PARTE 2: ESTA VEZ, LA BROMA FUE PARA ÉL

La funcionaria miró primero a Julian.

Después a mí.

—¿Ambos vienen voluntariamente?

—Sí —respondí.

Julian contestó al mismo tiempo:

—Llevo tres años esperando que me haga esa pregunta.

Lo miré.

—No empieces.

—De acuerdo.

Pero estaba sonriendo.

Detrás de nosotros nadie decía una palabra.

Entregamos los documentos.

La funcionaria comenzó a revisar los datos mientras yo escuchaba pasos acercándose.

Brandon.

—Claire.

No me giré.

—Claire, tenemos que hablar.

Julian tampoco se volvió.

—Está ocupada.

—Esto no tiene nada que ver contigo, Zhou.

Julian levantó ligeramente una ceja.

—Estamos registrando nuestro matrimonio. Me temo que ahora tiene bastante que ver conmigo.

Varias personas contuvieron una risa.

El rostro de Brandon se endureció.

—Claire, sal de aquí conmigo.

Finalmente lo miré.

—¿Para qué?

—Para dejar de hacer esta estupidez.

—¿Qué estupidez?

Señalé la ventanilla.

—¿Casarme?

—Casarte con alguien por despecho.

Julian guardó silencio.

No intentó defenderme.

No necesitaba hacerlo.

—¿Y cancelar nuestro turno para humillarme delante de todos qué era? —pregunté.

—Una broma.

—Entonces esto también puede ser una.

Sonreí.

—Solo que esta vez tú no te estás divirtiendo.

La funcionaria levantó nuestros documentos.

—Todo está correcto.

Brandon perdió el color.

—Claire.

Su tono cambió.

Ya no sonaba arrogante.

Sonaba nervioso.

—Basta.

Durante tres años había esperado escuchar preocupación en su voz.

Qué extraño que apareciera precisamente cuando dejé de necesitarla.

—Continúe —le dije a la funcionaria.

Firmé.

Julian firmó después.

Cuando recibimos los certificados, él tomó el suyo con una delicadeza casi absurda.

Lo observó durante varios segundos.

—¿Qué haces?

—Comprobando que no estoy imaginándolo.

Casi sonreí.

Entonces Tara se acercó.

—Claire… ¿de verdad acabas de casarte?

Le mostré el certificado.

—Parece que sí.

Brandon me arrancó el documento de la mano.

Julian reaccionó inmediatamente y se lo quitó.

Su expresión seguía tranquila.

Pero su voz no.

—Señor Pei, no vuelva a tocar algo que pertenece a mi esposa.

Mi esposa.

El salón quedó completamente silencioso.

Brandon miró a Julian.

Después a mí.

—Vas a arrepentirte.

—Puede ser.

Recogí mi bolso.

—Pero será mi error. No otra humillación diseñada por ti.

Salimos del registro civil.


Creí que Julian me preguntaría inmediatamente qué demonios acabábamos de hacer.

No lo hizo.

Abrió la puerta de su automóvil.

—¿Has comido?

Parpadeé.

—¿Eso es lo primero que vas a preguntar?

—Te conozco. Cuando estás enfadada, olvidas comer.

Miré el reloj.

Eran casi las cuatro.

No había desayunado.

Julian suspiró.

—Tres años y sigues igual.

—Tú acabas de casarte con una mujer que te llamó con ocho minutos de anticipación.

—Siete minutos y cuarenta segundos.

—Julian.

—Lo cronometré.

Por primera vez aquel día me reí.

Después la realidad cayó sobre mí.

—Tenemos que hablar.

Su expresión se volvió seria.

—Lo sé.

—Lo que hice fue impulsivo.

—También lo sé.

—Quizá mañana quiera divorciarme.

Julian permaneció en silencio unos segundos.

—Si mañana quieres divorciarte, firmaré.

Lo miré sorprendida.

—¿Así de fácil?

—Claire, hace tres años te pedí que me eligieras.

Sus ojos encontraron los míos.

—Hoy lo hiciste. No voy a convertir esa elección en otra jaula.

Algo se quebró dentro de mí.

Porque durante años Brandon había utilizado mi amor como garantía de que podía hacer cualquier cosa y yo permanecería allí.

Julian, en cambio, acababa de obtener legalmente el lugar que siempre había querido…

y su primera promesa era dejarme marchar si lo deseaba.


Mi teléfono comenzó a vibrar.

Cuarenta y tres llamadas perdidas.

Brandon.

Tara.

La madre de Brandon.

Finalmente apareció un mensaje.

“Ven a casa. Hablaremos cuando te hayas calmado.”

Me quedé mirando la pantalla.

Julian vio mi expresión.

—¿Pei?

Asentí.

Llegó otro.

“Tus cosas siguen aquí. No hagas que tenga que tirarlas.”

—Necesito recoger mis pertenencias.

—Te acompaño.

—No hace falta.

—No he preguntado si hace falta.

Lo miré.

—Eso sonó bastante autoritario.

Julian abrió la puerta.

—Entonces reformulo: ¿me permites acompañarte?

Sonreí.

—Sí.

Cuando llegamos al apartamento, había seis coches estacionados abajo.

Reconocí varios.

Los amigos de Brandon.

—Por supuesto —murmuré.

Habían convertido incluso nuestra ruptura en otra reunión.

Subimos.

Tara abrió la puerta.

Al verme junto a Julian, palideció.

—Claire…

Entré.

Todos estaban allí.

La misma gente que una hora antes se había reído de mí.

Ahora nadie sonreía.

Brandon estaba junto a la ventana.

Sobre la mesa había una botella abierta.

—¿Trajiste a Zhou para provocarme?

—Vine por mis cosas.

—Esta es nuestra casa.

—Era.

Caminé hacia el dormitorio.

Brandon me bloqueó el paso.

—No vas a ninguna parte hasta que arreglemos esto.

Julian avanzó.

Levanté una mano.

—No.

Miré directamente a Brandon.

—Déjame pasar.

—Primero solicitas la anulación.

—No.

Su rostro se tensó.

—Claire, sabes perfectamente que no amas a Julian.

—Quizá.

Aquello hizo que Julian me mirara, pero no dijo nada.

Continué:

—Pero hoy aprendí algo importante.

—¿Qué?

—Que tampoco quiero seguir amándote a ti.

Brandon se quedó inmóvil.

Recogí mis cosas.

Dos maletas.

Eso fue todo lo que quedó de tres años.

Cuando regresé al salón, Tara lloraba.

—No pensé que llegarías tan lejos.

La miré.

—Ese era exactamente el problema.

Nadie pensaba que yo tuviera un límite.

Brandon apretó los puños.

—¿Qué quieres? ¿Una disculpa pública? ¿Que todos admitamos que nos pasamos?

Negué.

—Ya no quiero nada de ustedes.

Tomé las maletas.

Entonces el teléfono de Brandon sonó.

Contestó irritado.

—¿Qué?

Su expresión cambió.

—¿Cómo que cancelaron el acuerdo?

Todos lo miramos.

—No. Espere. ¿Zhou Holdings?

Giró lentamente hacia Julian.

—¿Qué hiciste?

Julian parecía genuinamente confundido.

—Nada.

Brandon terminó la llamada.

—Tu familia acaba de retirar el acuerdo de inversión con Pei Group.

Miré a Julian.

—¿Tiene relación conmigo?

Antes de que pudiera responder, su teléfono también sonó.

Miró la pantalla.

Su expresión cambió por primera vez.

—Es mi abuelo.

Contestó.

Escuchó unos segundos.

Después cerró los ojos.

—Entendido.

Colgó.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

Julian me miró.

—Mi abuelo se enteró de que nos casamos.

Sentí un nudo en el estómago.

—¿Está enfadado?

—Todo lo contrario.

—¿Entonces?

Julian guardó el teléfono.

—Hace tres años, cuando me rechazaste, él hizo una promesa.

—¿Qué promesa?

Brandon seguía observándonos.

Julian respiró profundamente.

—Que la mujer con la que finalmente me casara recibiría inmediatamente las acciones que mi madre dejó en fideicomiso.

—¿Cuántas acciones?

Julian tardó demasiado en responder.

—Las suficientes para convertirte en la segunda mayor accionista de Zhou Holdings.

El salón quedó en silencio.

Pero todavía faltaba lo peor.

Brandon palideció.

—Eso es imposible.

Julian lo miró.

—¿Por qué?

Brandon no respondió.

Entonces comprendí que no estaba sorprendido por la cantidad.

Estaba asustado.

—Brandon —dije lentamente—. ¿Qué sabes de esas acciones?

Tara comenzó a retroceder.

La vi.

—Tara.

Se detuvo.

—¿Qué pasa?

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Claire… yo no sabía que terminarías casándote con Julian.

—¿Qué tiene eso que ver?

Nadie contestó.

Hasta que Tara susurró:

Porque cancelar tu turno de matrimonio no fue idea de Brandon.

Miré a mi antigua mejor amiga.

—¿Entonces de quién?

Tara levantó los ojos hacia Julian.

Y pronunció un nombre que hizo desaparecer la sonrisa de su rostro.

De tu abuelo.

Related Posts

PARTE 2: MI ESPOSO ME DEJÓ FUERA DE MI PROPIA CASA DESPUÉS DEL PARTO, ASÍ QUE LA VENDÍ MIENTRAS ÉL ESTABA DE VACACIONES

La venta se cerró cuarenta y ocho horas después. Mientras Daniel tomaba cócteles en Cabo con su madre, yo estaba sentada en la oficina de mi abogado…

PARTE 2: A LOS 65 AÑOS TODOS CREÍAN QUE ESPERABA UN BEBÉ, PERO EL MÉDICO DESCUBRIÓ LA VERDAD QUE NADIE HABÍA IMAGINADO

—Señora, ¿en qué estaba pensando su médico? El doctor Daniel Morales se quedó junto a la cama con el rostro completamente serio. El corazón de Elena comenzó…

PARTE 2: MI ESPOSO CREYÓ QUE PODÍA DESTRUIRME, PERO LA MUJER QUE HABÍA PREPARADO CADA PRUEBA TERMINÓ QUITÁNDOLE TODO

El silencio detrás de la puerta duró casi un minuto. Entonces escuché sirenas. Daniel comenzó a caminar de un lado a otro. —Lorraine, ¿qué hiciste? —Nada —respondió…

Parte 2: EL DÍA EN QUE ADRIAN DESCUBRIÓ QUE VICTORIA YA NO LO NECESITABA

—¿Adrian, estás ciego o simplemente te conviene no ver? Él se quedó inmóvil. Durante unos segundos, nadie dijo nada. Maya seguía a unos pasos de distancia, con…

PARTE 2: MIS PADRES CREYERON QUE ME HABÍAN DEJADO SIN HOGAR, PERO EL DOCUMENTO QUE ABRIÓ MI ABOGADA DESTRUYÓ TODO LO QUE HABÍAN CONSTRUIDO A MIS ESPALDAS

—¡Ese apartamento no es tuyo! El grito de mi padre hizo eco en el pasillo. Los dos agentes permanecieron detrás de mí. El señor Álvarez sostenía todavía…

Parte 2: EL DÍA EN QUE ADRIAN DESCUBRIÓ QUE YA ME HABÍA PERDIDO

—¿Qué acabas de firmar? Adrian permaneció junto a la puerta, inmóvil, mirando los documentos sobre la mesa. Yo levanté la vista. —El comienzo del fin. Su rostro…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *