PARTE 2: EL HEREDERO QUE CAMBIÓ LA HISTORIA

La abuela Blackwood golpeó el suelo con el bastón una segunda vez.

—Pregunté quién lleva la sangre de mi familia.

Todos miraron hacia mí.

Yo seguía en brazos de Adrian.

El dolor había disminuido, pero todavía sentía el vientre tenso.

Levanté una mano.

—Yo.

La anciana me observó de arriba abajo.

Después miró al médico.

—¿Está confirmado?

—El embarazo, sí.

—¿Y el niño es de Adrian?

El médico vaciló.

—Todavía no podemos confirmarlo con certeza absoluta.

La mirada de la anciana cayó sobre su nieto.

—¿Estuviste con ella?

Adrian respondió sin emoción:

—Sí.

El silencio fue inmediato.

La abuela Blackwood cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, parecían brillar.

—Entonces desde este momento nadie toca a esta muchacha.

Los comentarios explotaron.

[¡JA! ¡La anciana cambió de bando en tres segundos!]

[¡Valeria acaba de convertirse en tesoro nacional de los Blackwood!]

[Emily perdió su ventaja.]

Emily apretó la lonchera entre las manos.

—Abuela Blackwood, la señorita Stone todavía podría…

La anciana giró hacia ella.

—¿Quién te pidió opinión?

Emily palideció.

—Yo solo estaba preocupada por Adrian.

—Entonces preocúpate desde lejos.

Casi sonreí.

Por primera vez, aquellos comentarios flotantes me parecieron bastante entretenidos.

La abuela ordenó que me trasladaran inmediatamente a la mansión principal.

Yo me aferré al cuello de Adrian.

—No voy.

Él bajó la mirada.

—Hace diez minutos querías controlar dónde iba yo.

—Eso era diferente.

—Explícame.

No podía decirle:

“Porque unos comentarios invisibles aseguran que si me separo de ti otra mujer me robará al bebé y probablemente terminaré muerta.”

Así que improvisé.

—No confío en tu familia.

La abuela escuchó.

—Excelente.

La miré sorprendida.

—¿Excelente?

—Una mujer que confía demasiado rápido dura poco en los Blackwood.

Luego señaló a Adrian.

—Tú te quedarás con ella.

Él frunció el ceño.

—Tengo trabajo.

—Entonces trabaja desde casa.

Los comentarios volvieron.

[¡JAJAJA! El Buda de hielo acaba de recibir arresto domiciliario prenatal.]

Tuve que morderme el labio para no reír.

Adrian me miró.

—¿Qué te causa gracia?

—Nada.

Esa noche fui instalada en una habitación enorme de la mansión Blackwood.

Tenía médico privado.

Dos enfermeras.

Cocinero.

Guardia en la puerta.

Y una abuela que entraba cada veinte minutos para preguntar si tenía hambre.

Pero algo no me dejaba tranquila.

Los comentarios.

Porque mientras todos celebraban mi embarazo, aparecieron nuevas líneas.

[Valeria todavía no entiende nada.]

[En la trama original, pierde al bebé en la semana doce.]

Mi sangre se heló.

[Después de eso, todos creen que ella provocó el accidente para culpar a Emily.]

[Adrian empieza a odiarla.]

[Dos meses después, Valeria muere en un supuesto accidente.]

Me incorporé de golpe.

—¿Qué pasa?

Adrian estaba sentado en el sofá revisando documentos.

—Nada.

—Tu cara dice lo contrario.

Me quedé mirando aquellas frases que él no podía ver.

Semana doce.

Estaba de ocho.

Tenía menos de un mes.

—Necesito revisar quién prepara mi comida.

Adrian levantó una ceja.

—¿Por qué?

—Porque sí.

—Valeria.

—También quiero cambiar de médico.

—El doctor Chen es el jefe de obstetricia de mi familia desde hace veinte años.

Los comentarios aparecieron.

[¡NO!]

[¡Chen es precisamente quien falsifica el informe del aborto espontáneo!]

Sentí frío.

—Entonces con más razón.

Adrian se levantó.

—¿Qué sabes?

—Nada.

—Estás mintiendo.

Me bajé de la cama.

—Quiero un médico que no tenga vínculos con los Blackwood.

Él me observó en silencio.

—¿Temes que mi familia intente hacerte daño?

—Sí.

Pensé que se enfadaría.

No lo hizo.

Sacó el teléfono.

—Busca tres especialistas externos. Ninguno con relación contractual con Blackwood Medical.

Me quedé inmóvil.

—¿Así de fácil?

—Estás embarazada.

—Todavía dudas que sea tuyo.

—Dudo de todo.

Guardó el teléfono.

—Es la razón por la que sigo vivo.

Dos días después, llegó la doctora Amelia Grant.

Revisó todos mis análisis desde cero.

Cuando terminó, frunció el ceño.

—¿Ha tomado suplementos recientemente?

—Solo lo que me dieron aquí.

La doctora miró un frasco sobre la mesa.

—¿Quién recetó esto?

Adrian lo tomó.

—Chen.

Amelia abrió una cápsula y examinó el contenido.

—Suspenda esto inmediatamente.

Sentí un escalofrío.

—¿Por qué?

—Quiero analizarlo.

Los comentarios comenzaron a correr tan rápido que casi no podía leerlos.

[¡LO ENCONTRÓ!]

[En la novela original Valeria nunca sospecha.]

[El suplemento era el comienzo.]

Adrian llamó a seguridad.

—Quiero al doctor Chen localizado.

Emily apareció esa misma tarde.

Llevaba otra vez ropa blanca.

—Escuché que Valeria tuvo problemas.

La miré.

—Qué rápido te enteraste.

—La abuela está preocupada.

Adrian salió del despacho.

—¿Quién te dejó entrar?

Emily bajó la mirada.

—La señora Blackwood.

—Mi abuela está durmiendo.

Silencio.

Los comentarios aparecieron.

[¡Revisen su bolso!]

[¡REVISEN EL BOLSO!]

Miré la pequeña cartera de Emily.

—Quiero revisar eso.

Ella retrocedió.

—¿Qué?

—Tu bolso.

—No tienes derecho.

Adrian extendió la mano.

—Dáselo.

Emily lo miró, herida.

—¿También desconfías de mí?

—Sí.

Aquella respuesta fue tan seca que hasta yo sentí pena por ella.

Emily entregó el bolso.

No había nada extraño.

Yo empecé a dudar de los comentarios.

Hasta que Adrian tocó el forro.

—Hay algo aquí.

Lo abrió.

Dentro apareció una pequeña memoria USB.

Emily palideció.

—Eso no es mío.

La conectaron a una computadora.

Había expedientes médicos.

Míos.

Informes sobre el accidente de Adrian.

Resultados de fertilidad.

Y correos intercambiados con el doctor Chen.

Adrian dejó de moverse.

Uno decía:

“Si el embarazo Stone continúa, el acuerdo sucesorio queda perdido.”

Otro:

“La semana doce sigue siendo el momento más seguro para intervenir.”

Emily empezó a llorar.

—Yo no escribí eso.

—Tu correo aparece aquí —dije.

—Alguien me está tendiendo una trampa.

Adrian abrió otro archivo.

Entonces su expresión cambió.

—¿Qué ocurre?

No respondió.

Giró la pantalla.

Había un documento de hacía tres años.

El informe médico posterior a su accidente.

El que afirmaba que sería casi imposible que pudiera tener hijos.

Pero aquella era una versión interna.

La conclusión original decía algo completamente distinto:

FERTILIDAD CONSERVADA. PRONÓSTICO FAVORABLE.

Me quedé helada.

—Entonces nunca fuiste infértil.

Adrian miró a Emily.

—¿Quién cambió esto?

Ella negó desesperadamente.

—No lo sé.

La abuela Blackwood entró en ese momento.

Cuando vio el documento, su bastón cayó al suelo.

—Ese informe…

Adrian la miró.

—¿Lo conocías?

La anciana palideció.

Demasiado.

—Abuela.

—Yo…

—¿Sabías que era falso?

Ella se sentó lentamente.

—No al principio.

Sentí cómo los comentarios dejaban de moverse.

Como si incluso ellos estuvieran esperando.

—¿Cuándo lo descubriste? —preguntó Adrian.

—Hace un año.

Su expresión se volvió glacial.

—Y no me dijiste nada.

La anciana cerró los ojos.

—Porque el falso diagnóstico reveló algo peor.

Sacó una llave de su bolsillo.

—Después del accidente investigué al médico que firmó el informe.

—Chen.

—No.

Nos miró.

—Chen solo recibió órdenes.

—¿De quién?

La abuela señaló hacia el ala norte de la mansión.

—De alguien que lleva años viviendo bajo este techo.

Los comentarios aparecieron otra vez.

[¡NO PUEDE SER!]

[¡La trama cambió!]

[Esto nunca ocurría tan pronto.]

Adrian ordenó abrir una caja fuerte antigua en el despacho de su padre.

Dentro encontraron contratos secretos.

Pagos.

Pruebas médicas modificadas.

Y un acuerdo sucesorio.

Lo leí por encima de su hombro.

La persona que controlara el único heredero directo de Adrian tendría influencia sobre casi todo el patrimonio Blackwood.

—Por eso necesitaban que pensaras que no podías tener hijos —susurré.

Adrian asintió.

—Así podrían elegir quién aparecía con uno.

Los comentarios iluminaron mi visión.

[Emily debía presentar al bebé de Valeria como propio después de su muerte.]

[¡Exactamente!]

Sentí náuseas.

—Entonces mi bebé…

Adrian me agarró del brazo.

—Nadie te lo quitará.

Por primera vez le creí.

Seguridad trajo al doctor Chen esa noche.

No tardó en confesar.

Emily había sido utilizada como intermediaria.

Pero ella no era quien dirigía el plan.

—¿Quién? —preguntó Adrian.

Chen temblaba.

—Su tío.

La habitación quedó en silencio.

Marcus Blackwood.

Hermano menor del padre de Adrian.

El hombre que había administrado parte del patrimonio familiar durante veinte años.

La abuela cerró los ojos.

—Sabía que quería el control.

—No —dijo Chen—. Quería algo más.

—¿Qué?

Chen miró hacia mí.

—Al niño.

Me abracé el vientre.

—¿Por qué?

Su siguiente respuesta borró cualquier sensación de victoria.

—Porque si la señorita Stone realmente está embarazada del señor Blackwood…

Adrian dio un paso hacia él.

—Termina.

Chen tragó saliva.

—Entonces el accidente de hace tres años fracasó.

Silencio.

—¿Qué significa eso?

—El accidente no buscaba dejarlo estéril.

Adrian se quedó completamente quieto.

—Buscaba matarme.

Chen asintió.

—Y cuando sobrevivió, falsificamos el informe para ganar tiempo.

—¿Tiempo para qué?

El médico me miró.

—Para encontrar otra manera de controlar la sucesión.

Los comentarios volvieron.

Pero esta vez apareció algo que jamás había visto.

Las letras no eran blancas.

Eran rojas.

[ALERTA.]

[La historia original ha cambiado.]

[La villana secundaria ya no sigue su destino.]

[El heredero ha sobrevivido al primer punto de muerte.]

Sentí que me faltaba el aire.

Después apareció una última línea.

[Pero alguien ha comenzado a corregir la trama.]

Miré hacia Adrian.

—Tenemos que irnos.

—¿Ahora?

—Ahora.

Entonces todas las luces de la mansión se apagaron.

Se escuchó un estruendo desde la entrada.

Los guardias comenzaron a gritar.

Adrian me rodeó con un brazo y me empujó detrás de él.

—Quédate conmigo.

En la oscuridad, mi visión se llenó de comentarios rojos.

[¡VALERIA, CORRE!]

[¡ESTA ES LA ESCENA DONDE MORÍAS!]

[¡NO VAYAS AL JARDÍN!]

[¡NO CONFÍES EN EMILY!]

Y después apareció una frase completamente nueva:

[ADRIAN TAMPOCO DEBERÍA ESTAR AQUÍ. EN LA NOVELA ORIGINAL, ÉL NO SOBREVIVE ESTA NOCHE.]

Levanté la mirada hacia el hombre que todos creían invencible.

Adrian todavía no sabía que nuestro enemigo más peligroso no era Marcus Blackwood.

Era la propia historia.

Y por primera vez comprendí por qué podía ver aquellos comentarios.

Alguien no estaba intentando ayudarme a sobrevivir.

Alguien estaba intentando cambiar el final.

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