Parte 2: ESTA VEZ, ELEGÍ SALVARME

Salí del hotel sin mirar atrás.

Cada paso dolía.

Durante diez años había imaginado que algún día Ethan me miraría como miraba a Nora. Había confundido obsesión con esperanza y espera con amor.

Pero ya conocía el final de aquel camino.

Una niña aterrorizada entre mis brazos. Una puerta cerrada. Y Ethan observándonos sin hacer nada.

Nunca volvería allí.

Cuando llegué al vestíbulo, mi hermano adoptivo, Daniel, salió del ascensor.

—¡Emma! ¿Qué haces aquí?

Al verme sola, frunció el ceño.

—¿Dónde está Ethan?

—Con Nora.

Su rostro perdió el color.

—¿Qué?

—Llamé a Nora.

Daniel me agarró del brazo.

—¿Te volviste loca? ¡Preparé todo para ti!

Me solté inmediatamente.

En mi vida anterior había agradecido aquella “ayuda”.

Ahora sentía náuseas.

—Drogaste a una persona y pretendías encerrarme con ella para obligarla a casarse conmigo. Eso no es ayudarme.

—¡Llevas años enamorada de él!

—Ya no.

Daniel se quedó inmóvil.

—Emma…

—Y nunca vuelvas a decidir por mí.

Regresé a casa antes del amanecer.

Lo primero que hice fue sacar de un cajón todas las cosas relacionadas con Ethan.

Cartas que nunca envié.

Fotografías.

Regalos.

Incluso un pañuelo que había conservado desde la universidad porque una tarde él me lo prestó cuando comenzó a llover.

Diez años de amor cabían dentro de una caja.

La cerré.

A las nueve de la mañana, Nora llamó.

No respondí.

Volvió a llamar.

Después llegó un mensaje.

“Necesitamos hablar.”

Lo ignoré.

Una hora después apareció Ethan.

Mi corazón se detuvo cuando lo vi.

Por un instante, el pasado y el presente se mezclaron.

Recordé al hombre frente a la casa incendiada.

Pero el Ethan que tenía delante todavía no había cometido aquello.

Me repetí esa verdad.

Él no recordaba nuestra otra vida.

Solo yo cargaba con ella.

—Emma.

Su voz era fría.

—¿Qué hiciste anoche?

—Nada.

—Fuiste tú quien llamó a Nora.

—Sí.

—¿Por qué sabías que yo estaba en esa habitación?

Lo miré.

—Daniel me lo dijo.

Su expresión se endureció.

—¿Daniel me drogó?

No mentí.

—Sí.

Ethan apretó los puños.

—¿Y tú lo sabías?

—Lo descubrí antes de entrar.

—Entonces ¿por qué llamaste a Nora?

La respuesta era sencilla.

—Porque la amas.

El silencio fue absoluto.

Ethan me observó como si esperara una segunda intención.

—¿Qué quieres?

Casi sonreí.

En mi vida anterior habría querido matrimonio.

Su apellido.

Su presencia.

Una familia.

Ahora solo quería una cosa.

—Que no vuelvas a formar parte de mi vida.

Por primera vez, su expresión cambió.

—¿Eso es todo?

—Eso es todo.

—Emma, llevas años siguiéndome.

—Lo sé.

—Todo el mundo sabe que estás enamorada de mí.

—También lo sé.

—¿Y de repente desapareció?

Pensé en mi hija.

En su pequeña voz llamándolo papá en el aeropuerto.

En todo lo que nunca tendría que sufrir si yo hacía las cosas correctamente esta vez.

—Sí.

Ethan se marchó sin comprenderlo.

Yo pensé que aquello sería el final.

Me equivocaba.

Tres semanas después, Nora y Ethan anunciaron su compromiso.

Cuando recibí la invitación, sentí una punzada.

No de arrepentimiento.

Era el dolor de despedirme de la mujer que había sido.

Asistí.

Nora estaba radiante.

Ethan permanecía junto a ella.

Todo estaba ocurriendo como debería haber ocurrido desde el principio.

Durante el brindis, Nora se acercó.

—Todavía no entiendo por qué hiciste aquello.

—No necesitas entenderlo.

—¿De verdad ya no lo amas?

Miré a Ethan desde lejos.

—Amé una versión de él que solo existía en mi imaginación.

Nora guardó silencio.

—Cuídense —añadí.

Y me marché.

Durante los meses siguientes reconstruí mi vida.

Acepté un puesto en otra ciudad.

Me mudé.

Volví a estudiar.

Por primera vez tomé decisiones sin preguntarme qué pensaría Ethan.

Entonces ocurrió algo que no había previsto.

Comencé a recordar a mi hija.

No como había muerto.

Sino como había vivido.

Su risa.

Sus pequeños zapatos.

La forma en que se quedaba dormida sujetándome un dedo.

En aquella nueva vida ella nunca había nacido.

Eso significaba que estaba a salvo.

Pero también significaba que solo existía dentro de mí.

Algunas noches lloraba por una hija que nadie más recordaba.

Era el precio de haber cambiado nuestro destino.

Pasaron dos años.

Una tarde recibí una llamada de Nora.

—Emma…

Su voz temblaba.

—Necesito verte.

—¿Qué ocurre?

—Es Ethan.

Sentí frío.

Nos encontramos en una cafetería.

Nora parecía agotada.

—Él cambió después de nuestra boda.

No dije nada.

—Al principio pensé que era trabajo. Después empezó a despertarse por las noches.

—¿Pesadillas?

Nora asintió.

—Siempre la misma.

Mi mano se detuvo sobre la taza.

—¿Qué sueña?

—Un incendio.

El mundo pareció quedarse sin sonido.

—Dice que hay una mujer atrapada dentro de una casa.

Apenas pude respirar.

—¿Qué mujer?

Nora me miró directamente.

—Tú.

Sentí que la sangre abandonaba mi rostro.

—Eso es imposible.

—Hay algo peor.

Nora abrió su bolso y sacó un dibujo.

Era infantil.

Una casa rodeada de llamas.

Dos figuras aparecían detrás de una ventana.

Una mujer.

Y una niña.

Se me cayó la taza.

—¿Dónde conseguiste esto?

—Ethan lo dibujó después de despertarse.

Mis manos comenzaron a temblar.

Nadie podía conocer aquella escena.

Nadie excepto yo.

—¿Ha dicho algo sobre la niña?

Nora tardó demasiado en responder.

—Sí.

Sentí que el corazón golpeaba contra mis costillas.

—¿Qué?

—Dice que no sabe quién es.

Nora tragó saliva.

—Pero en el sueño la niña lo llama “papá”.

Me levanté bruscamente.

Entonces una voz sonó detrás de mí.

—Emma.

Me congelé.

Ethan estaba junto a la entrada.

Parecía distinto.

Más delgado.

Pálido.

En una mano sostenía una vieja fotografía.

Era una fotografía que nunca debería haber existido en aquella vida.

Yo aparecía sosteniendo a nuestra hija.

Ethan caminó hacia mí.

—Llevo meses soñando contigo.

Dejó la fotografía sobre la mesa.

—Y ayer recordé cómo murió esa niña.

No pude moverme.

Sus ojos se llenaron de algo que jamás había visto en ellos.

Miedo.

—Emma…

Su voz se quebró.

—¿Por qué recuerdo haberlas matado si eso nunca ocurrió?

Related Posts

PARTE 2: LA TARJETA QUE VICTORIA NO SABÍA QUE EXISTÍA

No abrí la tarjeta. No allí. Mi primer impulso fue introducirla en mi computadora y descubrir inmediatamente qué había grabado Clara. Pero la cirujana que estaba junto…

PARTE 2: LA NOCHE EN QUE DEJÉ DE CALLAR

Saqué mi teléfono. Patricia me observó como si todavía pudiera ordenarme qué hacer. —Emily —dijo en voz baja—. Piensa antes de hablar. La miré. —Eso estoy haciendo….

PARTE 2: LOS 217 REGISTROS

No dormí aquella noche. Seguí leyendo. Registro 11. “Me encerró en el baño durante cuarenta minutos. Dijo que necesitaba aprender quién mandaba en la familia.” Registro 19….

PARTE 2: LOS HEREDEROS QUE NUNCA FUERON SUYOS

Grant no apartó los ojos de mi teléfono. —Claire… ¿con quién te vas a casar? De todas las cosas que acababa de ver, aquello era lo que…

PARTE 2: LA MUJER POR LA QUE LO PERDÍ TODO

Pasé casi veinte minutos dentro del auto antes de poder llamar a mi esposa. Emily respondió al segundo tono. —¿Cómo salió la presentación? Cerré los ojos. —Me…

PARTE 2: LA NIÑA QUE VIO LO QUE NADIE MÁS VIO

A las once de la noche, nadie podía salir de la finca Moretti. Dominic había ordenado revisar las cámaras, los registros de acceso y cada entrada del…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *