La palabra “policía” cambió el ambiente de la oficina.
Nadia dejó de llorar.
Ethan perdió aquella expresión de superioridad.
—Olivia —dijo—. Esto es un asunto universitario. No necesitas convertirlo en algo criminal.
—¿Por qué no?
Levanté el teléfono.
—Alguien accedió a una computadora ajena, eliminó archivos y después presentó una denuncia falsa contra mí. Quiero que quede registrado.
El director de Integridad intervino.
—Primero revisaremos los registros internos.
—Perfecto.
Guardé el teléfono.
—Empiecen por la computadora de la biblioteca.
Un técnico fue llamado.
Quince minutos después regresó con el registro de actividad.
—La sesión estaba abierta a nombre de…
Se detuvo.
Miró a Ethan.
—Ethan Jiang.
El silencio fue inmediato.
Ethan frunció el ceño.
—¿Qué?
El técnico giró la pantalla.
—El archivo eliminado se llamaba “Versión final”. Pero pertenece a su cuenta universitaria.
Nadia palideció.
—No… Olivia estaba usando esa computadora.
—Correcto —respondí—. Porque Ethan me pidió que corrigiera su tesis.
Ethan se abalanzó hacia la pantalla.
El técnico abrió el historial.
Autor del documento: Ethan Jiang.
Número de estudiante: el suyo.
Proyecto: el suyo.
Última copia local completa: eliminada.
Ethan dejó de respirar.
—Recupérela.
—La papelera fue vaciada.
—¡Entonces restaure una versión anterior!
El técnico negó lentamente.
—La sincronización también fue eliminada desde esa sesión.
Ethan giró hacia Nadia.
Por primera vez desde que la conocía, no había ternura en sus ojos.
—¿Qué hiciste?
Nadia comenzó a temblar.
—Yo pensé que era de Olivia.
—¡ERA MI TESIS!
Su grito hizo que todos se sobresaltaran.
Yo permanecí sentada.
—Ethan.
Me miró.
—No te alteres. Nadia tiene el corazón delicado.
Su rostro se endureció.
—Esto no tiene gracia.
—¿Por qué?
Repetí exactamente sus palabras.
—En el peor de los casos retrasarás tu graduación un año. Tendrás doce meses más para disfrutar de la vida universitaria. Podrías verlo como una bendición.
Nadie habló.
Ethan parecía querer atravesarme con la mirada.
—Tú sabías.
—Desde el principio.
—¡¿Y no dijiste nada?!
—Te pregunté si querías investigar.
Me levanté.
—Dijiste que no.
Nadia comenzó a llorar de verdad.
—Ethan, fue un accidente…
Él retrocedió cuando intentó tocarlo.
—¿Un accidente?
—Pensé que era de ella.
Aquella frase terminó de destruirla.
El director levantó la cabeza.
—¿Cómo dice?
Nadia comprendió demasiado tarde lo que acababa de admitir.
—Yo… quiero decir…
—Acaba de afirmar que pensaba que el documento pertenecía a Olivia.
El técnico añadió:
—Y los registros muestran varias acciones manuales para eliminarlo. No fue simplemente pulsar una tecla equivocada.
El director miró a Nadia.
—¿Entonces su intención era borrar deliberadamente la tesis de otra estudiante?
Nadia comenzó a respirar rápidamente.
Se llevó una mano al pecho.
Ethan dio un paso hacia ella por costumbre.
Después miró la pantalla con su tesis desaparecida.
Y se detuvo.
Qué curioso.
Su enfermedad cardíaca había sido razón suficiente para sacrificar mi futuro.
Pero cuando el futuro perdido era el suyo, de repente la compasión tenía límites.
Todavía quedaba la denuncia contra mí.
El director llamó al número que le había proporcionado.
Mi expediente escolar fue confirmado.
Después revisaron el historial de versiones de mi tesis.
Meses de modificaciones.
Referencias.
Notas del tutor.
Borradores.
Correcciones.
Todo estaba registrado.
Finalmente preguntaron:
—¿Cuándo entregó su tesis?
—La semana pasada.
El orientador levantó bruscamente la cabeza.
—¿Ya estaba entregada?
—Sí.
Abrí el correo institucional.
Ahí estaba el comprobante con fecha y hora.
El director permaneció unos segundos en silencio.
Después miró a Ethan.
—Entonces su declaración de que la señorita Lin eliminó su propio trabajo para incriminar a Nadia es imposible.

Ethan no respondió.
—Y usted afirmó haber leído “la tesis de Olivia” hace años.
—Yo…
—¿Cómo leyó hace años una tesis que comenzó oficialmente este semestre?
La cara de Ethan perdió todo color.
Había mentido tanto para proteger a Nadia que ni siquiera se había preocupado por hacer coherentes sus mentiras.
Después investigaron la denuncia anónima.
No tardaron demasiado.
Había sido enviada desde una conexión vinculada a la residencia universitaria de Ethan.
Él juró no haberla presentado.
Nadia también lo negó.
Hasta que revisaron mensajes.
Uno enviado por ella la noche anterior decía:
“Si conseguimos que investiguen a Olivia, quizá deje de atacarme.”
La respuesta de Ethan:
“Haz lo que necesites. Yo testificaré.”
El orientador dejó de defenderlos.
Especialmente cuando la investigación comenzó a revisar también las becas que yo había mencionado.
De repente, todos querían distancia.
Ethan no pudo entregar su tesis a tiempo.
Su graduación quedó aplazada mientras se resolvían las infracciones académicas relacionadas con el incidente.
Nadia enfrentó su propio proceso disciplinario por acceder y eliminar deliberadamente archivos ajenos y por su participación en la denuncia falsa.
Yo no pedí ningún favor.
No necesitaba hacerlo.
Solo pedí que conservaran los registros.
Los hechos hicieron el resto.
Una semana después salí de mi ceremonia de graduación y encontré a Ethan esperándome.
Parecía no haber dormido.
—Olivia.
Seguí caminando.
—Espera.
Me alcanzó.
—Podemos arreglar esto.
Me detuve.
—¿Qué exactamente?
—Nosotros.
Casi sentí lástima.
Casi.
—Durante cuatro años pensé que Nadia era simplemente alguien importante para ti.
Lo miré directamente.
—Ahora entiendo que el problema nunca fue ella.
—Fuiste tú.
Ethan apretó la mandíbula.
—Cometí un error.
—No.
Negué.
—Un error habría sido defenderla cinco minutos antes de conocer los hechos.
—Tú conociste las consecuencias y aun así decidiste que mi futuro valía menos que sus sentimientos.
Se quedó callado.
—Después mentiste para conseguir que me sancionaran.
No tuvo respuesta.
Me quité la pulsera que me había regalado por nuestro tercer aniversario.
La puse en su mano.
—Espero que disfrutes ese año extra de universidad.
Sus dedos se cerraron alrededor de ella.
—Olivia…
Sonreí.
—Míralo como una bendición.
Y me marché.
Detrás de mí no escuché pasos.
Por primera vez, Ethan no corrió detrás de Nadia.
Tampoco detrás de mí.
Se quedó exactamente donde sus propias decisiones lo habían dejado.
Solo.
Meses después recibí una oferta para continuar mis estudios en el instituto donde trabajaban mis padres.
La acepté.
No porque necesitara que ellos arreglaran mi vida.
Sino porque finalmente entendí que demostrar independencia nunca debió significar quedarme junto a personas que deseaban verme fracasar.
Nadia quiso borrar mi futuro.
Ethan decidió ayudarla.
El único detalle que ninguno comprobó fue el más importante:
el futuro que habían destruido no era el mío.