Parte 2: LOS JUEVES DE MI PADRE

—¿Adónde lo llevabas?

Ben finalmente soltó el sobre.

—Al principio, a una escuela.

Lo miré confundido.

—¿Una escuela?

—Una primaria en las afueras de la ciudad.

Nada tenía sentido.

—Mi padre tenía setenta y seis años.

—No iba como alumno.

Ben respiró profundamente.

—Tu padre llevaba ocho años visitando a una niña.

Sentí que el aire se detenía.

—¿Qué niña?

—Abre la carta.

Rompí el sobre.

Dentro había varias hojas y una fotografía.

Antes de leer una sola palabra, miré la imagen.

Mi padre estaba sentado en un banco.

Llevaba sus gafas oscuras y sostenía su bastón.

A su lado había una niña de unos ocho años.

Ella tenía una mano sobre la de él.

Detrás habían escrito:

“Jueves, 14 de septiembre.”

—¿Quién es?

Ben miró hacia la tumba.

—Se llama Grace.

—¿Y qué tenía que ver con mi padre?

—Todo comenzó poco después de que perdió la vista.

Ben señaló la carta.

—Lee.

Reconocí la letra de papá, aunque las líneas eran irregulares.

“Querido Daniel:

Si estás leyendo esto, probablemente estés enfadado porque te mentí durante ocho años.

Antes de juzgarme, necesito contarte algo que debí decirte hace mucho tiempo.”

Me senté en un banco cercano.

Ben permaneció de pie.

Continué.

“Cuando tu madre murió, pensé que conocía todos sus secretos.

Me equivocaba.”

Mis dedos se tensaron.

“Meses después de su funeral encontré una caja escondida entre sus cosas. Había cartas, recibos y una fotografía de una mujer llamada Margaret Cole.”

Miré a Ben.

—¿Conoces ese nombre?

Asintió.

—La conocí después.

Seguí leyendo.

“Margaret había trabajado con tu madre cuando ambas eran jóvenes.

Entre las cartas encontré algo que me costó aceptar.

Años atrás, Margaret tuvo una hija y tu madre la ayudó en secreto durante mucho tiempo.”

Pasé la página.

“Cuando Margaret murió, dejó una hija adulta llamada Rebecca.

Rebecca estaba sola y atravesaba dificultades.

Tu madre había prometido que, si algún día Margaret faltaba, nuestra familia no abandonaría a los suyos.”

Fruncí el ceño.

—¿Grace es hija de Rebecca?

—Sí.

—Entonces ¿por qué mi padre me lo ocultó?

Ben tardó demasiado en responder.

—Porque todavía no llegaste a esa parte.

Volví a la carta.

“Busqué a Rebecca para cumplir la promesa de tu madre.

Cuando la encontré, Grace acababa de nacer.

Rebecca no quería dinero.

Solo quería desaparecer.”

Me detuve.

Aquella frase me produjo un escalofrío.

“Le pregunté por qué.

Entonces me mostró un documento.”

Dentro del sobre había una copia doblada.

Era un certificado de nacimiento.

Busqué el nombre de Grace.

Grace Miller.

Madre:

Rebecca Cole.

Padre:

En blanco.

—No entiendo.

—Continúa —dijo Ben.

Volví a leer.

“Rebecca me pidió que jamás te hablara de Grace.

Al principio acepté.

Después descubrí que estaba enferma.

Dos años más tarde murió.”

Levanté la cabeza.

—¿Grace quedó sola?

—Entró temporalmente en acogimiento —respondió Ben—. Tu padre comenzó a visitarla todos los jueves.

—¿Durante ocho años?

—Todos los que pudo.

Sentí una punzada.

Mientras yo pensaba que papá estaba sentado en consultas médicas, él viajaba hasta una escuela, después a una familia de acogida y finalmente a otro lugar que todavía Ben no me había mencionado.

—¿Por qué no me pidió ayuda?

Ben sonrió con tristeza.

—Porque sabía que la ofrecerías.

—¡Precisamente!

—Y porque Grace le pidió que no lo hiciera.

Aquello me sorprendió.

—¿Una niña?

—Cuando fue suficientemente mayor.

Regresé a la carta.

“Daniel, sé lo que estarás pensando.

¿Por qué esconderte esto?

Porque Rebecca me hizo jurar que Grace nunca entraría en tu vida hasta que ella misma quisiera hacerlo.

Y porque había otra razón.

Una que me avergüenza.”

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

“Durante años creí que tu madre ayudaba a Margaret por amistad.

No era cierto.

La ayudaba por culpa.”

Pasé rápidamente la hoja.

Solo quedaba una página.

“Hay una cosa que debes saber sobre Grace.

No es una desconocida.”

Me quedé inmóvil.

Ben apartó la mirada.

—¿Qué significa eso?

—Termina la carta.

Mis manos comenzaron a temblar.

“Después de la muerte de Rebecca mandé hacer una prueba genética.

No confiaba únicamente en las cartas.

Necesitaba estar seguro.”

Debajo había un informe.

Busqué el resultado.

No entendí inmediatamente los términos.

Hasta que vi un porcentaje.

99,8 %.

—Ben…

No podía continuar.

—¿Qué relación buscaba esa prueba?

Él se sentó finalmente a mi lado.

—La de tu padre con Grace.

Sentí un vacío.

—¿Mi padre era su padre?

—No.

Ben negó.

—El resultado indicaba una relación de abuelo biológico.

Lo miré fijamente.

—Eso significaría que Rebecca…

Mi voz desapareció.

Ben terminó por mí.

—Era hija de tu padre.

Me puse de pie.

—No.

—Daniel…

—Mi padre nunca tuvo otra hija.

—Él tampoco lo sabía.

La historia salió lentamente.

Mucho antes de conocer a mi madre, papá había tenido una relación breve con Margaret.

Terminaron.

Meses después, Margaret descubrió que estaba embarazada.

Nunca se lo contó.

Años más tarde, mi madre descubrió la existencia de Rebecca.

Pero para entonces mis padres ya estaban casados y yo era pequeño.

Mi madre decidió guardar el secreto.

Envió dinero a Margaret durante años.

Mi padre solo descubrió la verdad después de quedarse viudo.

Me senté nuevamente.

—Entonces Grace es…

—Tu sobrina.

Miré la fotografía.

La niña tenía algo familiar.

No sabía si realmente lo veía o si mi mente intentaba encontrarlo.

—¿Dónde está?

Ben no respondió.

—Dijiste que llevabas a papá a una escuela.

—Los primeros años.

—¿Y después?

—Cuando Grace cumplió doce, dejó de vivir con aquella familia.

—¿Por qué?

Ben sacó una segunda fotografía del bolsillo.

Grace era mayor.

Quizá dieciséis.

Estaba junto a mi padre.

Pero no estaban en una escuela.

Detrás aparecía un edificio que reconocí.

El hospital donde supuestamente papá recibía tratamiento.

—¿Está enferma?

—No.

—Entonces ¿qué hacían allí?

Ben respiró profundamente.

—Visitaban a alguien.

—¿A quién?

—A tu padre le costó mucho decidir si debía contártelo.

Sentí que la paciencia desaparecía.

—Ben, mi padre está muerto. Ya no puede explicarme nada. Así que hazlo tú.

Él asintió.

—Hace tres años, Grace comenzó a investigar a su madre.

—¿Y?

—Encontró documentos que tu padre jamás había visto.

—¿Qué documentos?

—Cartas de tu madre.

Mi cuerpo se tensó.

—Mi madre murió hace dieciocho años.

—Las cartas eran anteriores.

Ben sacó una pequeña llave del bolsillo.

La puso en mi palma.

—Tu padre alquiló una caja de seguridad.

—¿Qué contiene?

—Las cartas originales.

—¿Qué dicen?

Ben me miró con una expresión que me inquietó más que cualquier respuesta.

—Que tu madre no ocultó a Rebecca solamente para proteger su matrimonio.

Sentí frío.

—¿Entonces por qué?

Ben miró hacia la tumba de papá.

—Eso es lo que él intentó averiguar durante sus últimos tres años.

Mi teléfono vibró.

Un número desconocido.

Contesté.

—¿Daniel?

Era una voz femenina joven.

—Sí.

Silencio.

—Soy Grace.

Me puse de pie.

—¿Dónde estás?

Ella respiró temblorosamente.

—En el hospital.

Miré inmediatamente a Ben.

—¿Qué haces allí?

Grace comenzó a llorar.

—Tu padre me pidió que viniera hoy si él moría antes de poder llevarte personalmente.

—¿Llevarme adónde?

Hubo un silencio.

Entonces dijo:

—A conocer a la mujer que tu padre visitaba conmigo todos los jueves durante los últimos tres años.

Apreté el teléfono.

—¿Quién?

Grace tardó varios segundos.

—Mi abuela Margaret.

Sentí que el mundo se detenía.

—Eso es imposible. Ben dijo que Margaret murió.

Grace respondió entre lágrimas:

—Eso es lo que tu madre hizo creer a todos.

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