PARTE 2: EL HOMBRE A SU DERECHA ERA EL VERDADERO PADRE.

Ethan volvió a leer el informe.

Una vez.

Dos veces.

Tres.

0,00 %.

Aquella cifra parecía burlarse de él desde el papel.

—No puede ser…

Pasó desesperadamente las páginas buscando algún error, alguna nota que dijera que las muestras habían sido confundidas.

Entonces llegó a la última hoja.

Allí aparecía el segundo resultado.

La comparación con otra muestra había arrojado una coincidencia casi absoluta.

Ethan dejó de respirar.

El nombre escrito debajo era uno que conocía demasiado bien.

Michael Grant.

Su mejor amigo.

Cofundador de CrossTech.

Vicepresidente ejecutivo.

El hombre que había estado sentado a su derecha durante ocho años.

Ethan dejó caer las hojas.

—Hijo de…

Su teléfono comenzó a sonar.

Era el hospital.

Contestó inmediatamente.

—¿Dónde está Michael?

—¿Señor Cross?

—¡Dígame dónde está Michael Grant!

La enfermera guardó silencio unos segundos.

—El señor Grant acaba de llegar.

Ethan salió de la mansión sin siquiera cerrar la caja fuerte.


Michael caminaba por el pasillo de maternidad cuando vio aparecer a Ethan.

Los guardaespaldas seguían allí.

Pero esta vez ninguno sabía qué hacer.

—Ethan.

Michael apenas terminó de pronunciar su nombre cuando Ethan arrojó el informe sobre su pecho.

Las hojas cayeron al suelo.

—Explícamelo.

Michael miró los documentos.

Su rostro cambió.

Y ese pequeño gesto fue suficiente.

No hubo sorpresa.

Solo miedo.

Ethan comprendió inmediatamente que Olivia había dicho la verdad.

—¿Desde cuándo?

Michael levantó la mirada.

—Aquí no.

—¿DESDE CUÁNDO?

Varios empleados del hospital se detuvieron.

Michael respiró profundamente.

—Casi dos años.

Ethan retrocedió como si acabaran de golpearlo.

Laura había trabajado como su asistente durante tres años.

Michael había sido su amigo desde la universidad.

Ambos habían cenado en su casa.

Habían viajado con él.

Habían celebrado juntos cada aniversario de CrossTech.

Y mientras Ethan engañaba a su esposa, su mejor amigo lo engañaba a él.

La ironía era demasiado cruel.

—¿El bebé es tuyo?

Michael no respondió.

Ethan soltó una risa vacía.

—Claro que sí.

En ese momento se abrió la puerta de la habitación.

Laura apareció acompañada por una enfermera.

Al ver a ambos hombres, palideció.

—Ethan…

—No pronuncies mi nombre.

Laura miró el informe tirado en el suelo.

Comprendió todo.

—Puedo explicarlo.

—Perfecto. Empieza.

Michael intervino.

—Ethan, tranquilízate.

Ethan giró hacia él.

—¿Quieres decirme que me tranquilice después de acostarte con la mujer que llevaba meses diciéndome que esperaba a mi hijo?

Laura comenzó a llorar.

—Yo quería decírtelo.

—¿Cuándo? ¿Después de que reconociera legalmente al bebé?

Ella bajó la mirada.

Y entonces Ethan comprendió que había algo más.

—¿Qué estaban planeando?

Nadie respondió.

—¿QUÉ ESTABAN PLANEANDO?

Michael apretó la mandíbula.

Pero Laura fue quien finalmente habló.

—Las acciones.

Ethan se quedó inmóvil.

—¿Qué acciones?

Laura comenzó a temblar.

—Las que pensabas transferir al fideicomiso del bebé.

El rostro de Ethan se volvió blanco.

Semanas atrás había preparado documentos para transferir parte de sus acciones a un fondo destinado a su supuesto hijo.

Si hubiera firmado después del nacimiento…

Michael habría terminado controlando indirectamente una parte significativa de CrossTech.

No había sido solamente una infidelidad.

Habían intentado utilizarlo.

Su teléfono volvió a sonar.

Esta vez era el director financiero.

—Señor Cross, necesitamos que regrese inmediatamente.

—¿Ahora qué?

—Tres clientes internacionales acaban de suspender renovaciones.

Ethan cerró los ojos.

—¿Por qué?

—Dicen que quieren hablar directamente con la señora Cross antes de continuar.

Silencio.

—Olivia ya no trabaja aquí.

—Precisamente ese es el problema.

El director financiero tragó saliva.

—Señor… esos clientes nunca fueron realmente leales a CrossTech.

Ethan sintió un escalofrío.

—¿Qué quieres decir?

—Eran leales a Olivia.


Mientras tanto, yo estaba a diez mil metros de altura.

No sentía necesidad de saber qué estaba haciendo Ethan.

Durante cinco años había vivido pendiente de sus decisiones.

Eso había terminado.

Mi teléfono comenzó a recibir mensajes en cuanto el avión tuvo conexión.

Clientes.

Inversionistas.

Antiguos socios.

Todos hacían la misma pregunta.

“¿Cuál será tu próximo proyecto?”

Sonreí.

Ellos ya sabían algo que Ethan jamás había comprendido.

CrossTech no había crecido solamente gracias a su tecnología.

Había crecido porque yo había conseguido que las personas confiaran en nosotros.

Y la confianza no figuraba en ningún balance financiero.

Abrí mi computadora.

Un documento esperaba mi firma.

Northstar Technologies.

Mi nueva empresa.

Llevaba meses preparándola discretamente, utilizando únicamente recursos que me pertenecían.

No quería destruir CrossTech por despecho.

Quería construir algo que demostrara cuánto había aportado realmente.

Firmé.

Treinta segundos después, Northstar existía oficialmente.


Ethan regresó a CrossTech esa tarde.

La situación era peor.

Las acciones continuaban cayendo.

Dos bancos habían solicitado revisar las líneas de crédito.

El consejo había convocado una reunión de emergencia.

Y Michael no estaba allí.

—¿Dónde está Grant? —preguntó Ethan.

Nadie respondió.

Hasta que la directora jurídica deslizó una carta sobre la mesa.

—Renunció esta mañana.

Ethan abrió el documento.

Michael había vendido parte de sus acciones semanas antes.

—¿Por qué nadie me informó?

—Porque usted estaba concentrado en asuntos personales.

La frase dolió.

Durante meses, Ethan había abandonado reuniones para acompañar a Laura.

Había delegado contratos.

Había ignorado advertencias.

Y Olivia había cubierto silenciosamente cada vacío.

Hasta que dejó de hacerlo.

La pantalla principal se encendió.

El precio de CrossTech volvió a caer.

Entonces apareció una noticia financiera.

“OLIVIA CROSS FUNDA NORTHSTAR TECHNOLOGIES.”

Ethan se levantó.

—No…

Debajo apareció otra línea.

“TRES DE LOS MAYORES CLIENTES INTERNACIONALES DE CROSSTECH INICIAN NEGOCIACIONES CON NORTHSTAR.”

La sala quedó completamente silenciosa.

Ethan comprendió finalmente lo que había perdido.

No una esposa.

No unas acciones.

Había perdido a la persona que mantenía unido su imperio.


Tres meses después, Northstar ya había firmado contratos importantes.

CrossTech, en cambio, enfrentaba una reestructuración.

Michael había quedado fuera de ambas compañías.

Laura terminó admitiendo que él era el padre del bebé y que ambos habían esperado aprovechar la confianza de Ethan para asegurar una posición económica.

Yo no necesité intervenir.

Ellos mismos habían destruido su plan.

Una mañana recibí una llamada inesperada.

Era Ethan.

No contesté.

Dejó un mensaje.

“Olivia, necesito hablar contigo. Solo una vez.”

Lo escuché completo.

Después lo eliminé.

Marcus, mi nuevo director financiero, entró en mi oficina.

—El consejo de CrossTech acaba de enviar una propuesta.

—¿Qué quieren?

Dejó una carpeta frente a mí.

—Que Northstar compre la compañía.

Miré el documento.

Qué extraño era el destino.

Cinco años atrás, Ethan y yo habíamos construido CrossTech desde dos escritorios baratos.

Meses atrás había puesto veinte guardaespaldas frente a una sala de partos porque pensaba que yo sería incapaz de controlar mis emociones.

Ahora su propio consejo quería entregarme aquello que él había intentado proteger de mí.

Tomé un bolígrafo.

—¿Qué recomienda el equipo?

—Comprar sus patentes útiles, conservar a los empleados y retirar la antigua dirección.

—¿Incluido Ethan?

—Especialmente Ethan.

Firmé la autorización.

Semanas después, la operación quedó completada.

Ethan abandonó el edificio cargando una pequeña caja con sus pertenencias.

Yo entré por otra puerta para reunirme con los empleados que conservarían sus puestos.

Nunca nos cruzamos.

Y preferí que fuera así.

Porque aquella historia nunca había sido sobre vengarme de una amante.

Ni sobre humillar a un marido infiel.

Era sobre dejar de sostener un imperio construido por un hombre que jamás quiso reconocer quién mantenía realmente sus cimientos.

Aquella noche observé desde mi oficina el logotipo de Northstar iluminando el edificio.

Recordé los veinte guardaespaldas.

La sala de partos.

La caja fuerte vacía.

El informe de ADN.

Y sonreí.

Ethan había protegido con veinte hombres la puerta detrás de la cual creía que estaba su futuro.

Mientras tanto, su verdadero futuro había subido tranquilamente a un avión y se había marchado para siempre.

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