PARTE 2 – LA CÁMARA QUE LO HABÍA GRABADO TODO

El pasillo entero quedó paralizado.

Marcos permanecía inmóvil sobre el suelo.

Lucía dejó caer las llaves y corrió hacia él por instinto.

Se arrodilló a su lado.

—¡Marcos!

No respondió.

Su respiración era débil.

Un vecino sacó inmediatamente el teléfono.

—¡Llamen a una ambulancia!

Otra mujer señaló a Lucía.

—¡No lo toques!

—Todos escuchamos que lo estabas amenazando.

Lucía sintió que el pánico le cerraba la garganta.

—Yo no le hice nada.

—Él se desmayó.

Nadie parecía dispuesto a creerle.

En ese momento apareció un hombre desde el fondo de la escalera.

Vestía uniforme de mantenimiento.

Caminaba deprisa.

—Háganse a un lado.

Se inclinó junto a Marcos.

Le tomó el pulso.

Después levantó la vista.

—Sigue vivo.

Todos respiraron con alivio.

El hombre comenzó maniobras básicas de primeros auxilios mientras esperaba la ambulancia.

Cinco minutos después, los paramédicos llegaron.

Subieron rápidamente al joven a una camilla.

Antes de cerrar las puertas, uno de ellos habló.

—No presenta lesiones por golpes.

—Parece una pérdida súbita de conciencia.

Lucía sintió un pequeño alivio.

Pero duró muy poco.


Dos policías llegaron pocos minutos después.

Comenzaron a tomar declaraciones.

Todos los vecinos repetían lo mismo.

—Escuchamos a la muchacha gritarle.

—Después él cayó.

Uno de los agentes miró a Lucía.

—¿Lo conocía?

Ella asintió.

—Lleva meses acosándome.

Sacó su teléfono.

—Tengo denuncias.

—Capturas de pantalla.

—Mensajes.

El policía revisó las imágenes.

Había cientos.

Perfiles falsos.

Amenazas.

Fotografías de su edificio.

Mensajes enviados a cualquier hora.

—¿Denunció esto antes?

—Sí.

—Tres veces.

El agente anotó todo.

En ese momento el hombre de mantenimiento volvió a acercarse.

—Oficial.

—Hay algo que deberían ver.

Señaló el techo del pasillo.

Una pequeña cámara de seguridad permanecía encendida.

—El edificio instaló cámaras nuevas hace dos semanas.

Lucía levantó inmediatamente la vista.

Había olvidado por completo su existencia.


Una hora más tarde, todos observaban la grabación dentro de la oficina del administrador.

El video mostraba exactamente lo ocurrido.

Marcos aparecía caminando hacia el apartamento de Lucía.

Ella abría la puerta.

Discutían durante unos segundos.

Él intentaba sujetarla del brazo.

Lucía se apartaba.

Después levantaba un dedo y decía algo.

Marcos sonreía.

Pero apenas dio dos pasos…

Su rostro cambió completamente.

Comenzó a tambalearse.

Y cayó sin que Lucía llegara siquiera a tocarlo.

El policía detuvo el video.

Miró a todos los vecinos.

—La señora dice la verdad.

Nadie respondió.

Varias personas bajaron avergonzadas la cabeza.


Cuando parecía que todo había terminado, el administrador señaló otra parte del video.

—Esperen.

Retrocedió treinta segundos.

En la esquina de la imagen apareció una figura.

Un hombre con gorra y cubrebocas.

Permanecía escondido junto a la escalera.

Observando.

No se acercó a ayudar.

No reaccionó cuando Marcos cayó.

Solo permaneció inmóvil.

Después…

Se marchó tranquilamente.

El policía frunció el ceño.

—¿Quién es ese?

Nadie supo responder.


Esa misma noche, el médico del hospital llamó a la comisaría.

El agente escuchó atentamente.

Su expresión cambió por completo.

—¿Está completamente seguro?

Colgó.

Buscó inmediatamente a Lucía.

—Necesitamos que venga con nosotros.

Ella sintió un escalofrío.

—¿Qué pasó?

—Marcos despertó.

Respiró aliviada.

—¿Está bien?

El policía negó lentamente.

—Sí.

—Pero los análisis encontraron una cantidad muy alta de un medicamento anticoagulante en su sangre.

Lucía frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Que probablemente no se desmayó por causas naturales.

El silencio se hizo pesado.

El agente continuó.

—Y hay algo más.

Sacó una pequeña bolsa transparente.

Dentro había un frasco de pastillas.

—Lo encontramos en el bolsillo interior de su chaqueta.

Lucía observó la etiqueta.

No pertenecía a Marcos.

Llevaba escrito otro nombre.

Lucía Herrera.

Sintió que el mundo se detenía.

—Ese medicamento nunca ha sido mío.

El policía la miró fijamente.

—Lo sabemos.

—Porque la farmacia confirmó que la receta fue falsificada.

Lucía apenas podía respirar.

—Entonces…

—Alguien colocó ese frasco en su bolsillo.

El agente asintió lentamente.

—Y creemos que también esperaba encontrarlo dentro de su apartamento.

Miró nuevamente la grabación de la cámara.

Señaló al hombre oculto junto a la escalera.

—Porque ese hombre…

Hizo una breve pausa.

No estaba vigilando a Marcos.

La estaba vigilando a usted.

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