Parte 2: LA NOVIA QUE NO LLEGÓ AL ALTAR

Cuando salí del hospital, ya había amanecido.

El brazo me pesaba como si estuviera hecho de piedra.

Marcus insistió en llevarme a casa.

Acepté únicamente porque necesitaba recoger algunas cosas.

Durante todo el trayecto, Ethan no dejó de enviar mensajes.

“¿Ya estás mejor?”

“El maquillador puede cubrir cualquier marca.”

“Todo saldrá perfecto.”

Ni una sola vez preguntó cuánto me dolía la herida.

Ni una sola vez preguntó si había pasado la noche sola.

Solo le preocupaba que la boda siguiera adelante.

Al entrar en casa encontré mi vestido colgado frente a la ventana.

Lo había elegido ocho meses antes.

Siempre imaginé que lloraría al volver a verlo aquella mañana.

En cambio, solo sentí una extraña tranquilidad.

Saqué una maleta del armario.

Guardé algunos documentos, mi pasaporte y el informe médico.

Después llamé a mi abogado.

—Quiero cancelar todos los contratos relacionados con la boda.

—¿Está completamente segura?

Miré las quince suturas que recorrían mi brazo.

—Nunca estuve tan segura de algo.

Dos horas después comenzaron las llamadas de proveedores, invitados y familiares.

No respondí a ninguna.

A las once de la mañana, Ethan apareció frente a mi puerta vestido con un impecable traje de novio.

Llevaba un enorme ramo de rosas blancas.

Sonreía como si nada hubiera ocurrido.

—¿Lista para convertirte en mi esposa?

Abrí la puerta apenas unos centímetros.

—La boda está cancelada.

La sonrisa desapareció lentamente de su rostro.

—¿Qué acabas de decir?

—No voy a casarme contigo.

Él soltó una pequeña risa.

—Estás nerviosa.

Es normal.

Entraremos a la iglesia y todo volverá a estar bien.

Le entregué un sobre.

Dentro estaban las fotografías tomadas en la comisaría, el informe del hospital y el registro de las diecisiete llamadas sin responder.

También había una captura de la publicación que Rachel había compartido mientras me cosían el brazo.

Ethan hojeó las hojas rápidamente.

—¿Todo esto por una noche?

Lo miré fijamente.

—No.

Todo esto por seis años.

Guardó silencio.

Por primera vez parecía no encontrar ninguna excusa.

Entonces sonó otro automóvil.

Rachel descendió apresuradamente.

Llevaba un elegante vestido color marfil.

No era blanco.

Pero tampoco parecía el atuendo de una simple invitada.

Al verme, intentó abrazarme.

—Olivia, por favor, no arruines el día más importante de sus vidas.

Sonreí con amargura.

—Curiosa elección de palabras.

Ella se quedó inmóvil.

Ethan intervino rápidamente.

—Rachel solo quiere ayudar.

—Siempre quiere ayudarte a ti.

Nunca a mí.

Rachel bajó la cabeza con expresión inocente.

—Jamás quise hacerte daño.

Saqué el teléfono.

Abrí el grupo de la boda.

Comencé a proyectar varias capturas impresas que había preparado durante la madrugada.

Fotografías.

Mensajes.

Ubicaciones.

Reservas de hoteles.

No demostraban una aventura física.

Pero sí algo mucho más evidente.

Cada aniversario cancelado.

Cada cumpleaños al que Ethan llegó tarde.

Cada viaje interrumpido.

Cada Navidad.

Cada vez que Rachel llamaba, él desaparecía.

Los invitados que iban llegando comenzaron a detenerse frente a la casa.

Todos observaban en silencio.

La madre de Ethan tomó una de las hojas.

Su expresión cambió por completo.

Había una lista.

Durante los últimos seis años, Ethan había pasado más tiempo acompañado de Rachel que de su propia prometida.

Ni él mismo parecía haber hecho ese cálculo.

Su padre respiró profundamente.

—¿Todo esto es cierto?

Ethan permaneció callado.

Ese silencio respondió por él.

Rachel comenzó a llorar.

—Nunca fue mi intención separarlos…

La interrumpí con calma.

—No.

Solo aceptabas que un hombre comprometido corriera a tu lado cada vez que lo llamabas.

Ella bajó nuevamente la mirada.

No tuvo fuerzas para negarlo.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Podemos arreglar esto.

Cancelaré todo contacto con Rachel.

Te lo prometo.

Negué lentamente.

—No necesito que elijas entre ella y yo.

Necesito un hombre que nunca hubiera tenido que elegir.

Las lágrimas comenzaron a aparecer en los ojos de Ethan.

Era la primera vez que lo veía realmente asustado.

No porque me hubiera herido.

Sino porque comprendía que ya no podía convencerme.

Saqué entonces una pequeña caja del bolsillo de mi abrigo.

Dentro estaba el anillo de compromiso.

Lo coloqué sobre la palma de su mano.

—Gracias por estos seis años.

Me enseñaron exactamente cómo no quiero vivir el resto de mi vida.

Me di la vuelta para entrar en casa.

Pero antes de cerrar la puerta, escuché la voz de Marcus.

Había llegado corriendo desde el estacionamiento.

Respiraba con dificultad.

—Señorita Harper…

Todos voltearon hacia él.

Marcus sostenía una carpeta azul.

—Hay algo que usted merece saber antes de irse.

Miró directamente a Ethan.

Después abrió lentamente la carpeta.

—La noche del apagón… el cuadro eléctrico de la casa de la señorita Rachel nunca estuvo averiado.

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