PARTE 2: TRES DÍAS DESPUÉS

No contesté ninguna de las diecisiete llamadas.

La número dieciocho llegó desde Ethan.

La rechacé.

Entonces apareció su mensaje:

“Claire, tenemos que hablar. Esto afecta a cientos de empleados.”

Me quedé mirando aquellas palabras.

Ni una disculpa.

Ni una pregunta sobre dónde estaba.

Ayer yo era una mujer que “no había trabajado en años”.

Hoy, de repente, era responsable del futuro de cientos de empleados.

Daniel leyó el mensaje desde el asiento de enfrente.

—Ha tardado menos de una hora.

—Esperaba que tardara tres días.

—Su director técnico es más inteligente que él.

No pude evitar sonreír.

NestCore no era simplemente un fragmento de código antiguo.

Era la arquitectura sobre la que Zhou Smart Technologies había construido su plataforma inicial: comunicación entre dispositivos, gestión de permisos y protocolos de automatización.

Ethan podía seguir vendiendo productos propios.

Lo que no podía hacer era continuar utilizando mi tecnología después del vencimiento sin una nueva licencia.

Y esta vez no habría licencia gratuita.

Mi teléfono volvió a sonar.

Contesté.

—Claire.

Ethan parecía estar conteniendo la rabia.

—¿Qué hiciste?

—Firmé un contrato.

—¡Con Horizon!

—Sí.

—¿Sabes cuánto daño puedes causarnos?

Miré a Daniel.

—¿“Nos”?

Silencio.

—A la empresa —corrigió Ethan.

—Tu empresa.

—Claire, no juegues conmigo.

—No estoy jugando. Precisamente por eso envié el aviso formal.

Su respiración se volvió pesada.

—Ven a la oficina.

—No.

—Entonces iré a buscarte.

—Tampoco.

—¡Soy tu esposo!

Esta vez sí me reí.

—Revisa el documento que me hiciste firmar.

Colgué.

Dos horas después, Ethan apareció en Horizon Group.

No venía solo.

Su madre estaba con él.

Y también Emma.

Su embarazo apenas se notaba.

Cuando me vio sentada junto a Daniel y tres abogados, su expresión cambió.

Mi suegra golpeó la mesa.

—¡Treinta millones! ¿Estás intentando extorsionar a nuestra familia?

Uno de los abogados de Horizon levantó la cabeza.

—Señora Zhou, tenga cuidado con los términos que utiliza.

Ella palideció.

Ethan dejó una carpeta frente a mí.

—Renueva la licencia durante seis meses. Después negociaremos.

—No.

—Tres meses.

—No.

—¡Claire!

Lo miré tranquilamente.

—La licencia vence dentro de dos días. Horizon posee desde ayer los derechos exclusivos de explotación de la fase uno para sus nuevos proyectos.

Emma se volvió hacia Ethan.

—Me dijiste que esa tecnología era tuya.

Él no respondió.

Entonces ella comprendió algo.

—¿Construiste la empresa utilizando algo de ella?

—Emma, ahora no.

—¡Me dijiste que ella nunca aportó nada!

Mi suegra intervino:

—No permitas que esta mujer nos enfrente.

Emma la miró.

—¿Esta mujer?

Señaló hacia mí.

—Hace veinticuatro horas ustedes me dijeron que Claire era una ama de casa sin capacidad para sobrevivir sola.

Nadie respondió.

Daniel deslizó un documento hacia Ethan.

—Esta es nuestra propuesta.

Ethan lo leyó.

Su rostro se endureció.

—¿Quieren contratarla como directora tecnológica?

—No —respondió Daniel.

Hizo una pausa.

—Claire será fundadora y accionista principal de la nueva compañía. Horizon entra como inversor.

Ethan levantó lentamente la vista hacia mí.

Por primera vez vi algo distinto de arrogancia.

Miedo.

—No puedes competir conmigo.

—No necesito competir contigo.

Cerré mi portátil.

—Solo necesito trabajar.


Al tercer día, la licencia expiró.

A las nueve de la mañana, Zhou Smart Technologies tuvo que suspender nuevas implementaciones que dependían de NestCore hasta resolver la migración tecnológica y sus obligaciones contractuales.

A las diez, dos clientes solicitaron explicaciones.

Al mediodía, el consejo convocó una reunión extraordinaria.

A las dos de la tarde, Ethan apareció frente a mi nuevo apartamento.

Esta vez estaba solo.

Abrí la puerta, pero no lo invité a entrar.

Parecía no haber dormido.

—El consejo quiere que negocie contigo.

—Entonces que hablen con mis abogados.

—No vine como presidente.

—¿Como qué?

Tardó unos segundos.

—Como Ethan.

Casi sentí pena.

Casi.

Sacó nuestro antiguo anillo de su bolsillo.

—Emma y yo terminamos.

—Eso no me interesa.

—Nunca debió ocurrir.

—Pero ocurrió.

—Estaba confundido.

Negué.

—No. Estabas convencido de que podías reemplazarme en casa y conservar gratuitamente todo lo que había construido fuera de ella.

Ethan apretó el anillo.

—Podemos empezar otra vez.

—No.

—Siete años no desaparecen así.

—Exactamente.

Lo miré a los ojos.

—Por eso sé perfectamente quién eres.

Su rostro se quebró.

—Claire…

—Feliz aniversario, Ethan.

Cerré la puerta.


Seis meses después, nuestra empresa presentó el primer sistema desarrollado sobre la siguiente generación de NestCore.

Daniel estaba entre el público.

Cuando terminé la presentación, permaneció esperando mientras periodistas e inversores se acercaban.

Finalmente me entregó una taza de café.

—Treinta millones parecían mucho aquella noche.

—Todavía lo parecen.

—Pues Horizon acaba de valorar tu participación en bastante más.

Sonreí.

Mi teléfono vibró.

Era un correo de mi abogado.

El divorcio estaba definitivamente cerrado.

Debajo había otro mensaje.

Procedía del equipo jurídico que revisaba mis antiguos archivos tecnológicos.

“Claire, encontramos algo que debería ver.”

Abrí el documento adjunto.

Era el registro original de constitución de Zhou Smart Technologies.

Siete años atrás.

Yo recordaba perfectamente aquella época.

Ethan no tenía dinero.

Trabajábamos desde un apartamento diminuto.

Yo escribía código mientras él buscaba clientes.

Pero el documento mostraba algo que jamás había visto.

Una declaración firmada afirmaba que yo había cedido permanentemente ciertos desarrollos futuros a la compañía.

Miré la firma.

Parecía mía.

Pero no lo era.

Daniel vio mi expresión.

—¿Qué pasa?

Amplié la página.

—La licencia no era lo único que Ethan ocultaba.

Llamé inmediatamente al abogado.

—Quiero una revisión completa de todos los documentos presentados durante la fundación.

—Ya la estamos haciendo —respondió—. Y encontramos otra cosa.

—¿Qué?

—La persona que certificó aquella firma sigue trabajando para Zhou Smart Technologies.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

Hubo una pausa.

—El padre de Emma.

Me quedé inmóvil.

Entonces entendí que el embarazo, el mensaje equivocado y el divorcio quizá solo habían destapado una historia mucho más antigua.

Ethan no había empezado a traicionarme en nuestro séptimo aniversario.

Quizá había empezado el mismo día en que fundamos juntos la empresa.

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