PARTE 2: LA GRABACIÓN OCULTA.

Fernando ayudó a Beatriz a subir a la camioneta.

Antes de arrancar, regresó junto al poste para recoger la medalla de plata.

Al levantarla, algo cayó sobre la arena.

Era un pequeño dispositivo negro del tamaño de una moneda.

Lo limpió con la manga.

Tenía una ranura para tarjeta de memoria.

—¿Esto estaba pegado a la medalla? —preguntó.

Beatriz negó lentamente.

—Nunca lo había visto.

Fernando guardó ambas cosas en el tablero y condujo directamente al hospital.

Mientras los médicos atendían a Beatriz por deshidratación y las lesiones en sus muñecas, él llevó la tarjeta de memoria al taller de un amigo.

Conectaron el dispositivo a una computadora.

Aparecieron decenas de archivos de audio.

Las primeras grabaciones eran antiguas.

La voz de Raúl llenó el pequeño despacho.

—Si alguien escucha esto, significa que ya no estoy.

Fernando y el técnico se miraron sorprendidos.

Raúl continuó hablando.

—Beatriz nunca aceptó que hipotecara el terreno para construir la casa.

Por eso oculté una parte de la verdad.

Las siguientes palabras dejaron a Fernando sin aliento.

—La mitad del dinero no fue mía.

La aportó mi hermano Esteban con una condición.

Que, si algún día nuestros hijos intentaban vender la casa contra la voluntad de Beatriz, este mensaje llegara a las autoridades.

Fernando siguió reproduciendo los archivos.

En otra grabación, realizada apenas tres semanas antes de morir, Raúl hablaba con Rodrigo.

—Prométeme que jamás obligarás a tu madre a vender.

Rodrigo respondió con una tranquilidad escalofriante.

—Claro, papá.

No te preocupes.

Pero, cuando Raúl salió de la habitación, otra voz quedó registrada por accidente.

Era Patricia.

—Cuando fallezca, convencemos a mamá.

Y si no acepta…

La frase quedó interrumpida por el cierre de una puerta.

Fernando sintió un nudo en el estómago.

Llevó inmediatamente la tarjeta al hospital.

La policía ya estaba tomando declaración a Beatriz.

El inspector escuchó las grabaciones en silencio.

Cuando terminaron, pidió refuerzos de inmediato.

—Esto ya no es solo un intento de homicidio.

También hay indicios de falsificación, fraude y conspiración.

En ese momento entró una enfermera con una carpeta.

—Señora Beatriz, alguien intentó darla de alta utilizando una carta poder firmada esta mañana.

El inspector revisó la firma.

Era exactamente la misma huella que Patricia había obligado a poner sobre los documentos junto al poste.

Pero lo que más llamó su atención fue el nombre del abogado que aparecía como representante.

No pertenecía a Rodrigo.

Ni a Patricia.

Era el mismo notario que había certificado decenas de ventas de adultos mayores desaparecidos en todo Sonora.

Y aquella coincidencia demostraba que Beatriz nunca había sido la primera víctima de ese plan.

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