Lucas dejó caer los informes sobre el tablero.
Sus manos comenzaron a temblar de forma incontrolable.
—No…
Sacudió la cabeza una y otra vez.
—No puede ser verdad.
Lo observé en silencio.
Era la misma expresión que yo había tenido años atrás, cuando abrí aquel USB rosa enviado por Chloe y descubrí que mi primer matrimonio había sido una mentira.
La diferencia era que entonces yo era la víctima.
Ahora él comenzaba a comprender que las consecuencias de sus propios actos no podían deshacerse.
—¿Cuándo… cuándo recibió el diagnóstico? —preguntó con la voz quebrada.
—Hace tres días.
—¿Y ella ya lo sabía?
Asentí lentamente.
—Las pruebas confirmatorias llegaron esta mañana.
Lucas respiraba cada vez más rápido.
Tomó su teléfono.
Marcó el número de Chloe.
Buzón de voz.
Volvió a llamar.
Nada.
Una tercera vez.
Seguía sin responder.
—¡Contesta!
Golpeó el volante con el puño.
Esperó unos segundos.
Después me miró.
—Necesito verla.
—Entonces conduce.
Él arrancó el automóvil sin decir una palabra.
Durante todo el trayecto no volvió a poner música.
Solo se escuchaba su respiración entrecortada.
Quince minutos después nos detuvimos frente al edificio de Chloe.
Subimos hasta el séptimo piso.
Lucas golpeó desesperadamente la puerta.
—¡Chloe!
Nadie respondió.
Volvió a insistir.
Una vecina abrió la puerta del apartamento contiguo.
—¿Buscan a la señorita Bennett?
Asentí.
—Se la llevaron esta tarde.
Lucas sintió que las piernas comenzaban a fallarle.
—¿Adónde?
—Una ambulancia vino por ella.
—Parecía muy enferma.
Miré a Lucas.
Su rostro estaba completamente blanco.
Regresamos inmediatamente al hospital.
No dijo una sola palabra durante el camino.
Al llegar, se dirigió directamente al laboratorio de enfermedades infecciosas.
Yo lo seguí.
La enfermera de recepción lo observó.
—¿En qué puedo ayudarlo?
Lucas tragó saliva.
—Necesito hacerme pruebas.
Ella asintió con profesionalismo.
—¿Exposición reciente?
Él cerró los ojos.
—Sí.
Le entregaron varios formularios.
Mientras los llenaba, sus manos temblaban tanto que tuvo que repetir su firma tres veces.
La enfermera levantó la vista.
—¿Cuándo fue el último contacto de riesgo?
Lucas respondió con dificultad.
—Hace… un mes.
Ella hizo algunos cálculos.
—Necesitaremos varias pruebas hoy.
—Y repetirlas durante los próximos meses.
Lucas levantó lentamente la cabeza.
—¿Eso significa que todavía no sabré si…
La enfermera respondió con absoluta calma.
—Algunas infecciones pueden tardar semanas en detectarse.
Aquellas palabras parecieron destruir el poco control que aún conservaba.
Por primera vez desde que lo conocía, vi auténtico miedo en sus ojos.
No miedo a perder dinero.
No miedo al divorcio.
Miedo a las consecuencias de una decisión que él mismo había tomado.
Después de que le extrajeran sangre, salimos al pasillo.
Se dejó caer sobre una silla.
Tenía la mirada perdida.
—Lo arruiné todo.
No respondí.
Él continuó hablando como si ya no pudiera detenerse.
—Nunca pensé que pasaría algo así.
—Solo quería…
Se quedó callado.

Esperé.
—Solo quería sentir que todavía podía hacerte daño.
Aquella confesión pesó más que cualquier infidelidad.
No había sido un error.
No había sido una aventura impulsiva.
Había sido una decisión calculada para destruirme emocionalmente.
Lo observé durante varios segundos.
Después saqué lentamente mi alianza de matrimonio.
La coloqué sobre el asiento entre los dos.
Lucas levantó la vista.
—¿Qué haces?
—Terminando esto.
Su respiración volvió a acelerarse.
—No.
—Por favor.
—Podemos arreglarlo.
Negué con tranquilidad.
—Cuando me casé contigo, pensé que eras el hombre que me ayudaría a olvidar mi peor recuerdo.
Respiré profundamente.
—Hoy descubrí que solo estabas esperando la oportunidad de convertirte en uno peor.
Las lágrimas comenzaron a caer por su rostro.
—Perdóname.
No levanté la voz.
No lloré.
Simplemente respondí con la serenidad que él siempre había confundido con frialdad.
—Ya te perdoné.
Él abrió mucho los ojos.
—¿Qué?
—Perdonarte no significa seguir contigo.
Tomé mi bolso.
Comencé a caminar hacia la salida.
Antes de que pudiera alejarme, escuché pasos rápidos detrás de nosotros.
Era el jefe del laboratorio.
Se dirigía directamente hacia mí.
—Doctora Reed.
Me entregó una carpeta sellada.
—Acaban de llegar los resultados adicionales de la paciente Chloe Bennett.
Lucas se quedó inmóvil.
El médico continuó.
—Necesitamos localizar inmediatamente a todas las personas con las que mantuvo contacto reciente.
Miró la lista.
Después levantó la vista hacia Lucas.
—Señor Reed… usted no es la única persona que aparece como pareja de riesgo durante el último mes. Hay otros cuatro nombres en este informe.