Parte 2: LA HABITACIÓN BAJO LA CASA

—La radiografía nos dice que esto no sucedió hoy —continuó el médico—. La fractura de Drew tiene varios días.

Peter sintió que el pasillo se inclinaba bajo sus pies.

—¿Varios días?

—Y hay señales de que intentó caminar apoyándose sobre ella.

Peter cerró los ojos.

Siete cuadras.

Drew había recorrido siete cuadras así.

—¿Cuánto tiempo?

—No puedo darle una hora exacta, pero definitivamente no es reciente.

El médico bajó la voz.

—También encontramos indicios de lesiones anteriores ya curadas. Servicios de Protección Infantil ha sido notificado.

Peter sintió rabia, pero también una culpa insoportable.

Durante meses había aceptado cada excusa de Reena.

Había pensado que respetaba el duelo de una viuda.

Ahora comenzaba a preguntarse cuántas veces Drew y Lily habían estado esperando que alguien ignorara aquellas excusas y entrara.

—¿Puedo verlo?

El médico asintió.

Drew estaba acostado en una cama demasiado grande para él. Su pierna había sido inmovilizada. Lily dormía en otra cama cercana después de comer.

Peter se sentó junto a su sobrino.

—Amigo…

Drew abrió los ojos.

—¿Lily está bien?

—Está bien.

Solo entonces el niño pareció relajarse.

Peter tragó saliva.

—Drew, necesito preguntarte algo.

El niño se tensó.

—¿Quién te lastimó la pierna?

Silencio.

—No estás en problemas.

Drew miró hacia la puerta.

—Reena dijo que si hablábamos, nos separarían.

Peter sintió un escalofrío.

—Eso no depende de Reena.

—Dijo que nadie nos querría juntos.

—Yo sí.

Drew levantó la mirada.

Peter tuvo que contener las lágrimas.

Yo los quiero a los dos. Y no voy a abandonarlos.

Los labios del niño temblaron.

Entonces habló.

—Fue en la habitación.

—¿Qué habitación?

Drew bajó la voz.

—La de castigo.

Peter sintió que se le endurecía el estómago.

—¿Está en el sótano?

El niño asintió.

—Reena nos mete allí cuando somos malos.

—¿Qué significa ser malos?

—Preguntar por papá.

Peter dejó de respirar.

Drew continuó:

—O pedir más comida. O llorar demasiado. O decir que queremos verte.

Cada palabra era peor que la anterior.

—¿Cuánto tiempo los deja allí?

Drew se encogió de hombros.

—A veces hasta que está oscuro. A veces hasta el día siguiente.

Peter tuvo que mirar hacia otro lado.

No quería que Drew viera su expresión.

—¿Y tu pierna?

El niño se quedó completamente inmóvil.

—Intenté salir.

—¿Cómo?

—Había una ventana pequeña.

Drew señaló aproximadamente a la altura de su cabeza.

—Subí unas cajas. Pero una se cayó.

Peter no necesitó más detalles.

—¿Reena te llevó al médico?

Drew negó con la cabeza.

—Dijo que si podía llorar, no estaba rota.

Peter apretó los puños.

En ese momento apareció uno de los agentes.

—Señor Calder, necesitamos hablar con usted.

Peter salió al pasillo.

—Fuimos a la casa.

—¿Y Reena?

—No estaba.

—¿Los dejó solos?

El agente mantuvo una expresión seria.

—Parece que sí. Pero encontramos algo que necesitamos que identifique.

Le mostró varias fotografías tomadas dentro del sótano.

Una puerta reforzada.

Una habitación pequeña.

Un colchón.

Botellas de agua.

Y dibujos infantiles pegados en una pared.

En casi todos aparecía el mismo hombre.

Aaron.

El padre de Drew.

El hermano muerto de Peter.

En uno de los dibujos, Aaron sostenía las manos de sus hijos.

Debajo, con letras infantiles, Drew había escrito:

PAPÁ DIJO QUE EL TÍO PETER NOS CUIDARÍA.

Peter sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

—Aaron siempre decía eso.

El agente deslizó la pantalla.

—Encontramos también una caja metálica cerrada.

—¿Qué había dentro?

—Documentos.

Apareció una fotografía de varias carpetas.

Peter reconoció inmediatamente la letra de su hermano.

—Eso es de Aaron.

—Había documentos de seguro, cartas y una copia de su testamento.

Peter frunció el ceño.

—¿Su testamento?

Aaron había muerto sin dejar instrucciones especiales, o eso había dicho Reena.

Según ella, todo había quedado automáticamente bajo su administración.

—Hay algo extraño —continuó el agente—. El documento que encontramos no coincide con la información que nos proporcionó la señora Calder después del fallecimiento de su hermano.

Peter sintió frío.

—¿Qué dice?

El policía amplió una página.

En una cláusula aparecía su nombre.

PETER CALDER.

—Su hermano lo nombraba tutor alternativo de ambos niños.

Peter se quedó mirando la pantalla.

—Eso no puede ser.

—¿Por qué?

—Porque Reena me dijo que Aaron había cambiado el testamento.

El agente no respondió inmediatamente.

Peter recordó aquella conversación perfectamente.

Dos semanas después del funeral.

Reena estaba sentada en la cocina, llorando.

Le había dicho:

“Aaron quería que los niños permanecieran conmigo. También dejó claro que no quería que nadie de su familia interfiriera.”

Peter lo había creído.

¿Por qué no iba a hacerlo?

Ella era la viuda de su hermano.

La madre de Lily.

La mujer con quien Aaron había compartido sus últimos años.

—¿Hay algo más? —preguntó Peter.

—Sí.

El agente cambió de fotografía.

Era una carta.

Arriba había una fecha.

Tres días antes de la muerte de Aaron.

Peter reconoció nuevamente su letra.

“Pete:

Si estás leyendo esto, significa que no tuve tiempo de arreglarlo personalmente.”

Peter sintió que las piernas le fallaban.

—Quiero verla.

—Todavía forma parte de la investigación.

—Es una carta dirigida a mí.

El agente dudó y finalmente le permitió leer la fotografía.

Peter siguió.

“Aunque Reena diga lo contrario, quiero que permanezcas cerca de Drew y Lily.

Últimamente han ocurrido cosas que no comprendo.

Drew comenzó a tener miedo de quedarse solo con ella.

Pensé que eran celos por la llegada de Lily, pero ayer me dijo algo que me preocupa.”

Peter dejó de leer.

—¿Qué dijo Drew?

El agente deslizó hacia la siguiente fotografía.

La carta continuaba.

“Drew dice que Reena lo encierra en el sótano cuando yo estoy trabajando.”

Peter sintió que todo el aire desaparecía.

Aquello había empezado antes de que Aaron muriera.

—Mi hermano lo sabía.

—Sospechaba algo —corrigió el agente.

Peter siguió leyendo.

“Ayer discutí con Reena. Ella lo negó todo.

Esta mañana me prometió que buscaríamos ayuda y que nunca volvería a ocurrir.

Quiero creerle.

Pero si algo me sucede antes de aclararlo, no permitas que te aparte de los niños.”

Peter se llevó una mano a la boca.

Durante tres años había hecho exactamente lo contrario.

Había permitido que Reena lo apartara.

Porque ella le había dicho que eso era lo que Aaron quería.

Su hermano había muerto creyendo que Peter protegería a sus hijos.

Y Peter había pasado tres años respetando una mentira.

—Tenemos que encontrar a Reena.

El agente asintió.

—Ya emitimos una alerta.

Entonces una enfermera salió corriendo de la habitación de Drew.

—Señor Calder.

Peter se giró.

—¿Qué ocurre?

—Drew está muy alterado. Está preguntando por una mochila.

Peter entró inmediatamente.

El niño intentaba incorporarse.

—¡Tenemos que volver!

—Drew, no.

—¡La mochila de papá!

Peter se acercó.

—¿Qué mochila?

Drew respiraba rápidamente.

—La que Reena escondió.

—¿Dónde?

—En la habitación.

Peter intercambió una mirada con el policía.

—¿Qué tiene dentro?

Drew bajó la voz.

—Papá me dijo que nunca dejara que Reena la encontrara.

Peter se quedó inmóvil.

—¿Cuándo te dijo eso?

—Antes de morir.

Aquello no tenía sentido.

Drew apenas tenía tres años entonces.

—¿Estás seguro?

El niño asintió.

—Papá me despertó una noche. Me dijo que si alguna vez tenía miedo, buscara la mochila y fuera contigo.

El agente se acercó.

—Drew, ¿sabes qué hay dentro?

—Una grabadora.

Peter sintió un escalofrío.

—¿Una grabadora?

—Papá grababa cosas.

El niño miró hacia la puerta, aterrorizado.

—Grabó a Reena hablando con un hombre.

Peter se inclinó.

—¿Qué hombre?

Antes de que Drew respondiera, el teléfono del agente sonó.

Contestó.

Su expresión cambió casi inmediatamente.

—¿Cuándo?

Silencio.

—No toquen nada. Vamos para allá.

Colgó.

—¿Qué pasó?

El agente miró a Peter.

—Nuestros compañeros regresaron al sótano para buscar esa mochila.

—¿La encontraron?

—Sí.

Peter sintió que el corazón golpeaba contra sus costillas.

—¿Y la grabadora?

El policía tardó un segundo demasiado largo en responder.

—También.

—Entonces escúchenla.

—Ya lo hicieron.

El rostro del agente se endureció.

—Señor Calder, hay una conversación grabada la noche anterior a la muerte de su hermano.

Peter sintió que las manos se le enfriaban.

—¿Qué dice?

El agente lo miró directamente.

—La voz de Reena dice: “Mañana Aaron ya no será un problema”.

Peter dejó de respirar.

Y antes de que pudiera hacer otra pregunta, Drew comenzó a llorar detrás de él.

—Tío Peter…

Peter se giró.

El niño estaba pálido.

—Ese no es el peor audio.

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