PARTE 2: LA VERDAD QUE NOS SEPARÓ.

Durante varios segundos nadie dijo una palabra.

El ruido de la fiesta llegaba amortiguado desde el salón, pero en aquella escalera parecía existir otro mundo.

Solo Ethan, Sophie y yo.

Y aquel contrato entre nosotros.

—Dámelo —dije.

Intenté tomar el documento, pero Ethan apartó la mano.

—Primero dime por qué no confiaste en mí.

—No había nada que pudieras hacer.

—Eso no te correspondía decidirlo.

—¡Mi padre podía terminar en prisión!

Mi voz resonó entre las paredes.

Sophie nos observó y comprendió que aquello ya no tenía nada que ver con ella.

—Voy a dejarlos solos.

Ethan no intentó detenerla.

Sophie me sostuvo la mirada unos segundos antes de marcharse.

—Por cierto, Olivia.

Se detuvo.

—Ethan y yo no hemos vuelto.

Fruncí el ceño.

—Dijiste que eras su novia.

—Porque él me pidió que lo dijera.

Miré a Ethan.

Sophie continuó.

—Quería saber si realmente habías dejado de sentir algo por él.

Una mezcla de rabia y alivio me golpeó al mismo tiempo.

—¿Todo esto era una prueba?

Ethan guardó silencio.

Sophie suspiró.

—Una prueba bastante estúpida, si quieres mi opinión.

Después desapareció escaleras arriba.

Me volví hacia Ethan.

—Eres increíble.

—Y tú terminaste cuatro años de relación sin decirme la verdad.

—Porque estaba protegiendo a mi padre.

—¿De mi familia?

—De la tuya y de la mía.

Eso consiguió detenerlo.

Saqué aire lentamente.

Ya no tenía sentido seguir ocultándolo.

—Hace tres semanas mi madre descubrió que la empresa de mi padre tenía una deuda enorme con Hale Capital. También descubrió que faltaba dinero en varias cuentas.

Ethan frunció el ceño.

—¿Cuánto?

—Casi dos millones.

Su expresión se endureció.

—Olivia…

—Mi padre dice que fue un error contable.

—¿Y tú le crees?

No pude responder.

Ethan entendió mi silencio.

—Tu madre te dijo que mi familia podía denunciarlo.

Asentí.

—Me mostró documentos. Transferencias. Firmas. Todo.

—¿Y después apareció ese contrato?

—Sí.

Ethan miró nuevamente las páginas.

—Terminas conmigo y los Hale retiran cualquier acción legal contra tu padre.

—Exactamente.

—¿Quién lo redactó?

—No lo sé.

—¿No preguntaste?

—Tenía doce horas para firmarlo.

Ethan cerró los ojos un instante.

Cuando volvió a abrirlos, había desaparecido la rabia.

Ahora parecía preocupado.

—Olivia, mi familia no presentó ninguna demanda contra tu padre.

Sentí que el suelo se movía bajo mis pies.

—¿Qué?

—No existe ninguna demanda.

—Mi madre me enseñó una copia.

—Entonces te enseñó una mentira.

Negué con la cabeza.

—No.

—Mi padre me habría informado. Soy miembro del consejo de Hale Capital.

—Quizá quiso mantenerte fuera.

—Una demanda por dos millones necesita autorización del comité jurídico. Yo habría recibido los documentos.

Mi respiración se volvió más rápida.

Ethan sacó su teléfono.

Marcó un número.

—Papá, necesito preguntarte algo.

Escuchó durante varios segundos.

Su rostro se transformó.

—¿Estás seguro?

Otra pausa.

—Entendido.

Colgó.

—¿Qué dijo?

Ethan me miró.

—Tu padre no le debe dos millones a Hale Capital.

Sentí frío.

—Entonces ¿cuánto?

—Nada.

Me apoyé contra la pared.

—No puede ser.

—Olivia, alguien quería separarnos.

La puerta del salón se abrió.

Un hombre de cabello gris apareció en el corredor.

Richard Hale.

El padre de Ethan.

Nos miró con expresión seria.

—Los estaba buscando.

Ethan levantó el contrato.

—¿Conoces esto?

Richard tomó las páginas.

Leyó la primera.

Después la segunda.

Su rostro cambió.

—¿Dónde consiguieron esto?

—La madre de Olivia se lo entregó anoche.

Richard me miró directamente.

—Yo nunca autoricé este documento.

Mi corazón empezó a golpear con fuerza.

—Pero tiene el sello de Hale Capital.

—Un sello puede falsificarse.

Revisó la última página.

Entonces se quedó inmóvil.

—Aunque esta firma no.

Ethan se acercó.

—¿De quién es?

Richard levantó lentamente la mirada.

—De tu madre.

El silencio fue brutal.

—¿Mi madre? —preguntó Ethan.

—Victoria firmó esto.

No podía comprenderlo.

Mi madre y Victoria Hale apenas se soportaban.

¿Por qué trabajarían juntas?

Richard guardó el contrato dentro del sobre.

—Creo que deberíamos hablar en privado.

—Habla aquí —dijo Ethan.

—No.

—Papá.

Richard miró hacia el salón lleno de invitados.

—Esta noche iba a anunciar algo relacionado con la compañía. Ahora creo que ese anuncio tendrá que esperar.

—¿Qué tiene que ver la compañía con Olivia?

Richard me observó.

—Mucho más de lo que imagina.

Sentí un nudo en el estómago.

—No entiendo.

—Su padre trabajó conmigo hace veinticinco años.

Lo miré sorprendida.

Mi padre siempre había asegurado que apenas conocía a los Hale.

—Eso es imposible.

—No solo trabajó conmigo.

Richard bajó la voz.

—Fue uno de los fundadores originales de Hale Capital.

Ethan quedó inmóvil.

—Nunca me dijiste eso.

—Porque desapareció de la empresa antes de que tú fueras suficientemente mayor para comprenderlo.

—¿Por qué?

Richard me miró.

—Porque ocurrió algo que destruyó nuestra sociedad.

—¿Qué ocurrió?

Antes de responder, escuchamos pasos apresurados.

Mi madre apareció al final del corredor.

Cuando vio el contrato en manos de Richard, se detuvo.

Su rostro perdió todo el color.

—Olivia.

—Mamá.

Caminé hacia ella.

—¿Por qué me mentiste?

—No sabes de qué estás hablando.

—Hale Capital nunca demandó a papá.

Sus labios temblaron.

—¿Quién te dijo eso?

—El dueño de Hale Capital está delante de ti.

Mi madre miró a Richard.

La tensión entre ambos fue inmediata.

Antigua.

Personal.

Ethan también lo notó.

—¿Qué está pasando?

Mi madre intentó tomarme del brazo.

—Nos vamos.

Me aparté.

—No.

—Olivia.

—Firmé ese contrato porque pensé que estaba salvando a papá.

Sentí que las lágrimas me quemaban los ojos.

—Terminé con la persona que amaba porque confié en ti.

Mi madre bajó la mirada.

—Lo hice para protegerte.

—¿De Ethan?

—No.

Su respuesta fue inmediata.

Demasiado inmediata.

Ethan dio un paso adelante.

—Entonces ¿de quién?

Mi madre permaneció en silencio.

Richard respondió por ella.

—De mí.

Todos lo miramos.

Mi madre palideció.

—Richard, no.

—Ya hemos mentido demasiado.

—¡Cállate!

Nunca había escuchado a mi madre gritar así.

Richard metió una mano dentro de su chaqueta y sacó un pequeño sobre amarillento.

Parecía tener décadas.

En el frente estaba escrito el nombre de mi padre.

Richard me lo entregó.

—Esto debía llegar a tus manos cuando cumplieras dieciocho años.

Mi madre intentó arrebatármelo.

Ethan se interpuso.

—Déjala.

Abrí el sobre.

Dentro había una fotografía antigua.

Cuatro personas aparecían frente al primer edificio de Hale Capital.

Richard.

Victoria.

Mi padre.

Y mi madre.

Pero aquello no fue lo que me dejó sin respiración.

En la parte posterior había una fecha y una frase escrita a mano.

“SI ALGÚN DÍA OLIVIA DESCUBRE QUIÉN ES SU VERDADERO PADRE, TODO LO QUE CONSTRUIMOS SE ACABARÁ.”

Levanté lentamente la mirada.

Mi madre estaba llorando.

Richard no podía mirarme.

Y Ethan parecía haber entendido algo antes que yo.

—Mamá…

Mi voz apenas salió.

—¿Quién es mi padre?

Ella abrió la boca.

Pero antes de que pudiera responder, Richard levantó la mirada y dijo:

—OLIVIA, HAY UNA RAZÓN POR LA QUE TU MADRE HIZO TODO LO POSIBLE PARA IMPEDIR QUE TÚ Y ETHAN SE CASARAN.

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