esto después…

Pero el hombre ya no parecía dispuesto a proteger a nadie.

—Quiero el informe completo.

—También quiero una copia del historial de acceso y de la transmisión en vivo de anoche.

Sentí cómo Ethan me miraba.

Era una mirada completamente distinta.

Ya no había superioridad.

Solo preocupación.

Por primera vez comprendía que todo aquello podía destruir su expediente.

Y también su futuro.

Sacó el teléfono apresuradamente.

—Espera.

—Mi tesis está respaldada.

—Tengo una copia.

El técnico negó lentamente.

—Si hubiera existido una copia sincronizada con el servidor, aparecería aquí.

—No existe ningún respaldo posterior a las correcciones realizadas hace dos días.

Recordé perfectamente aquella noche.

Había corregido durante casi seis horas cada observación del tutor.

Después cerré el ordenador convencida de que Ethan entregaría el documento al día siguiente.

Nunca imaginé que dejaría la versión definitiva únicamente en aquella carpeta.

Él también lo recordó.

Pude verlo en sus ojos.

De repente comprendió que todo el trabajo de meses había desaparecido.

Y que la responsable era precisamente la persona a la que acababa de defender.

Nadia comenzó a acercarse a él.

—Ethan…

—Yo…

Él retrocedió un paso.

Solo uno.

Pero fue suficiente para que ella dejara de llorar durante un instante.

Era la primera vez que Ethan se apartaba de su lado.

La expresión de Nadia cambió.

El miedo reemplazó al llanto.

Porque entendió que estaba perdiendo al único hombre dispuesto a justificar cualquier cosa que hiciera.

Entonces la puerta volvió a abrirse.

Entraron dos agentes de policía acompañados por una mujer con traje oscuro y una acreditación oficial.

La mujer sostuvo una carpeta gruesa.

Miró directamente al director.

—Buenos días.

—Venimos por la denuncia relacionada con fraude académico…

Después giró lentamente la cabeza hacia mí.

Y pronunció una frase que hizo que el rostro de Ethan se volviera completamente blanco.

—Además, traemos los documentos solicitados por el Instituto Internacional de Investigación para acreditar oficialmente la verdadera identidad académica de la señorita Olivia Lin.

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