PARTE 2: BORRÓ LA TESIS EQUIVOCADA.

El director de Integridad me miró como si acabara de proponer incendiar el edificio.

—¿La policía?

—Sí.

Nadia dejó de llorar.

Ethan dio otro paso hacia mí.

—Olivia, estás llevando esto demasiado lejos.

—¿Por qué?

Lo miré con calma.

—Si Nadia borró mi tesis por accidente, no tiene nada que temer.

Después giré hacia ella.

—Y si yo eliminé mi propio archivo para incriminarla, como acabas de denunciar, entonces deberían investigarme.

Nadia apretó los dedos alrededor de la manga de Ethan.

—No quiero problemas…

—Ya los creaste —respondí.

El orientador frunció el ceño.

—Señorita Lin, esta universidad tiene procedimientos internos.

—Perfecto. Entonces preserven inmediatamente los registros del sistema antes de que alguien intente modificarlos.

El director de Integridad me observó con atención.

—¿Qué registros?

—Inicio de sesión. Historial del equipo. Versiones del archivo. Accesos a la nube. Cámaras de la biblioteca.

La expresión de Nadia cambió.

Solo un instante.

Pero lo vi.

Ethan también.

—Olivia —dijo rápidamente—, basta.

—Todavía no hemos empezado.

El director levantó el teléfono y llamó al departamento técnico.

Treinta minutos después llegó un administrador de sistemas con una computadora portátil.

—Necesito el número del equipo utilizado.

Se lo di.

Nadia comenzó a respirar más rápido.

—No me siento bien.

Ethan inmediatamente la sostuvo.

—¿Ven? Esto es exactamente lo que quería evitar.

El director ni siquiera levantó la vista.

—Señor Jiang, si necesita atención médica podemos llamar a una ambulancia. Pero la revisión continuará.

Nadia negó con rapidez.

—No hace falta.

Aquello fue casi cómico.

Su corazón parecía empeorar únicamente cuando alguien estaba a punto de hacerle una pregunta incómoda.

El técnico abrió los registros.

—Aquí está.

Todos nos acercamos.

—El equipo se utilizó ayer entre las 16:12 y las 16:47.

—¿Qué cuenta estaba abierta? —pregunté.

El técnico leyó.

Después frunció el ceño.

—Ethan Jiang.

El silencio fue inmediato.

Ethan parpadeó.

—¿Qué?

—La sesión pertenecía a usted.

Nadia soltó su brazo.

El orientador se inclinó hacia la pantalla.

—Eso no prueba nada.

—Claro —respondí—. Revisemos el archivo eliminado.

El técnico abrió el historial de sincronización.

Tardó menos de un minuto.

Después apareció un nombre.

“TESIS_FINAL_ETHAN_JIANG_REVISION_04”.

Ethan se quedó inmóvil.

Nadia palideció tanto que incluso dejó de fingir.

—No…

El técnico continuó.

—El archivo fue enviado manualmente a la papelera y después eliminado de forma permanente a las 16:31.

Miré a Ethan.

—Qué mala suerte.

No respondió.

—Parece que perderás un año más para disfrutar de la universidad.

Su rostro se deformó.

—¡Eso no puede ser!

Se lanzó hacia la computadora.

—¡Recupérela!

El técnico levantó una mano.

—No la toque.

—¡Esa era mi versión final!

Lo observé en silencio.

La noche anterior había dicho que una tesis era insignificante.

Ahora parecía dispuesto a derribar la mesa.

—Ethan —dije—, cálmate.

Me miró con furia.

—¡Tú sabías!

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde el momento en que regresé a la biblioteca.

Nadia me miró horrorizada.

—Entonces… ¿por qué no dijiste nada?

—Porque ustedes insistieron en que no había nada que investigar.

La habitación quedó completamente en silencio.

El director de Integridad se volvió hacia Nadia.

—Señorita Kang, ¿eliminó usted ese archivo?

Ella comenzó a llorar.

—Fue un accidente.

—Vaciar la papelera requiere varios pasos.

—No entendía lo que hacía.

El técnico levantó la mirada.

—El sistema también registra que abrió el documento antes de eliminarlo.

Nadia dejó de respirar.

—¿Qué?

—Permaneció abierto cuatro minutos.

El director preguntó:

—¿Aparecía el nombre de Ethan?

El técnico asintió.

—En la portada.

Ahora ni siquiera Ethan podía protegerla.

La miró lentamente.

—Nadia…

Ella retrocedió.

—Yo pensé que era de Olivia.

—¿No viste mi nombre?

—No presté atención.

—¡Estaba en la primera página!

Su voz explotó.

Nadia comenzó a sollozar.

—Solo quería ayudarte.

—¿Ayudarme destruyendo la tesis de mi novia?

Ella cerró la boca.

Demasiado tarde.

Todos habían escuchado.

El director de Integridad se volvió hacia mí.

—Entonces su tesis no fue eliminada.

—No.

—¿Dónde está?

Saqué mi teléfono.

Abrí el portal académico.

Mostré el comprobante.

—Entregada hace siete días.

Fecha.

Hora.

Código de confirmación.

Todo estaba allí.

El orientador palideció.

—¿Por qué no nos dijo esto antes?

Lo miré.

—Porque ustedes ya habían decidido que yo era culpable antes de preguntarme.

Después señalé la carpeta de la denuncia.

—Ahora me gustaría saber quién presentó eso.

El director abrió el expediente.

—La denuncia fue registrada desde una cuenta estudiantil.

Miró la pantalla.

Su expresión se endureció.

—Ethan Jiang.

Giré lentamente hacia él.

Esta vez fue Ethan quien palideció.

—Yo no…

—La cuenta es suya —respondió el director.

Ethan miró a Nadia.

Ella bajó la cabeza.

La respuesta estaba escrita en su rostro.

—¿Usaste mi cuenta?

—Ethan…

—¿Usaste mi contraseña?

Nadia comenzó a llorar otra vez.

—Solo quería que Olivia dejara de atacarme.

Solté una risa breve.

—Yo no había dicho una sola palabra sobre ti.

El director cerró la carpeta.

—Tenemos eliminación intencional de trabajo académico, acceso no autorizado a una cuenta estudiantil y una posible denuncia falsa.

El orientador intervino rápidamente.

—Podemos resolverlo internamente.

—No —dije.

Todos me miraron.

—También quiero que se investiguen mis becas supuestamente “cuestionables” y la relación entre el profesor y Ethan.

El rostro del orientador se volvió gris.

—Eso es una acusación grave.

—Fue usted quien mencionó mis becas.

Saqué otra carpeta.

—Así que revisemos todas.

El director de Integridad tomó los documentos.

Ethan parecía haber olvidado por completo a Nadia.

—¿Y mi tesis?

El técnico negó con la cabeza.

—Podemos intentar recuperar versiones anteriores, pero la última sincronización completa fue hace nueve días.

Ethan retrocedió.

—No.

—El plazo cierra en dos horas y cuarenta minutos.

Lo miré.

Por primera vez en cuatro años, no sentí pena por él.

—Todavía tienes tiempo.

—¡No puedo reescribirla en dos horas!

—Entonces tendrás doce meses más para disfrutar de la vida universitaria.

Sus ojos se clavaron en mí.

—Olivia…

—¿Qué?

—Ayúdame.

Casi no reconocí su voz.

—Tú corregiste mi tesis. Debes tener una copia.

Sí.

La tenía.

Una versión corregida completa estaba guardada en mi almacenamiento personal.

Pero pertenecía a mi trabajo.

A mis horas.

A mi esfuerzo.

Y Ethan acababa de intentar destruir mi futuro para proteger a Nadia.

—Podría tenerla.

Sus ojos se iluminaron.

—Envíamela.

—No.

—¡Olivia!

—Anoche dijiste que si pudieras cambiar tu futuro por la salud de Nadia, lo harías sin dudar.

Miré a Nadia.

—Considera esto tu oportunidad de cumplir tu palabra.

Ethan quedó completamente inmóvil.

El director pidió que ambos entregaran sus teléfonos para preservar pruebas.

Nadia comenzó a gritar.

Ethan ya no la consoló.

Tres semanas después, la investigación terminó.

Nadia admitió haber eliminado el archivo deliberadamente.

También había utilizado la cuenta de Ethan para presentar la denuncia contra mí.

Fue expulsada de todas las instalaciones universitarias mientras se evaluaban otras consecuencias disciplinarias.

El orientador perdió su cargo después de que una revisión encontrara favoritismo en varias recomendaciones de becas relacionadas con su sobrino.

Ethan no logró entregar su tesis a tiempo.

Tuvo que repetir el proceso académico.

Y nuestro compromiso terminó el mismo día.

Cuando vino a buscarme, parecía agotado.

—Perdí todo por Nadia.

Negué.

—No.

Lo miré por última vez.

—Lo perdiste porque cada vez que tuviste que elegir entre la verdad y protegerla, elegiste protegerla.

—Podemos empezar de nuevo.

—No.

—Cuatro años no desaparecen así.

—Tienes razón.

Sonreí ligeramente.

—Me enseñaron exactamente qué clase de hombre eres.

Un mes después llegó mi ceremonia de graduación.

Mis padres regresaron del extranjero.

Cuando Ethan los vio sentados en primera fila junto al director del instituto donde trabajaban, comprendió finalmente otra mentira que había construido sobre mí.

Nunca fui una huérfana sin nadie.

Simplemente nunca necesité utilizar a mi familia para demostrar mi valor.

Cuando pronunciaron mi nombre, subí al escenario.

Recibí mi diploma.

Y antes de bajar, miré por última vez hacia el fondo del auditorio.

Ethan estaba allí.

Sin toga.

Sin diploma.

Sin Nadia.

Solo.

Había dicho que perder un año no significaba perder el futuro.

Quizá tenía razón.

Pero aquel año le costó una tesis, una relación y la certeza de que siempre habría alguien dispuesto a arreglar las consecuencias de sus decisiones.

Yo, en cambio, no perdí nada que realmente necesitara.

Porque Nadia borró la tesis equivocada.

Y Ethan defendió a la persona equivocada.

Pero el error que ninguno de los dos pudo corregir fue haberme subestimado.

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