Cuando Olivia abrió los ojos, el techo blanco del hospital parecía girar lentamente.
Una enfermera sostenía su mano.
—Señorita Morgan… respire despacio.
Ella no preguntó dónde estaba.
Solo pronunció dos palabras.
—Mi hermano.
La enfermera bajó la mirada.
—Lo siento mucho.
Aquella respuesta fue suficiente.
Olivia giró lentamente la cabeza hacia la ventana.
No lloró.
Después de perder a sus padres, de sobrevivir en África y de descubrir la traición de Ethan, las lágrimas parecían haberse agotado.
Solo quedó un silencio aterrador.
Horas después, la puerta de la habitación se abrió.
Alexander Reed entró con el uniforme militar impecable.
Al verla despierta, caminó hasta la cama sin decir una sola palabra.
Simplemente la abrazó.
Olivia permaneció inmóvil durante unos segundos.
Después apoyó la frente contra su pecho.
—Llegué demasiado tarde.
Alexander cerró los ojos.
—No.
Llegaste porque luchaste hasta el final.
Quien llegó demasiado tarde fui yo.
Ella levantó lentamente la cabeza.
—Prometiste salvarlo.
Él asintió.
—Y la orden era completamente válida cuando salió de Washington.
Sacó una carpeta gruesa.
—Pero alguien hizo que desapareciera antes de llegar a la prisión.
Olivia sintió un escalofrío.
—¿Qué quieres decir?
Alexander abrió el expediente.
—Alguien llamó directamente al director del penal utilizando credenciales falsas del Departamento de Justicia.
La orden quedó suspendida durante cuarenta y ocho horas.
Exactamente el tiempo suficiente.
Las manos de Olivia comenzaron a temblar.
—¿Quién?
Alexander no respondió enseguida.
Sacó otra hoja.
Era un registro de llamadas.
Solo había un número repetido seis veces.
Parker Medical Group.
Olivia cerró los ojos.
No necesitaba más explicaciones.
Solo una persona tenía acceso suficiente para mover influencias dentro de aquella red.
Ethan Parker.
Alexander habló con una calma que resultaba más inquietante que cualquier grito.
—Todavía no puedo afirmar que él dio la orden.
Pero alguien de su empresa intervino.
Y pienso descubrir quién fue.
En ese mismo instante, a cientos de kilómetros de allí, Ethan levantaba una copa durante la elegante fiesta de cumpleaños de Chloe.
La música sonaba.
Las cámaras fotografiaban cada sonrisa.
Chloe apoyó la cabeza sobre su hombro.
—¿Ya se calmó Olivia?
Ethan soltó una risa despreocupada.
—Siempre termina regresando.
No tiene a nadie más.
Uno de los invitados levantó su teléfono.
—Ethan.
Creo que deberías ver esto.
Era una noticia de última hora.
“Daniel Morgan fallece dentro de prisión mientras esperaba revisión extraordinaria de su caso.”
Ethan dejó de sonreír.
Durante unos segundos permaneció inmóvil.
Después intentó convencerse de que aquello no cambiaría nada.
—Es una coincidencia.
Nadie respondió.
Porque todos conocían la promesa que él había hecho públicamente meses atrás.
“Yo sacaré a Daniel de prisión.”
Ahora Daniel estaba muerto.
Y Ethan jamás había movido un solo dedo para ayudarlo.
Mientras tanto, Alexander caminaba por un pasillo del Pentágono.
Un general de cuatro estrellas lo esperaba frente a una sala de reuniones.
—¿Es ella?
Alexander respondió sin vacilar.
—Sí, señor.
—¿Está segura de lo que quiere hacer?
Él miró por la ventana.
—Todavía no.

Pero sé lo que yo haré.
El general deslizó una carpeta clasificada sobre la mesa.
—Entonces tienes autorización.
Dentro aparecían auditorías federales, investigaciones financieras y contratos relacionados con Parker Medical Group.
Alexander hojeó lentamente los documentos.
Cada página revelaba nuevas irregularidades.
Facturación falsa.
Sobornos.
Ensayos clínicos manipulados.
Y un nombre aparecía firmado una y otra vez.
Ethan Parker.
Alexander cerró la carpeta.
—¿Desde cuándo lo investigan?
—Hace casi un año.
—¿Y por qué nadie actuó?
El general respondió con serenidad.
—Porque necesitábamos una prueba definitiva.
Alexander recordó inmediatamente la llamada que había bloqueado la liberación de Daniel.
Si lograban conectar ambas cosas…
Todo el imperio Parker desaparecería.
Esa misma noche, Olivia salió del hospital.
No volvió a la antigua casa que compartía con Ethan.
Subió directamente al automóvil oficial donde Alexander la esperaba.
Él le entregó un pequeño estuche de terciopelo.
Dentro estaba el anillo de matrimonio que habían intercambiado en África.
—No tienes que enfrentar esto sola.
Olivia tomó aire profundamente.
Después se colocó nuevamente el anillo.
No como un refugio.
Sino como una decisión.
Miró por última vez las luces de la ciudad.
—Llévame donde está mi hermano.
Quiero despedirme.
Después…
Su voz cambió por completo.
Ya no era la mujer rota que había regresado de África.
Era la heredera que todos creían destruida.
—…después iremos por Ethan Parker.
Porque ya no voy a conformarme con que pierda una boda.
Voy a asegurarme de que pierda absolutamente todo.
Pero ninguno de los dos imaginaba que, en ese mismo momento, Ethan acababa de recibir una llamada desesperada de su director financiero.
Una llamada que solo contenía una frase.
—Señor Parker… el gobierno acaba de congelar todas las cuentas del grupo.