La puerta terminó de abrirse con un largo chirrido.
Marcos levantó los puños dispuesto a defender a Lucía.
Su respiración era agitada.
El calor dentro de la cabina resultaba casi insoportable.
Durante unos segundos, la figura permaneció inmóvil entre la sombra y la luz.
Era imposible distinguir su rostro.
Lucía apenas podía mantenerse consciente.
Sentía que el aire desaparecía de sus pulmones.
—No…
Murmuró con la voz completamente apagada.
El desconocido dio un paso hacia el interior.
Sus pesadas botas hicieron crujir el viejo suelo de madera.
Marcos atacó sin pensarlo dos veces.
Lanzó un puñetazo directo al rostro del intruso.
Pero el hombre bloqueó el golpe con una facilidad desconcertante.
No respondió con violencia.
Simplemente sujetó el brazo de Marcos.
—Tranquilo.
Su voz sonó grave.
Pero sorprendentemente serena.
—Si quisiera hacerles daño, ya estarían muertos.
Aquellas palabras desconcertaron completamente a Marcos.
El hombre soltó lentamente su brazo.
Después miró a Lucía.
Su expresión cambió por completo.
—Tenemos que sacarla inmediatamente.
Está sufriendo un golpe de calor.
Marcos seguía sin confiar en él.
—¿Quién demonios eres?
El desconocido no respondió.
Se quitó rápidamente la chaqueta.
La enrolló.
La colocó bajo la cabeza de Lucía.
Después abrió una pequeña mochila que llevaba colgada al hombro.
Sacó una botella metálica.
Humedeció un pañuelo.
Comenzó a refrescar cuidadosamente el cuello y las muñecas de la joven.
Cada uno de sus movimientos demostraba experiencia.
No improvisaba.
Sabía exactamente lo que estaba haciendo.
Lucía abrió lentamente los ojos.
Respiraba con enorme dificultad.
—Tengo… mucho calor…
El hombre habló con absoluta calma.
—No cierres los ojos.
Escúchame.
Necesito que sigas hablando.
Marcos seguía completamente confundido.
Apenas unos segundos antes creía que aquel hombre venía a matarlos.
Ahora parecía intentar salvarles la vida.
—¿Quién eres?
Preguntó otra vez.
El desconocido levantó brevemente la mirada.
—Después.
Primero debemos salir de aquí.
Se acercó a la ventana.
La observó detenidamente.
Negó con la cabeza.
—No podemos usar esa salida.
Marcos recordó inmediatamente las palabras que había dicho antes.
—¿Por qué?
El hombre permaneció unos segundos en silencio.
Después respondió.
—Porque hay personas esperándolos afuera.
El corazón de Marcos volvió a acelerarse.
—¿Quiénes?
El desconocido no contestó.
Se aproximó a la puerta.
Escuchó atentamente.
Fuera continuaban oyéndose pasos.
Varias voces.
Alguien estaba buscando la cabina.
Lucía comenzó a recuperar ligeramente la conciencia.
—¿Nos encontraron?
El hombre respondió sin apartar el oído de la puerta.
—Todavía no.
Pero están muy cerca.
Marcos observó cómo sacaba un pequeño mapa doblado del bolsillo.
Lo extendió sobre el suelo.
Marcó un punto con el dedo.
—Debajo de esta cabina existe un antiguo conducto de mantenimiento.
Marcos abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué?
—Fue construido hace más de cuarenta años.
Muy poca gente conoce su existencia.

Lucía intentó incorporarse.
—¿Cómo sabes eso?
El hombre sonrió apenas.
—Porque ayudé a construirlo.
Los dos quedaron completamente inmóviles.
Aquel lugar parecía abandonado desde hacía décadas.
Resultaba imposible que aquel hombre hubiera participado en su construcción.
Marcos frunció el ceño.
—Eso no tiene sentido.
El desconocido no discutió.
Simplemente caminó hasta una esquina de la cabina.
Apartó una vieja caja de madera cubierta de polvo.
Debajo apareció una pequeña trampilla metálica completamente oxidada.
Marcos sintió un escalofrío.
La salida realmente existía.
El hombre introdujo una vieja llave en la cerradura.
Giró lentamente.
El mecanismo respondió con un fuerte chasquido.
La trampilla comenzó a levantarse.
Un aire mucho más fresco subió desde el túnel inferior.
Lucía respiró profundamente por primera vez en varios minutos.
Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.
—Gracias…
El desconocido negó con la cabeza.
—Todavía no hemos salido.
Entonces se escuchó un golpe violentísimo contra la puerta principal.
Toda la cabina tembló.
Otra voz gritó desde el exterior.
—¡Sabemos que siguen ahí dentro!
Marcos sintió cómo el miedo regresaba de inmediato.
El hombre cerró parcialmente la trampilla.
Miró nuevamente a ambos.
—Escúchenme con mucha atención.
Solo tendremos una oportunidad.
Si fallamos…
No terminó la frase.
No hacía falta.
Los tres comprendían perfectamente las consecuencias.
En ese instante sonó un teléfono dentro del bolsillo del desconocido.
La pantalla se iluminó.
Marcos alcanzó a leer solo una línea antes de que él guardara rápidamente el aparato.
“Objetivos localizados. No permita que los capturen con vida.”
Marcos quedó completamente paralizado.
—¿Qué significa ese mensaje?
El hombre permaneció inmóvil durante unos segundos.
Luego levantó lentamente la vista.
Su rostro reflejaba una mezcla de cansancio y resignación.
—Significa que ustedes dos nunca estuvieron atrapados por accidente.
Respiró profundamente.
—Alguien preparó esta cabina para convertirla en una trampa… y yo llegué demasiado tarde para impedirlo.