PARTE 2: LA ESPOSA QUE ÉL DESPRECIÓ ERA DUEÑA DE SU IMPERIO.

Salí del salón sin mirar atrás.

Apenas llegué al ascensor, mi teléfono vibró.

Mi abogado había recibido una sola instrucción de mi parte:

“Ejecuta todo.”

Durante tres años había permitido que Sebastian utilizara los recursos de mi familia porque creía que estábamos construyendo algo juntos.

Las patentes de Foster Group pertenecían originalmente a una empresa fundada por mi padre.

Dos de sus contratos más importantes existían gracias a mis conexiones.

Y el cuarenta y dos por ciento de las acciones estaba registrado a mi nombre.

Sebastian nunca se preocupó por esos detalles.

Para él, yo era simplemente su esposa.

Aquella mañana descubriría cuánto costaba realmente perderme.


Veinte minutos después, Sebastian recibió el primer correo.

Yo todavía estaba en el automóvil cuando mi abogado me llamó.

—Amanda, Foster Group acaba de confirmar la recepción del acuerdo de divorcio.

—¿Y Sebastian?

Mi abogado soltó una breve risa.

—Se negó a firmarlo.

No me sorprendió.

—¿Qué dijo?

—Que estás teniendo una crisis emocional y que regresarás cuando te tranquilices.

Miré por la ventana.

—Continúa.

—También recibieron la notificación sobre las acciones.

Sonreí.

—¿Y ahora?

—Ahora ya no cree que estés teniendo una crisis.


En Foster Group, la celebración había terminado.

Sebastian entró furioso en su despacho con varios documentos entre las manos.

—¡¿Qué significa esto?!

El director financiero permaneció de pie frente a él.

—La señora Foster solicitó retirar sus derechos de representación sobre el paquete accionarial.

—¡Es mi esposa!

—Está solicitando el divorcio.

Sebastian golpeó los documentos contra el escritorio.

—¡Yo sigo siendo vicepresidente!

El hombre tragó saliva.

—Hay otro problema.

—¿Qué problema?

—Las patentes tecnológicas utilizadas por nuestras tres principales divisiones pertenecen a Hartwell Innovations.

Sebastian frunció el ceño.

—¿Y?

—Hartwell Innovations pertenece a la familia de su esposa.

Silencio.

—Eso ya lo sé.

—Entonces también sabrá que la licencia fue concedida bajo condiciones preferenciales debido a su matrimonio.

El rostro de Sebastian cambió.

—¿Qué estás intentando decir?

El director financiero dejó otra notificación sobre el escritorio.

—Que la licencia ha sido revocada.

Sebastian se quedó inmóvil.

Sin aquellas patentes, varias líneas de producción podían quedar paralizadas.

Y todavía faltaban los contratos.

Su teléfono comenzó a sonar.

Un cliente.

Después otro.

Después un tercero.

Todos querían saber por qué Amanda Hartwell había retirado su respaldo.

Por primera vez, Sebastian comprendió algo que nunca había querido admitir.

Su apellido estaba en la puerta, pero gran parte del edificio había sido construido con mis recursos.

Entonces Lily entró.

—Señor Foster…

Sebastian levantó la cabeza.

Ella llevaba los ojos rojos.

—Todos están hablando de mí.

—Déjalos.

Lily se acercó.

—La señora Foster debe odiarme.

—Amanda está exagerando.

—Pero si usted pierde su puesto por mi culpa…

—No perderé nada.

Sebastian pronunció aquellas palabras con seguridad.

Sin embargo, justo entonces recibió otro mensaje.

“REUNIÓN EXTRAORDINARIA DEL CONSEJO. 16:00.”

Su expresión se endureció.


A las cuatro llegué a Foster Group.

La misma recepcionista que aquella mañana me había visto salir cubierta de té se levantó inmediatamente.

—Señora Foster.

—Señorita Hartwell.

La mujer tardó un segundo en comprender.

—Sí… señorita Hartwell.

Las puertas de la sala de juntas se abrieron.

Sebastian estaba sentado en el extremo contrario.

Lily permanecía detrás de él.

Aquello casi me hizo sonreír.

Incluso en una reunión donde podía perder su carrera, había decidido llevarla consigo.

Sebastian me miró.

—Amanda, deja de hacer este espectáculo.

Tomé asiento.

—¿Espectáculo?

—Quieres castigarme porque bebí de una taza.

Varios directivos intercambiaron miradas.

—Sigues sin entenderlo.

—Entonces explícamelo.

—No estoy destruyendo tu carrera.

Abrí una carpeta.

—Estoy recuperando lo que siempre fue mío.

El presidente del consejo carraspeó.

—Señor Foster, debemos discutir su continuidad como vicepresidente.

Sebastian se levantó.

—Mi desempeño ha aumentado los ingresos de esta compañía durante tres años.

—Con contratos proporcionados por la familia Hartwell —respondió uno de los accionistas.

—Yo los administré.

—Y Amanda los consiguió.

Sebastian apretó los dientes.

Entonces Lily habló.

—Todo esto es por mi culpa.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Renunciaré.

Se volvió hacia mí.

—Señora Foster, si me voy, ¿dejará de perjudicar al señor Foster?

Sebastian se puso de pie inmediatamente.

—Lily, basta.

—Pero…

—No tienes que sacrificarte.

La sala quedó en silencio.

Yo observé aquella escena con absoluta tranquilidad.

—Qué conmovedor.

Sebastian me fulminó con la mirada.

—No empieces.

—No estoy empezando nada.

Saqué otro documento.

—Pero quizá deberíamos hablar de por qué tu asistente está presente en una reunión confidencial del consejo.

Lily palideció.

—Yo…

—Y quizá también deberíamos hablar de los treinta y siete correos internos que envió desde tu cuenta durante los últimos dos meses.

Sebastian se volvió hacia ella.

—¿Qué correos?

Por primera vez, Lily perdió su expresión indefensa.

Solo durante un instante.

Pero lo vi.

—Seguramente se refiere a mensajes que envié siguiendo sus instrucciones.

—¿Mis instrucciones?

Mi abogado colocó varias copias sobre la mesa.

—Solicitudes de información sobre contratos, precios de proveedores y estrategias de negociación.

El presidente del consejo tomó una de ellas.

—Esta información es confidencial.

Lily comenzó a temblar.

—No sabía…

La interrumpí.

—Claro que sabías.

Saqué mi teléfono.

—Por eso ayer le dijiste a un competidor que pronto tendrías acceso completo a los archivos de Sebastian.

El rostro de Lily se quedó blanco.

Sebastian me miró.

—¿De qué estás hablando?

Mi abogado proyectó una conversación en la pantalla.

Lily había enviado documentos corporativos a una dirección externa.

No era una amante inocente.

Ni una asistente ingenua.

Estaba filtrando información.

Sebastian se levantó bruscamente.

—Lily, dime que esto es falso.

Ella comenzó a llorar.

—Puedo explicarlo.

—¡¿A quién enviaste esos documentos?!

—Sebastian…

Fue la primera vez que lo llamó por su nombre delante del consejo.

Todos lo notaron.

Él también.

—Respóndeme.

Lily retrocedió.

—Me obligaron.

—¿Quién?

No respondió.

Entonces mi abogado dejó un último expediente sobre la mesa.

—La dirección externa pertenece a Northbridge Capital.

El presidente del consejo palideció.

Northbridge era el competidor que llevaba meses intentando quedarse con uno de nuestros mayores contratos.

Sebastian parecía incapaz de respirar.

—¿Me utilizaste?

Lily negó frenéticamente.

—No fue así.

—Te defendí delante de mi esposa.

—Lo sé.

—¡Humillé a Amanda por ti!

Lily dejó de llorar.

Y durante un segundo apareció otra persona detrás de aquella máscara.

Fría.

Calculadora.

—Eso nunca te costó demasiado esfuerzo.

Sebastian quedó paralizado.

Yo también la observé con atención.

Aquella respuesta había sido demasiado segura.

Lily comprendió su error.

Intentó marcharse.

Seguridad bloqueó la puerta.

—Nadie sale —ordenó el presidente.

Mi abogado recibió entonces una llamada.

Escuchó durante varios segundos.

Después se acercó y me susurró algo.

Sentí que mi expresión cambiaba.

Sebastian lo notó.

—¿Qué ocurre ahora?

Miré a Lily.

—Acaban de revisar los registros de acceso.

Ella retrocedió otro paso.

—¿Qué registros?

—Los de mi oficina privada.

El silencio fue inmediato.

Mi abogado colocó una fotografía sobre la mesa.

Era una captura de seguridad.

Lily entrando en mi despacho tres semanas antes.

A las dos de la madrugada.

Sebastian la tomó con manos temblorosas.

—¿Qué hacías allí?

Lily no respondió.

Entonces llegó una segunda fotografía.

En ella no estaba sola.

Un hombre entraba detrás de ella.

Sebastian observó su rostro.

Y perdió completamente el color.

—No puede ser…

Conocía a aquel hombre.

Todos en la sala lo conocían.

Era Jonathan Foster.

El hermano mayor de Sebastian.

El hombre que había desaparecido de la empresa dos años atrás después de intentar quedarse con la presidencia.

Sebastian levantó lentamente la vista hacia Lily.

—¿Trabajas para mi hermano?

Ella permaneció en silencio.

Pero mi abogado todavía sostenía otro documento.

—Amanda, hay algo más.

—¿Qué?

Me entregó el informe.

Lo leí.

Después volví a mirar a Lily.

Todo comenzó a tener sentido.

Su contratación.

Su acercamiento a Sebastian.

Los documentos robados.

Incluso algunas de nuestras discusiones matrimoniales.

Lily nunca había entrado en Foster Group por casualidad.

Había sido colocada allí.

Y mientras Sebastian pensaba que yo estaba destruyendo su vida por celos, alguien llevaba meses utilizándolo para atacar a toda la familia desde dentro.

Entonces las puertas se abrieron.

Un hombre entró lentamente, aplaudiendo.

Sebastian se quedó petrificado.

Jonathan sonrió.

—Hermano.

Miró a Lily.

Después a mí.

—Parece que finalmente descubrieron la mitad del plan.

Apreté el informe entre mis dedos.

—¿La mitad?

Jonathan dejó una carpeta negra sobre la mesa.

—Sí, Amanda. Porque Lily nunca fue enviada aquí para seducir a Sebastian.

Su sonrisa desapareció.

—Fue enviada para acercarse a ti.

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