Parte 2: LA MUJER QUE SUBESTIMÉ

Dejé trescientos dólares sobre la mesa y me levanté.

—Dominic, espera —dijo Vanessa—. ¿Qué significa “documentos filtrados”?

No respondí.

Por primera vez en cinco años, Vanessa dejó de parecerme fascinante.

Parecía un problema.

A las 2:47 entré en el ascensor privado de Reed & Parker. Thomas me esperaba cuando las puertas se abrieron.

Tenía el sobre manila en las manos.

—¿Dónde está? —pregunté.

—¿Quién?

—Callie.

Thomas negó con la cabeza.

—No vino personalmente. Un mensajero entregó esto.

Le arranqué el sobre.

Dentro estaban los papeles del divorcio.

Pero había más.

Una carta de un bufete llamado Whitmore, Sloan & Pierce.

Una notificación bancaria.

Y una memoria USB.

—¿Qué demonios es esto?

Thomas cerró la puerta.

—Dominic, antes de que hagas algo estúpido, necesitas saber que la junta está reunida.

—¿Por una noticia publicada hace veinte minutos?

—No.

Su respuesta me detuvo.

—¿Entonces?

Porque recibieron los documentos antes que la prensa.

Sentí un golpe en el estómago.

Abrí la notificación bancaria.

Varias cuentas vinculadas al proyecto Lakefront Crown, nuestro desarrollo más importante, habían sido bloqueadas temporalmente después de detectarse movimientos financieros cuestionados.

Lakefront Crown valía 1.800 millones de dólares.

Si se paralizaba, Reed & Parker podía perder años de trabajo.

—Callie no puede hacer esto.

Thomas me sostuvo la mirada.

—Quizá deberías mirar la memoria.

La conecté.

Aparecieron veintisiete carpetas.

ASPEN.

GOLD COAST.

VANESSA.

FACTURAS.

TRANSFERENCIAS.

EMPRESAS.

LAKEFRONT.

Abrí la primera.

Reservas de hoteles.

La segunda.

Compras.

La tercera contenía registros de la empresa fantasma que pagaba el apartamento donde me reunía con Vanessa.

Me giré hacia Thomas.

—¿Tú le diste esto?

Su expresión cambió.

—No.

—Eras el único que conocía algunas de estas cosas.

—Yo conocía tus mentiras personales.

Señaló la pantalla.

Pero nunca supe que estabas usando dinero vinculado a proyectos para mantenerlas.

—No robé nada.

—Entonces explícaselo a la junta.

Mi teléfono comenzó a sonar.

Mi socio, Charles Parker.

Contesté.

—¿Dónde estás?

—En mi oficina.

—Sala de juntas. Ahora.

—Charles…

Ahora, Dominic.

Colgó.

Miré los papeles del divorcio.

Callie había firmado dos días antes.

Dos días.

La noche anterior había cenado conmigo.

Me había preguntado cómo había ido mi jornada.

Incluso había colocado una mano sobre su vientre cuando nuestro hijo se movió.

Y yo no había sospechado absolutamente nada.

—¿Desde cuándo lo sabe? —pregunté.

Thomas bajó la mirada.

—No lo sé.

Pero algo en su rostro me molestó.

—Thomas.

—No me preguntes cosas cuya respuesta no te va a gustar.

Me acerqué.

—¿Desde cuándo?

Finalmente respondió:

Desde hace ocho meses.

Me quedé helado.

—Eso es imposible.

—Callie me preguntó por Aspen en diciembre.

Recordé aquella semana.

Le había dicho que estaba negociando con inversores.

—¿Y tú qué le dijiste?

—La verdad.

Sentí que la rabia me subía al rostro.

—¡Trabajas para mí!

Thomas no retrocedió.

—Trabajo para Reed & Parker. Y durante demasiado tiempo confundí eso con limpiar tus desastres.

Salí sin responder.

Cuando entré en la sala de juntas, doce personas me esperaban.

Charles estaba de pie.

Frente a él había una copia de los mismos documentos.

—Siéntate.

—Puedo explicarlo.

—Espero que sí.

El director jurídico deslizó una hoja hacia mí.

Reconocí una transferencia.

Doscientos cuarenta mil dólares enviados a VH Consulting.

Vanessa Hale.

—Servicios de estrategia comercial —dije.

Charles soltó una risa amarga.

—VH Consulting no tiene empleados.

No respondí.

—Además —continuó—, fue creada seis días antes del primer pago.

—Vanessa trabajó como asesora.

—Entonces tendremos sus informes.

Silencio.

No existían.

Charles se inclinó sobre la mesa.

—Dominic, ¿utilizaste fondos empresariales para pagar gastos personales?

—No.

—¿Estás seguro?

—Completamente.

El director jurídico abrió otra carpeta.

—Entonces tenemos un problema todavía mayor.

Me mostró una serie de transferencias.

VH Consulting había recibido 1,2 millones durante dos años.

Pero solo una parte podía relacionarse conmigo.

El resto había sido enviado posteriormente a otra sociedad.

North Meridian Holdings.

—Nunca había visto ese nombre —dije.

Charles me estudió.

—Eso esperamos.

—¿Qué significa?

—Significa que si estás diciendo la verdad, alguien utilizó tu relación con Vanessa como cobertura para mover millones.

Mi rabia desapareció.

—¿Quién controla North Meridian?

—No lo sabemos.

La puerta se abrió.

Thomas entró.

—Disculpen.

Miró directamente hacia mí.

—Hay alguien abajo preguntando por Dominic.

—¿Quién?

—Agentes federales.

Nadie habló.

Mi teléfono vibró.

Callie.

Primer mensaje suyo desde que comenzó todo.

“Ahora sabes por qué tuve que irme antes de entregar las pruebas.”

La llamé inmediatamente.

Contestó.

—¿Dónde estás?

—A salvo.

—¿Qué hiciste?

—Encontré lo que tú no quisiste ver.

—¿North Meridian?

Silencio.

—Entonces ya llegaron a esa parte.

—Callie, dime quién está detrás.

—No puedo.

—¡Mi empresa se está derrumbando!

—No, Dominic. Tu mentira se está derrumbando. Son cosas diferentes.

Intenté controlar la voz.

—¿Todo esto es por Vanessa?

—Durante mucho tiempo pensé que Vanessa era el problema.

—¿Y ahora?

Callie respiró profundamente.

—Ahora sé que ella también estaba siendo utilizada.

Me quedé inmóvil.

—¿Por quién?

—Busca el proyecto original de Lakefront Crown.

—¿Qué tiene que ver?

—Revisa quién compró los terrenos tres meses antes de que Reed & Parker anunciara públicamente dónde construiría.

La llamada terminó.

Corrí a mi computadora.

Abrí los archivos antiguos.

Lakefront Crown necesitaba siete parcelas.

Seis habían sido adquiridas normalmente.

La séptima nos había costado casi cuatro veces su valor original porque una compañía privada la compró justo antes del anuncio.

Nombre del propietario:

North Meridian Holdings.

Sentí que me faltaba el aire.

Alguien conocía nuestros planes antes de que fueran públicos.

Alguien había ganado millones.

Y probablemente estaba utilizando mi aventura para esconder el rastro.

Entonces vi quién había autorizado internamente el acceso al proyecto meses antes de la compra.

No fui yo.

Tampoco Charles.

Era una autorización extraordinaria firmada por el fundador retirado de Reed & Parker.

Mi padre.

William Reed.

El teléfono volvió a vibrar.

Callie había enviado una fotografía.

Era una página de un contrato.

En la parte inferior aparecían dos firmas.

La primera pertenecía a mi padre.

La segunda me resultaba conocida.

La había visto cientos de veces en tarjetas navideñas, documentos familiares y antiguos cheques.

Era la firma del padre de Callie.

Debajo de la imagen había un último mensaje:

“Dominic, nuestros padres empezaron esto mucho antes de que nosotros nos conociéramos.”

Related Posts

PARTE 2: LA HABITACIÓN OCULTA

Las luces del hospital parpadeaban sobre nosotros mientras los médicos corrían con Sofía hacia urgencias. Yo no solté su mano. Ni un segundo. Después de tres años…

PARTE 2: EL PRECIO DE SALVAR UNA VIDA

No respondí. Porque decir la cifra en voz alta la hacía más real. Adrian Mercer seguía mirándome como si estuviera intentando entender cómo una persona podía romperse…

PARTE 2: LA HIJA QUE NUNCA DEBIÓ EXISTIR

Durante los siguientes tres días, mi casa se convirtió en un escenario donde todos fingían que nada estaba pasando. Malcolm seguía actuando como mi esposo. Me preguntaba…

PARTE 2: EL NOMBRE DETRÁS DEL IMPERIO

Una hora después, el salón principal de juntas de Whitmore Capital estaba completamente lleno. Los miembros del consejo habían llegado uno tras otro. Algunos confundidos. Otros preocupados….

PARTE 2: EL PRECIO DE DEJARME IR

Lady Ketsara dejó la taza sobre la mesa. Su mirada seguía fija en mí. No había enojo en sus ojos. Tampoco tristeza. Solo una seguridad absoluta de…

PARTE 2: CUANDO DEJÉ DE SER INVISIBLE

Tres días después, mi vuelo despegó sin que nadie de mi familia supiera dónde estaba. No dejé una carta. No dejé una explicación. No porque quisiera castigarlos….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *