El sábado por la mañana, Anna llegó al pueblo con la mochila al hombro.
Su padre ya la esperaba junto a la estación.
En cuanto la vio, le sonrió como cuando era niña.
—Has adelgazado otra vez.
—Tú también deberías dejar de cargar sacos con esa pierna.
Su padre soltó una risa.
—Primero entremos. Tus costillas ya casi están listas.
Al abrir la puerta de la casa antigua, el olor de la comida llenó el patio.
Ethan estaba junto al asador.
Nina colocaba platos sobre la mesa.
Nadie habló de dinero.
Nadie mencionó la indemnización.
Solo preguntaron cómo estaba y si seguía trabajando demasiado.
Anna sintió una extraña incomodidad.
Llevaba tres meses preparándose para defenderse de una familia que, en realidad, solo quería compartir una comida.
Después de comer, su padre sacó una carpeta.
—Aquí están los documentos de la expropiación.
Los cuatro revisaron las cifras.
Trescientos sesenta mil yuanes.
Ochenta mil para cada hijo.
El resto para reparar el tejado y adaptar una habitación para cuando él fuera mayor.
Anna empujó lentamente el sobre rojo hacia su padre.
—Esto es para que revises esa pierna.
Él negó con la cabeza.
—Guárdalo.
Ya bastante haces viniendo.
—Papá…
—Escúchame.
Si algún día necesitas dinero, esta casa sigue siendo tuya.
Los ojos de Anna comenzaron a humedecerse.
En ese momento sonó su teléfono.
Era Rachel.
Contestó.
La voz llegó nerviosa.
—Anna… tienes que volver cuanto antes.
El cliente hizo preguntas que no supe responder.
Mark está muy enfadado.
Anna permaneció en silencio.
—¿Y mi presentación?
Rachel tragó saliva.
—Descubrieron que los archivos originales estaban firmados por ti.
El historial del sistema conserva todos los cambios.
El cliente pidió hablar únicamente con la autora.

Antes de que Anna respondiera, otra llamada entró en la pantalla.
Era Mark.
—Anna, necesito que te conectes inmediatamente.
Hubo un malentendido con Riverside Plaza.
—No es un malentendido.
Es mi trabajo.
Y el lunes hablaremos de eso.
Colgó.
Su padre la observó con calma.
—¿Problemas en la empresa?
Anna sonrió por primera vez en mucho tiempo.
—Creo que sí.
Respiró hondo.
Después abrió la mochila y sacó un pequeño estuche metálico.
Dentro estaban las tres llaves de sus apartamentos.
Las colocó sobre la mesa.
—Hay algo que llevo meses ocultándoles.
No porque no confiara en ustedes.
Sino porque pensé que, si algún día tenían noticias de que había ganado dinero, dejarían de verme como una hija.
Los tres hermanos intercambiaron una mirada.
Ethan fue el primero en romper el silencio.
Empujó las llaves otra vez hacia ella.
—Son tuyas.
Nos alegra que estés bien.
Eso vale mucho más que cualquier indemnización.
Anna sintió un nudo en la garganta.
Comprendió que había pasado demasiado tiempo esperando una traición que nunca llegó.
Pero en ese mismo instante recibió un mensaje urgente del departamento jurídico de su empresa.
La investigación interna acababa de descubrir que Rachel no solo había robado su proyecto.
También llevaba meses utilizando el nombre de Anna para ocultar una operación financiera que podía terminar con varios directivos ante la justicia.