PARTE 2: LA VERDAD QUE SEBASTIAN OCULTÓ.

Durante varios segundos no pude apartar los ojos de aquella fotografía.

Mi automóvil.

La entrada de la mansión.

La hora impresa en una esquina demostraba que había sido tomada apenas seis minutos antes.

Alguien estaba afuera observándonos.

—¿Quién envió eso? —pregunté.

Sebastian no respondió.

Marcó un número.

—Cierra todas las entradas. Nadie sale y nadie entra sin mi autorización.

Escuchó la respuesta.

—Revisa las cámaras desde hace dos horas. Quiero matrículas, rostros y cualquier vehículo detenido cerca de la propiedad.

Colgó.

—Sebastian.

—Quédate aquí.

—No soy una niña.

—Precisamente por eso deberías entender una amenaza cuando la ves.

Me crucé de brazos.

—Hace diez minutos pensaba que mi mayor problema era que ibas a abandonarme por Isabelle. Ahora resulta que alguien amenaza con impedir que salga de esta casa. Me debes una explicación.

Su mandíbula se tensó.

Finalmente tomó la carpeta de la cómoda.

—Siéntate.

—Prefiero estar de pie.

—Por supuesto.

Había cansancio en su voz.

Abrió la carpeta.

Las primeras páginas contenían fotografías de Isabelle reuniéndose con periodistas y personas que reconocí de algunos eventos sociales.

Después aparecieron transferencias bancarias.

Pagos realizados semanas antes de que comenzaran los rumores sobre mí.

—¿Ella pagó para publicar esas historias?

—Sí.

Pasó otra hoja.

Allí estaban las cancelaciones de invitaciones, los mensajes anónimos enviados a varias mujeres de nuestro círculo y hasta el borrador del artículo que me llamaba “la sustituta”.

Sentí que el estómago se me cerraba.

Mi humillación pública había sido diseñada.

—¿Por qué?

Sebastian permaneció en silencio demasiado tiempo.

—Porque Isabelle quiere que vuelvas a estar solo —dije.

—Eso es parte de la razón.

—¿Parte?

Cerró la carpeta.

—Hace siete años no fue Isabelle quien decidió irse a París.

Lo miré fijamente.

—¿La echaste?

—Sí.

Aquello no encajaba con ninguna versión que hubiera escuchado.

Según todos, Isabelle había roto el corazón del intocable Sebastian Hale.

—¿Por qué?

Él caminó hacia la ventana.

—Mi padre estaba muriendo. Mi hermano Nathan y yo íbamos a heredar participaciones iguales en el grupo familiar. Isabelle descubrió que, si se casaba conmigo antes de que se cerrara la sucesión, podía conseguir influencia sobre ciertas acciones.

—¿Intentó utilizarte?

—Intentó algo peor.

Se volvió hacia mí.

—Manipuló documentos internos para hacer parecer que Nathan estaba desviando dinero.

Sentí un escalofrío.

—¿Y la descubriste?

—La noche anterior a nuestra supuesta boda.

Me quedé inmóvil.

—¿Ibas a casarte con ella?

—Sí.

Aquella palabra todavía dolió.

Sebastian lo notó.

—No pongas esa cara.

—¿Qué cara?

—La que pones cuando algo te hiere y decides fingir que no.

—No me importa con quién ibas a casarte hace siete años.

—Mientes fatal.

—Y tú nunca dices lo que sientes.

Nuestros ojos se encontraron.

Por primera vez aquella noche, Sebastian pareció perder parte de su seguridad.

—Tal vez ese fue mi error.

Antes de que pudiera responder, llamaron a la puerta.

Entró Marcus, jefe de seguridad.

—Señor Hale, encontramos el vehículo.

Sebastian se tensó.

—¿Quién estaba dentro?

—Nadie. Lo abandonaron dos calles más abajo.

Marcus colocó una bolsa transparente sobre la mesa.

Dentro había un teléfono desechable.

—Esto estaba en el asiento.

Sebastian lo encendió.

Había un solo archivo.

Un video.

Lo reprodujo.

La imagen mostraba la entrada de una cafetería.

Yo aparecía saliendo con Valeria tres días antes.

Después otra grabación.

Yo entrando a una librería.

Otra.

Yo caminando sola por el centro.

Alguien llevaba días siguiéndome.

Sentí que las piernas perdían fuerza.

Sebastian cerró inmediatamente el video.

—Marcus, duplica la seguridad.

—Ya está hecho.

—Y encuentra a Isabelle.

Marcus vaciló.

—Hay otro problema.

—Habla.

—La señorita Laurent desapareció de la fiesta después de que usted se marchó.

Sebastian frunció el ceño.

—¿Nathan?

—Está buscándola.

El teléfono desechable vibró.

Los tres miramos la pantalla.

Un nuevo mensaje.

Sebastian lo abrió.

“Pregúntale a tu canaria qué ocurrió realmente hace cuatro años.”

Mi sangre se volvió fría.

Sebastian levantó lentamente la mirada hacia mí.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé.

Pero sí sabía algo.

Cuatro años atrás había conocido a Sebastian.

Cuatro años atrás él había aparecido en mi vida justo después del peor momento de la mía.

Y existía una parte de aquella historia que nunca le había contado.

Sebastian lo comprendió al ver mi expresión.

—Sí sabes.

Me alejé.

—No tiene relación con Isabelle.

—Entonces explícame por qué alguien piensa que puede usarlo contra ti.

No respondí.

Su teléfono personal comenzó a sonar.

Nathan.

Sebastian contestó.

—¿La encontraste?

No pude escuchar la respuesta.

Pero vi cómo su rostro cambiaba.

—¿Dónde?

Silencio.

—No toques nada. Voy para allá.

Colgó.

—¿Qué pasó?

—Encontraron el bolso de Isabelle junto al lago.

—¿Y ella?

—No está.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—Entonces tenemos que llamar a la policía.

—Nathan ya lo hizo.

Sebastian tomó su chaqueta.

Yo avancé hacia él.

—Voy contigo.

—No.

—Acabas de decir que no puedo quedarme sola.

—No estarás sola.

—Sebastian.

Me miró.

—Alguien está intentando hacerme reaccionar. No pienso entregarle exactamente lo que quiere.

En ese momento escuchamos un ruido abajo.

Un golpe seco.

Después otro.

Marcus llevó inmediatamente una mano al auricular.

—¿Qué ocurre?

Su expresión cambió.

—Señor Hale, tenemos una intrusión en el ala oeste.

Sebastian se colocó delante de mí.

Las luces de la habitación se apagaron.

Toda la mansión quedó sumergida en oscuridad.

—Quédate detrás de mí —ordenó.

Entonces mi teléfono vibró dentro del bolsillo.

Lo saqué.

Número desconocido.

Había llegado una fotografía.

Era Sebastian entrando en mi dormitorio aquella misma noche.

La fotografía había sido tomada desde dentro de la mansión.

Debajo aparecía un mensaje.

“ÉL TODAVÍA NO SABE POR QUÉ LO ELEGISTE HACE CUATRO AÑOS.”

Sebastian leyó por encima de mi hombro.

Sentí cómo todo su cuerpo se quedaba inmóvil.

—¿Por qué me elegiste? —preguntó.

Antes de que pudiera responder, una voz femenina resonó desde la oscuridad del pasillo.

—Porque ella sabía perfectamente quién eras mucho antes de conocerte.

Reconocí aquella voz.

Sebastian también.

La puerta comenzó a abrirse lentamente.

E ISABELLE LAURENT ENTRÓ EN LA HABITACIÓN CON UNA CARPETA QUE LLEVABA MI NOMBRE.

Related Posts

Parte 2: LA OFICIAL QUE TODOS SUBESTIMARON

Todos los ojos en la habitación se volvieron hacia mí. Durante un segundo nadie dijo nada. El general Calloway permaneció inmóvil al otro lado de la mesa,…

PARTE 2: LA NIÑA PIDIÓ TRES DESEOS Y EL ÚLTIMO REVELÓ POR QUÉ MI HERMANO TENÍA TANTO MIEDO DE SU PROPIA SOBRINA

Ellie sostuvo la segunda moneda con sus pequeños dedos. Miró a su madre. Después miró a Dante. —Quiero que mamá deje de pedir perdón. Sentí que algo…

PARTE 2: LA CARPETA QUE HIZO TEMBLAR AL TRIBUNAL

Apoyé ambas manos sobre mi bastón y miré directamente a mi hijo. —Evidencia, señoría. Daniel dejó de sonreír. El juez Mercer señaló la carpeta. —¿Está solicitando que…

Parte 2: LOS TRES HOMBRES QUE LE RECORDARON A ADRIAN LO QUE SIGNIFICA SER FAMILIA

Adrian permaneció inmóvil frente a mi cama. Leo, Sebastian y Kai estaban detrás de mí. Tres hombres completamente distintos. Tres vidas completamente diferentes. Y, sin embargo, cuando…

Parte 2: LA CAJA QUE REVELÓ QUIÉN ERA REALMENTE JULIAN VANCE

Me senté lentamente en una de las sillas del vestíbulo. La caja descansaba sobre mis piernas. Era pequeña, de madera oscura, sin adornos excepto una cerradura metálica…

Parte 2: LA VERDAD QUE ALEJANDRO NUNCA IMAGINÓ

A las ocho en punto de la mañana, entré a la sala de juntas del Grupo Salvatierra con Valentina de la mano. Todos se pusieron de pie….

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *