PARTE 2: La Firma Falsa.

El grito de Ofelia hizo que Iván saliera corriendo del dormitorio.

Dentro del pequeño cuarto de servicio no había ningún monstruo.

Solo un pastor alemán enorme, perfectamente entrenado, que permanecía sentado sin moverse.

El perro ni siquiera ladró.

Se limitó a observar a Ofelia mientras ella retrocedía hasta chocar contra la pared.

—¡Saca esa cosa de aquí! —gritó.

Mariana acarició la cabeza del animal.

—Se llama Bruno.

—Lo adopté porque últimamente entran demasiadas personas a esta casa sin permiso.

Ofelia entendió la indirecta.

Su rostro se endureció.

—¿Me estás llamando ladrona?

—No.

—Solo estoy recordándole que este departamento tiene dueña.

Iván dio un paso entre las dos.

—Ya basta.

—Voy al baño.

Como siempre.

Desapareció por el pasillo y cerró la puerta con seguro.

Mariana sonrió con amargura.

—Qué oportuno.

Ofelia golpeó la mesa.

—No te hagas la valiente.

—Dale a mi hijo la mitad del departamento o él te dejará.

Mariana tomó tranquilamente su teléfono y presionó el botón de grabar.

—Repítalo.

Ofelia, demasiado furiosa para darse cuenta, continuó.

—Todo lo que tienes terminará siendo de mi hijo.

—Aunque tengamos que obligarte.

Mariana dejó que hablara durante varios minutos más.

Cada amenaza quedó registrada con claridad.

Entonces abrió otra aplicación.

Buscó un chat archivado.

Lo colocó sobre la barra de la cocina y giró la pantalla hacia Ofelia.

La mujer perdió el color.

Allí aparecían decenas de mensajes entre ella e Iván.

“Cuando firme, cambiamos la fecha del documento.”

“El notario amigo no hará preguntas.”

“Si ella duda, diremos que es un trámite del banco.”

“Con la firma falsa podremos registrar la mitad.”

Ofelia comenzó a temblar.

—¿Cómo… cómo conseguiste eso?

La puerta del baño se abrió lentamente.

Iván salió con el rostro completamente blanco.

Miró la pantalla.

Luego a su madre.

Y finalmente a Mariana.

—Eso… eso es privado.

Mariana sostuvo su mirada.

—También es evidencia.

Sacó un segundo sobre de un cajón.

—Y esto es la opinión por escrito del perito que confirmó que intentaron copiar mi firma hace tres semanas.

El silencio fue absoluto.

Iván sintió que las piernas le fallaban.

—Mariana… podemos hablar.

Ella negó con la cabeza.

—Ya hablé con un abogado.

—Y con la policía.

En ese preciso instante sonó el timbre.

Dos agentes y un funcionario de la fiscalía esperaban al otro lado de la puerta con una carpeta en las manos.

Mariana respiró profundamente.

—Ahora sí…

—Pasen, por favor. Creo que ellos también quieren escuchar la historia de la firma falsa.

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