PARTE 2: LA MUJER QUE ÉL ABANDONÓ DECIDÍA AHORA SU DESTINO.

Ethan permaneció inmóvil frente a la entrada de Northstar Global.

Por primera vez desde que lo conocía, no encontró una respuesta inmediata.

Miró al gerente general.

Después a los ejecutivos que me rodeaban.

Finalmente volvió a mirarme.

—¿Tú fundaste Northstar?

—Eso acaba de decir.

Su asistente se acercó rápidamente y le susurró algo al oído.

El rostro de Ethan perdió todavía más color.

Northstar Global no era simplemente una empresa exitosa. En cinco años habíamos construido una red de comercio electrónico, logística y distribución que conectaba seis países.

Y ahora controlábamos uno de los fondos de inversión más agresivos de la región.

El mismo fondo al que Ethan había pedido doscientos millones para evitar que su compañía colapsara.

—Clara, tenemos que hablar.

—Señor Lu.

Mi voz hizo que se detuviera.

—Aquí soy la señorita Lin.

El gerente general abrió la puerta.

—Presidenta, el consejo la espera.

Pasé junto a Ethan sin mirarlo.

Cinco años atrás había abandonado aquella ciudad sintiendo que mi vida había terminado.

Ahora él esperaba fuera de mi sala de juntas pidiendo permiso para entrar.


Veinte minutos después, Ethan estaba sentado frente a mí.

Entre nosotros había una mesa de doce metros y quince miembros del comité de inversiones.

Su empresa, Lu Technologies, aparecía proyectada en la pantalla.

Las cifras eran peores de lo que esperaba.

Deuda creciente.

Tres proyectos cancelados.

Dos demandas pendientes.

Problemas de liquidez.

Sin una inyección inmediata de capital, probablemente no sobrevivirían al siguiente trimestre.

Ethan terminó su presentación.

—Con la inversión de Northstar podemos completar nuestra reestructuración en dieciocho meses.

Uno de mis directores preguntó:

—¿Qué garantía ofrece?

Ethan respondió con seguridad.

—Mi participación personal.

—¿Toda?

Hubo una pausa.

—El cuarenta por ciento.

Cerré el informe.

—No es suficiente.

Ethan me miró.

—Clara…

—Señor Lu.

Apretó la mandíbula.

—Señorita Lin, podemos negociar.

—Eso estamos haciendo.

Me levanté.

—Northstar comunicará su decisión después de revisar la auditoría.

—Necesito una respuesta esta semana.

—Su urgencia no modifica nuestro procedimiento.

Salí de la sala.

Ethan me siguió hasta el pasillo.

—¡Clara!

Me detuve.

—¿Estás disfrutando esto?

Giré lentamente.

—¿Disfrutando qué?

—Verme pedirte dinero.

—No me estás pidiendo dinero a mí. Estás solicitando capital a una empresa.

—No finjas que esto no es personal.

Lo observé durante unos segundos.

—Precisamente porque alguna vez fue personal, no tomaré ninguna decisión basada en lo que siento por ti.

Eso pareció herirlo más que cualquier insulto.

—¿Cómo hiciste todo esto?

—Trabajando.

—Hace cinco años no tenías nada.

—Tenía algo.

—¿Qué?

—La oportunidad de empezar lejos de ti.

Entré en el ascensor.

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Antes de desaparecer, vi a Ethan completamente solo en el pasillo.


Aquella tarde regresé al hospital.

Mi madre estaba despierta.

Noah estaba sentado junto a ella.

—La doctora dice que quizá pueda volver a casa pronto —dijo.

Sonreí.

—Eso es maravilloso.

Pero Noah no parecía tranquilo.

Esperó hasta que mamá se quedó dormida y me pidió que saliéramos al pasillo.

—Ethan vino esta mañana.

Mi expresión cambió.

—¿Aquí?

—Preguntó por ti.

—No quiero que vuelva.

Noah asintió.

Después bajó la voz.

—Hay otra cosa.

—¿Qué?

—La empresa de Ethan está prácticamente quebrada.

—Ya lo sé.

Noah me miró sorprendido.

—¿Cómo?

—Solicitó inversión a Northstar.

Abrió los ojos.

—Entonces…

—Yo decidiré si recibe el dinero.

Noah soltó una pequeña carcajada incrédula.

Pero rápidamente volvió a ponerse serio.

—Clara, ten cuidado.

—¿Con Ethan?

—Con Olivia.

Fruncí el ceño.

—¿Qué tiene que ver ella?

Noah miró hacia la habitación de mamá antes de responder.

—No todo es como parece.

Sentí una punzada incómoda.

—Habla.

—El niño que viste en el aeropuerto…

Se detuvo.

—¿Qué pasa con él?

Antes de que pudiera responder, una voz apareció detrás de nosotros.

—Noah.

Olivia estaba al final del pasillo.

Tenía los ojos llenos de miedo.

—No se lo digas.

Me giré hacia ella.

—¿Decirme qué?

Olivia permaneció callada.

—Cinco años —dije—. Creo que ya han tenido suficiente tiempo para ocultarme cosas.

—Clara, por favor.

—¿Ethan es el padre del niño?

Ella bajó la mirada.

Aquello fue suficiente para despertar algo dentro de mí.

—Respóndeme.

—No.

La palabra apenas fue audible.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué?

Olivia comenzó a llorar.

—Ethan no es su padre.

Toda la historia que había construido en mi cabeza desde el aeropuerto se derrumbó de golpe.

—Entonces, ¿por qué estaban juntos?

—Porque Ethan me estaba ayudando.

—¿Ayudándote con qué?

Olivia abrió la boca.

Pero no respondió.

En ese momento mi teléfono vibró.

Era el director financiero de Northstar.

—Presidenta Lin, encontramos algo durante la auditoría de Lu Technologies.

—¿Qué cosa?

—Transferencias realizadas hace cinco años. Justo durante su divorcio.

Mi respiración se detuvo.

—Continúe.

—Hay pagos vinculados a una cuenta a nombre de Olivia Lin.

Miré a mi hermana.

Ella había escuchado.

Su rostro quedó completamente blanco.

—¿Cuánto?

El director respondió.

La cifra era enorme.

Demasiado grande para ser una casualidad.

Colgué lentamente.

—Olivia.

Ella retrocedió.

—Puedo explicarlo.

—Entonces hazlo.

—No aquí.

—Ahora.

Las lágrimas recorrieron sus mejillas.

—Ese dinero no era para mí.

—¿Entonces para quién?

Olivia miró hacia la habitación donde dormía nuestra madre.

Después hacia Noah.

Finalmente me miró.

—Ethan me pagó para que tú nunca descubrieras la verdadera razón por la que te pidió el divorcio.

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

—¿Qué verdadera razón?

Olivia respiró profundamente.

—Cinco años atrás, Ethan descubrió algo sobre nuestra familia.

—¿Qué?

Ella negó con la cabeza.

—Tienes que preguntárselo a mamá.

Entramos en la habitación.

Mi madre ya estaba despierta.

Había escuchado suficiente.

Su rostro estaba cubierto de lágrimas.

—Mamá —dije—, dime la verdad.

Ella cerró los ojos.

—Pensé que nunca tendrías que saberlo.

—¿Saber qué?

Mi madre tomó mi mano.

Sus dedos temblaban.

—Que Ethan no te abandonó porque hubiera dejado de amarte.

Mi corazón golpeó con fuerza.

—Entonces, ¿por qué?

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió.

Ethan estaba allí.

Había escuchado la última pregunta.

Miró a mi madre.

Luego a Olivia.

Y finalmente a mí.

—Porque si me quedaba contigo —dijo con voz quebrada—, tú habrías perdido todo lo que acabas de construir.

Lo miré sin comprender.

Ethan sacó un viejo sobre de su chaqueta.

Mi nombre estaba escrito en él.

Reconocí inmediatamente la letra.

Era de mi padre.

Un hombre que llevaba más de diez años muerto.

Ethan colocó el sobre en mis manos.

—Tu padre me hizo prometer que jamás te lo entregaría.

Mis dedos comenzaron a temblar.

—Entonces, ¿por qué ahora?

Ethan miró hacia mi madre.

Ella comenzó a llorar.

—Porque alguien volvió a buscar a Clara.

El silencio se volvió insoportable.

—¿Quién?

Ethan respiró profundamente.

Y cuando pronunció el nombre de la persona que llevaba cinco años intentando mantener lejos de mí, comprendí que nuestro divorcio nunca había sido el verdadero secreto.

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