PARTE 2: LAS CÁMARAS MOSTRARON LA VERDAD QUE SU MADRE JAMÁS IMAGINÓ

Santiago no apartó la vista de la pantalla.

La grabación avanzaba segundo a segundo.

A las 8:43 de la noche, su madre salió del departamento con dos maletas.

Regina iba detrás.

Óscar cargaba varias bolsas del supermercado.

Pero ninguno llevaba comida.

Todo eran botellas, ropa de playa y regalos.

Cinco minutos después apareció otro hombre.

No usó la puerta principal.

Entró por el balcón con una llave.

Santiago acercó la imagen.

Lo reconoció al instante.

Iván.

El supuesto “amigo” de Regina.

El mismo hombre que, según su madre, solo las había llevado al aeropuerto.

Su corazón comenzó a latir con fuerza.

¿Por qué tenía una llave de su casa?


La grabación continuó.

Iván caminó directamente hacia el despacho.

No saludó a Mariana.

Ni siquiera miró al bebé.

Abrió el cajón donde Santiago guardaba documentos importantes.

Sacó varias carpetas.

Las fotografió una por una.

Después abrió la caja fuerte.

Introdujo una combinación.

No funcionó.

Golpeó la puerta con frustración.

Y se marchó veinte minutos más tarde.

Santiago descargó inmediatamente toda la grabación.

Después llamó al responsable de seguridad del edificio.

—Necesito el registro completo de entradas de los últimos tres meses.


A la mañana siguiente, mientras Mariana permanecía hospitalizada, el administrador llegó con una carpeta.

Santiago revisó las hojas.

Iván había entrado dieciséis veces durante su ausencia.

Siempre entre semana.

Siempre por la mañana.

Siempre mientras Mariana estaba sola con el bebé.

Nunca figuraba como visitante.

Porque utilizaba una llave.


A las diez de la mañana sonó su teléfono.

Era Beatriz.

—¡Santiago!

—¿Sí?

—¿Qué hiciste con nuestras tarjetas?

—Las cancelé.

Su madre perdió inmediatamente la calma.

—¡Estamos en el hotel y ninguna funciona!

—Lo sé.

—¡Haz algo ahora mismo!

Santiago respondió con absoluta tranquilidad.

—Estoy ocupado.

—¿Con qué?

Miró a Mariana dormida junto a Emiliano.

—Alimentando a mi esposa.

La llamada quedó en silencio.


Regina tomó el teléfono.

—¡Solo fue un viaje!

—Con mi dinero.

—¡Somos tu familia!

Santiago sonrió con amargura.

—No.

Miró nuevamente el video.

—Mi familia pasó la noche de Año Nuevo sin comida.

Ustedes la pasaron frente al mar.


Esa misma tarde regresó al departamento.

Abrió la caja fuerte.

Todo seguía allí.

Pero algo llamó su atención.

Los documentos de la escritura estaban desordenados.

Faltaba una carpeta.

Buscó en los archivos digitales.

Era la documentación del fideicomiso donde había protegido todos sus bienes después del nacimiento de Emiliano.

Alguien sabía exactamente qué estaba buscando.


Su abogado llegó una hora después.

Revisó las grabaciones.

Los registros del edificio.

Las transferencias bancarias.

Después levantó lentamente la vista.

—Esto ya no es un problema familiar.

Santiago frunció el ceño.

—¿Qué significa?

El abogado señaló la pantalla.

—Ese hombre no entró para robar dinero.

Entró buscando documentos de propiedad.

Hizo una pausa.

—Y alguien tuvo que decirle exactamente dónde estaban.

Los dos guardaron silencio.

Solo había una persona que conocía todos los rincones de aquella casa.

Beatriz.


Dos días después, Beatriz regresó furiosa desde Cancún.

Entró al departamento usando su llave.

O eso creyó.

La cerradura había sido cambiada.

Golpeó la puerta.

—¡Santiago!

Él abrió unos centímetros.

—¿Qué quieres?

—¡Devuélveme mis tarjetas!

—No.

—¡También cambiaste la cerradura!

Asintió.

—Sí.

Beatriz respiró con fuerza.

—¿Así pagas todo lo que hice por ti?

Santiago sacó una carpeta.

La dejó frente a ella.

—Primero responde una pregunta.

Ella lo miró confundida.

—¿Por qué Iván tenía una llave de mi casa?

El color desapareció del rostro de Beatriz.

Por primera vez…

No encontró ninguna mentira preparada.

Y Santiago comprendió que aquella llave solo era el principio.

Porque detrás de la traición de su madre no había un simple viaje a Cancún.

Había un plan cuidadosamente preparado para quedarse con todo lo que él había construido… incluso si para lograrlo tenían que dejar morir de hambre a Mariana y a su hijo recién nacido.

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