PARTE 2: EL ANILLO QUE SE QUITABA POR ELLA

Mariana no lloró cuando Rodrigo pidió el divorcio.

Tal vez porque ya había llorado demasiado.

Tal vez porque, después del incendio, había aprendido que existen dolores que llegan a un punto en que dejan de sentirse como heridas.

Se convierten en claridad.

Don Jorge fue quien rompió el silencio.

—¿Vienes a pedirle el divorcio aquí?

Rodrigo ni siquiera bajó la mirada.

—No quería hacerlo por teléfono.

—Qué considerado —dijo Mariana.

Rodrigo la miró entonces.

O intentó hacerlo.

Sus ojos llegaron hasta los vendajes de su cuello y se desviaron inmediatamente.

Mariana lo vio.

Y aquella reacción dolió más que la palabra divorcio.

—¿Por qué? —preguntó.

—Las cosas cambiaron.

—¿Después de que entré a una casa en llamas para sacarte?

—No hagas esto.

Mariana soltó una risa amarga.

—¿Hacer qué? ¿Recordarte que estoy así porque te salvé?

Rodrigo apretó la mandíbula.

—Precisamente por eso aguanté estos meses.

El silencio fue absoluto.

Su madre, Teresa, se llevó una mano a la boca.

Mariana permaneció inmóvil.

—¿Aguantaste?

Rodrigo comprendió demasiado tarde lo que acababa de decir.

—No quise decirlo así.

—Entonces dilo correctamente.

Él respiró hondo.

—No puedo seguir viviendo sintiéndome culpable cada vez que te veo.

Ahí estaba.

No era amor.

Ni siquiera gratitud.

Era culpa.

Y Rodrigo quería divorciarse de la persona que se la recordaba.

Mariana asintió lentamente.

—Está bien.

Rodrigo pareció desconcertado.

—¿Está bien?

—Acepto el divorcio.

Su padre giró hacia ella.

—Hija…

—Papá, estoy cansada.

Miró a Rodrigo.

—Manda los documentos a mi abogado.

—Podemos usar el mío.

—No.

La respuesta salió tan firme que incluso Rodrigo retrocedió.

—Nunca más voy a firmar algo porque tú me digas que confíe.

Él se marchó diez minutos después.

Mariana pensó que aquello sería el final.

Se equivocó.

Tres días más tarde recibió una llamada de Casa Luminaria.

Era Sofía Méndez, directora creativa y antigua amiga suya.

—Mariana, necesito preguntarte algo delicado.

—Pregunta.

—¿Rodrigo y tú están separados?

Mariana cerró los ojos.

—Sí.

Hubo silencio.

—Entonces creo que debes ver esto.

Sofía le envió varias fotografías.

La primera mostraba la inauguración de un restaurante en Monterrey.

Fecha: seis semanas atrás.

Rodrigo aparecía junto a varios empresarios.

Pero Mariana no miró a los empresarios.

Miró su mano izquierda.

No llevaba anillo.

Abrió la segunda fotografía.

Otro supuesto viaje.

Guadalajara.

Sin anillo.

Tercera.

Cancún.

Sin anillo.

Mariana sintió un vacío en el estómago.

Entonces llegó una cuarta imagen.

Rodrigo estaba sentado junto a una mujer.

Joven.

Cabello oscuro.

Vestido rojo.

La mano de ella descansaba sobre su hombro.

Mariana amplió la fotografía.

La reconoció.

Valeria Montes.

Modelo de Casa Luminaria.

Había trabajado con Mariana.

Incluso había visitado su habitación en el hospital después del incendio.

Le había llevado flores.

—Vas a recuperarte —le había dicho—. Rodrigo te adora.

Mariana dejó caer el teléfono sobre la cama.

Cinco minutos después volvió a tomarlo.

No llamó a Rodrigo.

Llamó a Sofía.

—¿Desde cuándo?

Sofía tardó en responder.

—No estoy segura.

—Dímelo.

—Los rumores empezaron hace unos tres meses.

Tres meses.

Mariana hizo el cálculo.

Un mes después del incendio.

Mientras ella aprendía a comer sin mover demasiado el lado lesionado de su rostro…

Rodrigo viajaba con Valeria.

Mientras ella entraba sola a quirófano…

él se quitaba el anillo.

Mientras Mariana se preguntaba por qué su marido ya no podía mirarla…

él estaba asegurándose de que otra mujer pudiera fingir que no existía.

Esa tarde llamó a un abogado.

No para impedir el divorcio.

Para acelerarlo.

También pidió revisar cuentas, seguros y contratos.

Dos días después apareció la primera sorpresa.

—Señora Salgado —dijo su abogado—, ¿usted sabía que su esposo recibió una indemnización importante después del incendio?

Mariana frunció el ceño.

—¿Indemnización?

—La aseguradora pagó por la vivienda y las pérdidas.

—¿Cuánto?

El abogado deslizó un documento.

Mariana leyó la cifra.

Más de cuatro millones de pesos.

—Nunca vi este dinero.

—Fue depositado en una cuenta administrada por su esposo.

—La casa era rentada.

—Sí. Pero gran parte de los bienes declarados estaban asegurados a nombre de ambos.

Mariana siguió leyendo.

Joyas.

Equipo fotográfico.

Ropa de trabajo.

Objetos personales.

Muchos eran suyos.

—¿Dónde está el dinero?

—Eso estamos investigando.

La respuesta llegó aquella misma noche.

Parte de la indemnización había sido transferida a Prisma Norte.

Otra parte había pagado una deuda.

Y una cantidad considerable había terminado en la compra de un departamento.

Mariana miró la dirección.

Polanco.

—Yo nunca compré ningún departamento.

Su abogado giró la pantalla.

—Su esposo sí.

—¿A nombre de quién?

Silencio.

Entonces apareció el nombre.

Valeria Montes.

Mariana dejó de sentir las manos.

Rodrigo no solo había tenido una amante.

Había utilizado dinero relacionado con las pérdidas del incendio para comprarle un departamento.

Al día siguiente, Rodrigo llamó.

Mariana contestó.

—¿Qué quieres?

—Mi abogado dice que estás revisando las cuentas.

—Correcto.

—No compliques las cosas.

Mariana sonrió.

—¿Como tú no las complicaste cuando compraste el departamento de Valeria?

Silencio.

Por primera vez, Rodrigo no tuvo respuesta preparada.

—Mariana…

—También encontré las fotografías.

—No sabes lo que pasó.

—Sé que te quitabas el anillo.

Rodrigo respiró al otro lado.

—Valeria y yo empezamos después del incendio.

Mariana cerró los ojos.

Aquello era exactamente lo que esperaba escuchar.

Pero entonces él añadió:

—Aunque…

Se detuvo.

—Aunque ¿qué?

—No importa.

—Rodrigo.

—Déjalo así.

Y colgó.

Mariana permaneció mirando la pantalla.

Algo en aquella pausa la inquietó.

Llamó inmediatamente a Sofía.

—Necesito todas las fotografías que tengas de Rodrigo y Valeria.

—¿Todas?

—Especialmente anteriores al incendio.

Sofía guardó silencio.

—Mariana…

Su tono cambió.

—Hay una que nunca te envié.

—¿Por qué?

—Porque pensé que ya habías sufrido suficiente.

El teléfono vibró.

Llegó una fotografía.

Mariana la abrió.

Y el mundo pareció detenerse.

La fecha estaba claramente visible.

Dos semanas antes del incendio.

Rodrigo estaba saliendo de un hotel.

Valeria caminaba junto a él.

Él tenía un brazo alrededor de su cintura.

Pero eso no fue lo peor.

Mariana amplió la imagen.

En la mano izquierda de Rodrigo no había alianza.

La llevaba colgada de una cadena alrededor del cuello.

Exactamente como hacía durante sus supuestos viajes.

Mariana sintió náuseas.

Entonces Sofía envió otro mensaje:

“Hay algo más. Valeria estuvo en la casa de Jardines del Pedregal la misma noche del incendio.”

Mariana llamó inmediatamente.

—¿Qué acabas de decir?

Sofía respiró con dificultad.

—Una maquillista del equipo vivía enfrente. Dice que vio salir a Valeria de tu casa aquella noche.

Mariana se quedó completamente inmóvil.

—¿A qué hora?

—Poco antes de que empezara el fuego.

El silencio se volvió insoportable.

Mariana miró su brazo vendado.

Su piel.

Sus meses de operaciones.

La vida que había perdido entrando en aquella casa para salvar al hombre que creía dormido dentro.

Y por primera vez se hizo una pregunta que nunca había considerado.

¿Por qué Rodrigo estaba realmente en aquella habitación de visitas esa noche?

Entonces llegó un mensaje desde un número desconocido.

Una fotografía.

Era la puerta de su antigua casa.

Debajo había una sola frase:

“Rodrigo te mintió sobre cómo empezó el incendio. Si quieres saber la verdad, pregúntale por qué Valeria salió corriendo cinco minutos antes de que tú despertaras.”

Related Posts

PARTE 2: MI ESPOSO CREYÓ QUE HABÍA DESAPARECIDO PARA SIEMPRE, PERO CUANDO DESCUBRIÓ QUIÉN ERA REALMENTE SU ESPOSA YA ERA DEMASIADO TARDE

Daniel permaneció varios minutos frente a la hoja. La leyó una vez. Luego otra. Y una tercera. —Laura Shen… Pronunció mi nombre como si acabara de encontrar…

PARTE 2: DESCUBRÍ QUE LA BEBÉ QUE CRIÉ NO ERA MÍA, PERO EL HOSPITAL REVELÓ QUIÉN HABÍA CAMBIADO A NUESTRAS HIJAS HACE 18 AÑOS

A la mañana siguiente regresamos al hospital. Emily caminaba a mi lado sin decir una palabra. Daniel iba detrás de nosotras. Margaret había insistido en acompañarnos, pero…

PARTE 2: LA MUJER QUE LLEGÓ CUANDO MI ESPOSO LO HABÍA PERDIDO TODO CONOCÍA EL SECRETO QUE PODÍA DEVOLVERNOS LA VIDA QUE CREÍAMOS PERDIDA

Daniel se quedó inmóvil al verla. —Victoria… La mujer sonrió. —Ha pasado mucho tiempo. Yo miré a Daniel. —¿Quién es? Victoria dejó la bolsa de frutas sobre…

PARTE 2: MI HIJA FUE DADA POR MUERTA, PERO LA ETIQUETA MÉDICA REVELÓ EL PLAN QUE SU PADRE Y SU ABUELA HABÍAN INTENTADO OCULTAR

El nombre escrito a mano debajo de aquella fecha me dejó sin aire. Dr. Adrián Salvatierra. Mi antiguo compañero de residencia. El mismo médico que había trabajado…

PARTE 2: MI ESPOSO CREYÓ QUE HABÍA GANADO LA MANSIÓN, PERO UNA SOLA LLAMADA HIZO QUE LO PERDIERA TODO

Molly llegó veinte minutos después. En cuanto bajé del auto, corrió hacia mí y tomó a Ivy con cuidado. —Dame a la bebé. —Estoy bien. —Tessa, acabas…

PARTE 2: LLEGUÉ A LA BODA DE MI HERMANA CON EL HOMBRE QUE TODOS TEMÍAN Y MI EX DESCUBRIÓ A QUIÉN HABÍA DEJADO IR

El hombre detrás de Mauricio no levantó la voz. No lo necesitaba. —Discúlpate. Mauricio giró lentamente. Su rostro perdió el color. —Señor Montenegro… Yo también me quedé…

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *