Me quedé mirando el último mensaje de W.
—¿Ya terminaste de comprobarlo, dueña?
Sentí que quería desaparecer debajo de la mesa.
Levanté lentamente la cabeza.
Víctor seguía observándome.
El mismo hombre al que había llamado arrogante hacía apenas unos minutos.
El mismo hermano mayor de mi mejor amiga.
El mismo hombre que, durante meses, había escuchado mis problemas, celebrado mis pequeños triunfos y financiado el refugio cuando pensé que tendría que cerrarlo.
W.
Era Víctor Song.
—¿Estás bien? —preguntó Kiara.
—Perfectamente.
Mi voz salió demasiado aguda.
Víctor arqueó apenas una ceja.
Quise lanzarle el vaso.
En cambio, escribí debajo de la mesa:
—¿Desde cuándo lo sabes?
Su teléfono vibró.
Víctor respondió sin apartar los ojos de mí.
—Desde que subiste al automóvil esta mañana.
Casi dejé caer el teléfono otra vez.
—¿Y no dijiste nada?
—Quería ver cuánto tardabas en descubrirlo.
—¡Víctor Song!
Todos dejaron de comer.
La señora Song me miró sorprendida.
—¿Ocurre algo?
—Nada.
Miré a Víctor con una sonrisa que probablemente parecía una amenaza.
—Solo recordé que su hijo es una persona extremadamente… paciente.
Adrián soltó una carcajada.
—¿Víctor? ¿Paciente?
Víctor tomó tranquilamente su vaso.
—Depende de la persona.
Mi teléfono vibró.
—Y deja de mirarme así. Tú empezaste el juego.
Sentí calor en las mejillas al recordar mis mensajes de aquella mañana.
Había estado provocando al hermano de mi mejor amiga sin saberlo.
Quería regresar seis meses atrás y arrojar mi teléfono al río.
Natalia rompió el silencio.
—Víctor, ¿mañana seguimos con la cena que nuestras familias organizaron?
Él dejó el vaso sobre la mesa.
—No.
La sonrisa de Natalia se congeló.
—¿No?
—Creo que hubo un malentendido.
La señora Song frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Víctor respondió con naturalidad:
—Ya tengo pareja.
Casi me atraganté.
Kiara abrió los ojos.
—¿¡Tienes novia!?
Adrián golpeó la mesa.
—¡Sabía que ocultabas algo!
Natalia palideció.
—Nunca mencionaste a ninguna mujer.
—Porque mi vida privada no necesitaba aprobación.
Kiara prácticamente saltaba sobre la silla.
—¿Quién es? ¿La conocemos?
Víctor me miró.
Yo negué frenéticamente.
Ni se te ocurra.
Pareció entenderlo.
—La presentaré cuando ella esté preparada.
La señora Song sonrió inmediatamente.
—Entonces tráela a casa.
—Ya está aquí.
Se hizo silencio.
Cerré los ojos.
Traidor.
Kiara miró alrededor.
Después me miró a mí.
Luego a Víctor.
Y nuevamente a mí.
—Espera…
Me levanté de golpe.
—Necesito aire.
Salí al jardín antes de que alguien pudiera detenerme.
Escuché pasos detrás.
No necesitaba girarme para saber quién era.
—No me sigas.
Víctor se detuvo a varios pasos de distancia.
—De acuerdo.
Eso me irritó todavía más.
Me volví.
—¿Por qué nunca me dijiste quién eras?
—Por la misma razón que tú nunca me dijiste que eras la mejor amiga de mi hermana.

—¡Yo no sabía que tú eras su hermano!
—Y yo no sabía quién eras cuando empezamos a hablar.
Su expresión se volvió seria.
—Cuando lo descubrí, ya estábamos juntos.
—Podrías haberme contado la verdad.
—Sí.
Aquella respuesta me sorprendió.
Esperaba excusas.
Víctor bajó la mirada.
—Debí hacerlo.
Mi enojo perdió fuerza.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste?
Guardó silencio unos segundos.
—Porque sabía cómo me veía la gente.
Señaló la enorme residencia detrás de nosotros.
—Víctor Song. El heredero. El hombre de la familia poderosa. Todo eso aparecía antes que yo.
Después me miró.
—Contigo era simplemente W.
Recordé nuestras conversaciones nocturnas.
Yo tampoco había tratado a W como un heredero.
Cuando estaba agotado, le decía que descansara.
Cuando parecía triste, le enviaba fotografías de animales del refugio.
Cuando me confesó que odiaba regresar a una casa vacía, hablamos hasta el amanecer.
Nunca había pensado en su dinero.
Solo en él.
—¿Y el millón que donaste?
—Lo habría donado aunque nunca hubieras aceptado salir conmigo.
—¿Por qué?
—Porque vi cuánto luchabas por mantener vivo aquel proyecto.
Su respuesta desarmó la última parte de mi enojo.
Entonces recordé algo.
El hotel.
Me cubrí el rostro inmediatamente.
—No.
Víctor pareció contener una sonrisa.
—¿Qué?
—No menciones esta mañana.
—Yo no he mencionado nada.
—Nunca.
—Está bien.
—Quiero decir jamás.
—Entendido.
Lo señalé.
—Y borra cualquier cosa vergonzosa que te haya escrito durante estos seis meses.
Esta vez sí sonrió.
—Eso no.
—¡Víctor!
Escuchamos un ruido detrás.
Kiara estaba junto a la puerta del jardín.
Adrián estaba detrás de ella.
Los dos nos miraban con la boca abierta.
—¿SEIS MESES? —gritó Kiara.
Quise morir.
Una hora después, toda la familia Song conocía la historia.
Bueno.
Una versión muy cuidadosamente editada de la historia.
Kiara pasó de la incredulidad a la indignación.
—¡Eres mi mejor amiga y estabas saliendo con mi hermano!
—¡No sabía que era tu hermano!
Se volvió hacia Víctor.
—¡Y tú estabas saliendo con mi mejor amiga!
—Tampoco lo sabía al principio.
Adrián estaba encantado.
—Esta es la mejor cena familiar de mi vida.
Natalia se marchó poco después.
Antes de hacerlo, me observó durante varios segundos.
Esperaba desprecio.
Pero simplemente dijo:
—Ahora entiendo por qué nunca conseguí que me mirara de esa manera.
Después salió.
Cuando llegó el momento de regresar a casa, Kiara quiso llevarme.
Víctor tomó las llaves primero.
—Yo la llevo.
—Ni hablar —respondí.
Él me miró.
—Tenemos que conversar.
Kiara me empujó suavemente hacia la puerta.
—Vete.
La traidora estaba sonriendo.
Durante el camino permanecimos en silencio.
Finalmente Víctor habló.
—Nuestra cita sigue programada para la próxima semana.
Lo miré.
—¿Hablas en serio?
—La prometimos.
—Pero ya nos conocemos.
—No realmente.
Detuvo el automóvil frente a mi edificio.
—Tú conoces a W. Yo conozco a la chica detrás de la pantalla.
Su mirada se suavizó.
—Ahora quiero conocerte sin teléfonos entre nosotros.
Mi corazón volvió a acelerarse.
—¿Y si el Víctor real no me gusta?
—Entonces aceptaré tu decisión.
—¿Y si tú descubres que yo no te gusto?
Negó lentamente.
—Eso ya lo comprobé.
Bajé la mirada para esconder mi sonrisa.
Antes de abrir la puerta, recordé algo.
—Víctor.
—¿Sí?
—Esta mañana dijiste que tenías un asunto personal urgente.
Por primera vez, el hombre más imperturbable de la familia Song pareció incómodo.
Lo comprendí inmediatamente.
—¡No puede ser!
Abrí la puerta.
—Buenas noches.
—Espera.
—Nos vemos la próxima semana.
—¿Entonces aceptas la cita?
Me giré hacia él.
—Tal vez.
Su teléfono vibró.
Acababa de enviarle un mensaje.
Víctor lo abrió.
Solo había escrito:
—La próxima vez que quieras impresionarme, empieza por decirme tu verdadero nombre.
Levantó la mirada.
Yo sonreí.
Una semana después tuvimos nuestra primera cita real.
Sin identidades ocultas.
Sin W.
Sin secretos.
Meses más tarde, cuando nuestra relación ya era conocida por ambas familias, Kiara todavía se quejaba de que yo había conseguido conquistar al hermano que todos consideraban imposible.
Pero ella nunca supo toda la verdad.
Nunca le contamos cómo comenzó realmente nuestra historia.
Y cada vez que preguntaba por qué Víctor sonreía cuando alguien mencionaba aquel hotel, los dos cambiábamos inmediatamente de tema.
Porque había cosas que pertenecían al pasado.
Lo importante era que aquel extraño novio virtual que había aparecido en mi vida detrás de una pantalla finalmente tenía rostro, nombre y una historia verdadera.
Y resultó que siempre había estado mucho más cerca de mí de lo que jamás imaginé.