Parte 2: LA HERENCIA QUE INTENTARON ROBAR

Andrea apenas podía respirar.

Su madre seguía llorando en la transmisión en vivo mientras miles de personas compartían la publicación.

“Mi hija secuestró al bebé.”

“Siempre fue una joven problemática.”

“Por favor, ayúdennos a encontrar a mi nieto.”

Alejandro Villarreal cerró lentamente la tableta.

No parecía alterado.

Solo más serio.

—¿Confía en mí?

Andrea dudó unos segundos.

Después miró al recién nacido que dormía tranquilamente en brazos del empresario.

—No tengo a nadie más.

Alejandro llamó inmediatamente a su director jurídico.

—Presenten una solicitud urgente para suspender la difusión de esa denuncia.

—Y localicen a Sofía.

El abogado asintió.

—Ya empezamos a rastrear sus movimientos.

En ese momento otro ejecutivo entró apresuradamente.

—Señor Villarreal…

—Encontramos algo.

Colocó una carpeta sobre el escritorio.

Era el contrato del fideicomiso familiar.

Andrea observó cómo Alejandro lo abría con rapidez.

Su expresión cambió al llegar a la última cláusula.

—Así que era esto…

Andrea frunció el ceño.

—¿Qué ocurre?

Alejandro levantó lentamente la vista.

—Mi abuelo creó este fideicomiso hace veinte años.

—Todo el paquete accionario de la familia solo puede pasar al primer bisnieto varón con ADN Villarreal confirmado.

Andrea sintió un escalofrío.

—¿Y si este bebé realmente es suyo?

Él asintió.

—Se convertiría automáticamente en el principal heredero de miles de millones de pesos.

La oficina quedó completamente en silencio.

Andrea recordó inmediatamente uno de los mensajes de Sofía.

“Si nace varón, tu fideicomiso cambia.”

Ahora todo tenía sentido.

Sofía conocía aquella cláusula.

Había buscado el embarazo por esa razón.

Pero…

—Entonces…

—¿Por qué abandonó al bebé?

Alejandro respiró profundamente.

—Porque para reclamar esa herencia necesita demostrar que nunca actuó por interés económico.

El abogado intervino.

—Si desaparece durante un tiempo y luego afirma que su familia le robó al hijo…

—Podría presentarse como víctima.

Andrea sintió un nudo en la garganta.

Ella nunca había sido el objetivo.

Solo era la persona perfecta para cargar con toda la culpa.

En ese instante sonó el teléfono del abogado.

Contestó.

Su expresión se volvió cada vez más grave.

—Señor Villarreal…

—La policía acaba de emitir una alerta de búsqueda contra la señorita Andrea Robles por presunto secuestro de un recién nacido.

Andrea sintió que las piernas dejaban de sostenerla.

Alejandro reaccionó inmediatamente.

—Llamen al fiscal.

—Quiero que venga personalmente.

Media hora después llegaron dos agentes de investigación.

Andrea entregó voluntariamente el bebé.

También mostró el teléfono secreto de Sofía.

Uno de los agentes comenzó a revisar los mensajes.

Pasó varios minutos en silencio.

Luego levantó lentamente la vista.

—Aquí hay conversaciones eliminadas.

El perito informático conectó el teléfono a un ordenador.

En pocos minutos recuperó decenas de mensajes.

Uno de ellos hizo que toda la sala guardara silencio.

Era un audio enviado por Sofía dos semanas antes del parto.

“Mamá, recuerda que Andrea jamás debe descubrir quién es el padre. Si ella aparece como la madre, nadie investigará nada mientras yo arreglo los papeles desde Suiza.”

Después apareció otro mensaje de Teresa.

“No te preocupes. Andrea siempre hace lo que le pedimos.”

Andrea sintió que las lágrimas comenzaban a caer.

Toda su vida había sido utilizada.

Incluso ahora.

El fiscal guardó el teléfono como evidencia.

—Con esto cambia completamente la investigación.

En ese mismo instante volvió a sonar otro teléfono.

Era el jefe de seguridad del aeropuerto.

—Acabamos de localizar a Sofía.

Todos levantaron la vista.

—Intentó abordar un vuelo hacia Zúrich utilizando un pasaporte con otro apellido.

Alejandro cerró lentamente la carpeta del fideicomiso.

Por primera vez miró a Andrea con una expresión distinta.

—No fue casualidad que aparecieras hoy.

—Si hubieras llegado unas horas más tarde…

—Tu hermana habría abandonado el país para siempre.

Andrea respiró profundamente.

Por primera vez desde que tomó al bebé en brazos sintió que alguien le creía.

El fiscal se acercó a ella.

—Señorita Robles…

—A partir de este momento deja de ser sospechosa.

—Ahora es la principal testigo de un caso de fraude, falsedad y conspiración.

Andrea miró al pequeño niño que dormía ajeno a todo.

Después recordó las palabras de su madre.

“Desde mañana vamos a decir que ese bebé es tuyo.”

Sonrió con tristeza.

Aquella mentira había estado a punto de destruir su vida.

Pero también había destapado un plan que llevaba meses preparándose y que podía cambiar para siempre el destino de una de las familias más poderosas del país.

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