Parte 2: EL DOCUMENTO QUE CAMBIÓ AL HEREDERO

Cuando el hombre vestido con bata blanca cerró la puerta de la habitación, Brandon dio un paso atrás para asegurarse de que nadie pudiera escuchar la conversación.

No era un médico.

Era Jonathan Pierce, abogado personal de Roderick Benedict desde hacía veintitrés años y el único hombre que conocía cada cláusula de su patrimonio.

Jonathan dejó el maletín sobre la mesa.

—Señor Benedict, Brandon me explicó parte de la situación. Necesito escucharla directamente de usted.

Roderick respiró con dificultad.

Luego repitió palabra por palabra la confesión que Demi le había susurrado la noche anterior.

El abogado permaneció inmóvil.

Cuando terminó, abrió lentamente una pequeña grabadora digital.

—¿Está dispuesto a repetir esa declaración para dejar constancia de que se encuentra en pleno uso de sus facultades?

Roderick asintió.

Durante casi veinte minutos explicó las dosis de digoxina, los supuestos suplementos, el nombre de Gareth y la conversación completa.

Cada palabra quedó registrada.

Cuando terminó, Jonathan cerró la grabadora con expresión sombría.

—Si esto es cierto, estamos frente a un intento de homicidio premeditado.

Roderick hizo un gesto negativo.

—No quiero que actúes todavía.

—¿Qué?

—Ella cree que ya ganó.

Quiero que siga creyéndolo.

Jonathan frunció el ceño.

—Eso es extremadamente peligroso.

—Precisamente por eso cometerá errores.

El abogado abrió entonces el paquete notarial.

Había varios documentos.

El primero anulaba completamente el testamento firmado dos años antes.

El segundo constituía un nuevo fideicomiso irrevocable.

El tercero nombraba a Brandon Robbins heredero universal de la fortuna, de la empresa y de todas las propiedades, con la obligación legal de financiar la cirugía de Sierra y crear una fundación dedicada al tratamiento de enfermedades cardíacas infantiles.

Brandon quedó completamente paralizado.

—Señor… yo no puedo aceptar algo así.

Roderick sonrió con enorme esfuerzo.

—No te estoy regalando dinero.

Te estoy entregando una responsabilidad.

Jonathan añadió otra hoja.

—Existe además una cláusula especial.

Brandon levantó la vista.

—Si la investigación demuestra que mi muerte fue causada por un acto criminal cometido por cualquier beneficiario anterior, todos los derechos sucesorios de esa persona quedarán extinguidos automáticamente y el expediente completo será entregado al FBI, a la policía estatal de Maryland y al fiscal correspondiente.

El silencio inundó la habitación.

Roderick tomó el bolígrafo.

Con manos temblorosas firmó cada página mientras una cámara registraba todo el procedimiento.

Jonathan y dos testigos independientes hicieron lo mismo.

Cuando el último documento quedó firmado, el abogado volvió a guardar todo dentro del maletín.

—Ya está hecho.

Ni siquiera un tribunal podrá revertir este fideicomiso sin demostrar incapacidad mental.

Y usted acaba de dejar registrada una declaración completamente coherente.

Roderick cerró los ojos unos segundos.

Por primera vez desde la confesión de Demi sintió un poco de paz.

Pero Jonathan todavía no había terminado.

Sacó un sobre mucho más pequeño.

—También preparé esto.

Era una carta dirigida al director médico del hospital.

En ella solicitaba una revisión toxicológica completa de todas las muestras de sangre conservadas durante los últimos ocho meses.

Roderick negó lentamente.

—Todavía no.

Jonathan lo miró sorprendido.

—¿Quiere esperar?

—Sí.

Si Demi descubre que sospecho, destruirá cualquier evidencia que aún exista.

Quiero que se sienta completamente segura.

El abogado comprendió finalmente el plan.

No iban a perseguir una sospecha.

Iban a permitir que la verdadera culpable creyera haber escapado.

Mientras tanto, cada movimiento suyo quedaría cuidadosamente documentado.

Horas después Jonathan abandonó discretamente el hospital.

Desde la ventana del pasillo observó cómo una mujer rubia entraba al estacionamiento sonriendo mientras revisaba su teléfono.

Era Demi.

No venía sola.

Un hombre alto con traje gris descendió de un deportivo negro y la besó antes de caminar hacia la entrada principal.

Jonathan fotografió la escena desde la distancia.

No necesitó preguntar quién era.

Solo recordó un nombre.

Gareth.

Mientras tanto, en la habitación, Brandon cambiaba el suero de Roderick cuando el empresario habló nuevamente.

—Hay otra cosa que necesito pedirte.

—Lo que sea.

—Si muero… prométeme que no buscarás venganza.

Busca la verdad.

Brandon asintió lentamente.

—Se lo prometo.

En ese mismo instante la puerta volvió a abrirse.

Demi apareció llevando un enorme ramo de lirios blancos.

Su sonrisa era perfecta.

Cariñosa.

Conmovedora.

Exactamente la misma sonrisa que había enamorado a Roderick cuatro años atrás.

Se acercó a la cama, tomó su mano con delicadeza y besó su frente delante de Brandon.

—¿Cómo está mi esposo favorito?

El joven enfermero sintió un escalofrío.

Ahora conocía la verdad escondida detrás de aquella actuación impecable.

Demi dejó el ramo sobre la mesa.

Dentro del arreglo floral había una pequeña caja de chocolates artesanales.

Nadie pareció prestarle atención.

Excepto Brandon.

Observó cómo Demi insistía varias veces en que Roderick probara uno cuando despertara mejor.

Después salió de la habitación.

Brandon esperó apenas unos segundos.

Abrió cuidadosamente la caja.

Entre los bombones encontró una diminuta tarjeta escrita a mano.

Solo tenía una frase.

“Esta noche termina todo. Mañana seremos libres.”

El mensaje no estaba dirigido a Roderick.

Estaba firmado únicamente con una letra.

G.

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