PARTE 2: EL PRECIO DE SUBESTIMARME

Mi madre levantó el teléfono.

—Helen, que Lucas Bennett suba a mi oficina.

Sentí un vuelco en el estómago.

—¿Ahora?

—Ahora.

—Mamá, yo no necesito estar aquí.

Margaret me sostuvo la mirada.

—Hace tres horas querías despedirlo personalmente.

—Estaba enfadada.

—Y ahora vas a aprender la diferencia entre venganza y consecuencias.

Quince minutos después llamaron a la puerta.

Lucas entró.

Llevaba el traje gris que yo le había regalado para su primera entrevista.

Durante cuatro años había imaginado verlo triunfar vestido así.

Nunca imaginé estar presente cuando todo se derrumbara.

—Señora Sterling —saludó nervioso—. Me dijeron que quería verme.

Entonces me vio.

Se quedó inmóvil.

—¿Olivia?

Miró a mi madre.

Después a mí.

—¿Qué haces aquí?

Margaret señaló la silla.

—Siéntese, señor Bennett.

Lucas obedeció.

Mi madre deslizó varias hojas sobre el escritorio.

—Auditoría interna detectó comunicaciones preocupantes en su cuenta corporativa.

Lucas leyó la primera.

Su rostro perdió color.

—Esto está fuera de contexto.

—Entonces proporcione el contexto.

—Solo estaba intentando establecer contactos.

Margaret colocó delante de él el mensaje dirigido a la hija del director.

“Puedo conseguir información interna si me ayudas a acercarme al equipo senior.”

Lucas tragó saliva.

—Era una broma.

—En inversiones, ofrecer información interna a cambio de influencia profesional no es una broma.

—Yo nunca entregué nada.

—Eso determinará la investigación.

Lucas se inclinó hacia adelante.

—Señora Sterling, trabajé durante años para conseguir esta oportunidad.

Aquellas palabras me dolieron.

Porque yo había estado allí durante esos años.

Había pagado cenas cuando él no tenía dinero.

Había corregido solicitudes hasta las tres de la mañana.

Había celebrado cada pequeña victoria como si fuera mía.

Y siete días después de conseguir lo que quería, yo había dejado de estar “a su nivel”.

Mi madre habló con absoluta calma.

—Su acceso a los sistemas queda suspendido desde este momento. Recursos Humanos formalizará su salida mientras auditoría continúa revisando sus comunicaciones.

Lucas se quedó blanco.

—¿Me está despidiendo?

—Sí.

Entonces me miró.

Algo cambió en su expresión.

—Tú hiciste esto.

—No —respondí—. Tú lo hiciste.

Se puso de pie.

—¿Quién demonios eres?

La pregunta casi me hizo reír.

Cuatro años juntos.

Y nunca había resultado tan evidente que Lucas no me conocía.

Mi madre respondió por mí.

Olivia Sterling es mi hija.

El silencio fue perfecto.

Lucas miró a Margaret.

Luego a mí.

Después nuevamente a Margaret.

—Sterling…

Su voz se apagó.

—Sí —dije—. Ese Sterling.

Retrocedió un paso.

—Me mentiste.

—Nunca te mentí. Te dije que mi madre dirigía una empresa. Tú nunca preguntaste cuál porque estabas demasiado ocupado hablando de la empresa en la que querías entrar.

—¿Entonces tú conseguiste mi puesto?

—No.

Mi madre intervino:

—Su hija recomendó que su candidatura fuera evaluada sin mencionar el parentesco. Usted pasó el proceso por sus propios méritos.

Lucas pareció recuperar algo de aire.

Margaret añadió:

Y lo perdió por sus propios actos.

Dos empleados de seguridad aparecieron en la puerta.

Lucas me miró con una mezcla de vergüenza y desesperación.

—Olivia, podemos hablar.

—Ya hablaste.

Recordé su mensaje.

“Mundos diferentes.”

—Tenías razón sobre una cosa, Lucas.

—¿Cuál?

—Estamos en mundos diferentes.

Su mandíbula se tensó.

—¿Porque eres rica?

Negué.

—Porque yo jamás habría utilizado a alguien que me amaba como un escalón.

Seguridad se lo llevó.

No sentí satisfacción.

Eso fue lo más extraño.

Había subido al último piso imaginando que verlo perder su trabajo repararía algo dentro de mí.

No ocurrió.

Solo sentí cansancio.

Mi madre permaneció en silencio hasta que las puertas se cerraron.

—¿Te sientes mejor?

—No.

—Bien.

La miré sorprendida.

—¿Bien?

—Significa que todavía tienes criterio.

Margaret recogió la carpeta.

—La crueldad de otra persona no debe convertirte en alguien que disfruta destruyéndola.

Aquello era lo más parecido a un abrazo que mi madre sabía dar.

Me levanté.

—Gracias.

—No me agradezcas todavía.

—¿Por qué?

Sacó una segunda carpeta.

—Porque Lucas no era el verdadero problema.

Volví a sentarme.

—¿Qué encontraste?

—Auditoría revisó quién respondió a sus mensajes.

Abrió la carpeta.

La hija del director no solo había contestado.

Había organizado reuniones privadas para Lucas.

Y alguien del equipo senior le había enviado documentos restringidos.

—¿Lucas recibió información confidencial?

—Sí.

—Entonces mintió cuando dijo que nunca recibió nada.

—Sí.

Mi madre pasó otra página.

—Pero eso tampoco es lo peor.

Fruncí el ceño.

—¿Qué puede ser peor?

—La primera filtración ocurrió tres días antes de que Lucas empezara oficialmente.

Me quedé callada.

—Eso es imposible.

—Exactamente.

Margaret giró la pantalla de su tablet.

Había un registro de acceso.

Usuario: Lucas Bennett.

Fecha: tres días antes de su incorporación.

Credencial autorizadora: H. Sterling Executive Office.

Sentí frío.

—¿Helen?

Mi madre no respondió inmediatamente.

Tía Helen llevaba trabajando con ella desde antes de que yo naciera.

Me había recogido de la escuela.

Había estado en mis cumpleaños.

Era una de las pocas personas que conocía mi relación con Lucas.

—Ella sabía quién era —susurré.

—Sí.

—Sabía que era mi novio.

—Sí.

—Entonces pudo haberlo ayudado.

Mi madre pulsó el intercomunicador.

—Helen, entra, por favor.

No hubo respuesta.

Volvió a intentarlo.

Nada.

Margaret se levantó.

Salimos al pasillo.

El escritorio de Helen estaba vacío.

Su bolso había desaparecido.

Sobre la mesa quedaba únicamente su tarjeta corporativa.

Y debajo había un sobre.

Mi nombre estaba escrito a mano.

OLIVIA.

Lo abrí.

Dentro había una fotografía.

Lucas aparecía cenando en un restaurante.

Frente a él estaba Helen.

La fecha impresa en una esquina era de hacía cinco meses.

Cinco meses.

Mucho antes de nuestra ruptura.

Detrás había otra fotografía.

Lucas entrando en un hotel.

Esta vez acompañado por la hija del director.

Y finalmente encontré una nota.

Solo tenía una frase:

“Pregúntale a tu madre por qué necesitaba que Lucas entrara en Sterling antes de que tú descubrieras quién eras realmente.”

Levanté lentamente la mirada.

—Mamá… ¿qué significa esto?

Por primera vez en toda mi vida, vi miedo en los ojos de Margaret Sterling.

Entonces las puertas del ascensor se abrieron.

Helen salió.

No estaba huyendo.

Había regresado.

Y llevaba en las manos una carpeta marcada con mi nombre.

—Significa —dijo mirándome— que Lucas nunca entró en esta empresa por casualidad.

Dejó la carpeta frente a mí.

—Y tampoco te conoció por casualidad.

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