PARTE 2: LA TRAICIÓN QUE DANIEL NO VIO VENIR.

A las nueve de la mañana estaba sentada frente a mi padre en la sala de juntas de Du Capital.

Él dejó el teléfono sobre la mesa después de escuchar durante casi diez minutos las exigencias de Daniel.

—Dice que estás actuando por impulso.

—Naturalmente.

—También dice que Laura Li estaba en vuestra casa por una emergencia laboral.

Deslicé mi tableta hacia él.

—Entonces la emergencia llevaba seis meses ocurriendo.

Mi padre abrió el archivo.

Transferencias bancarias.

Correos internos.

Registros de acceso.

Documentos confidenciales descargados pocos minutos antes de aparecer en manos de nuestros competidores.

Todos tenían algo en común.

Laura Li.

Mi padre dejó de pasar las páginas.

—¿Cuándo descubriste esto?

—En Londres.

La negociación del proyecto Westbridge había empezado a resultar sospechosa cuando nuestros competidores anticiparon tres de nuestras ofertas.

Alguien conocía nuestras cifras antes de que llegáramos a la mesa.

Por eso había solicitado una auditoría privada sin informar a Daniel.

Y cuarenta y ocho horas antes de regresar, los investigadores encontraron la cuenta donde terminaban los pagos.

La titular era Laura Li.

—¿Daniel lo sabe?

—Todavía no.

Mi padre me observó fijamente.

—¿Crees que está involucrado?

Esa era la pregunta que había evitado durante todo el vuelo desde Londres.

—No tengo pruebas.

—Pero Laura trabaja directamente para él.

—Precisamente.

Mi teléfono vibró.

Era mi abogado.

—Señora Du, tenemos un problema. El señor Zhou rompió la copia física, pero además ha comunicado al consejo que usted pretende perjudicar deliberadamente a Zhou International debido a una disputa matrimonial.

Solté una pequeña risa.

Daniel se movía más rápido de lo que esperaba.

—¿Y el consejo?

—Convocó una reunión extraordinaria para las dos.

—Perfecto.

—¿Perfecto?

Miré a mi padre.

—Confirma mi asistencia.

A las dos menos cinco entré en la sede de Zhou International.

Los empleados intentaban disimular sus miradas.

Daniel había convertido nuestro divorcio en un asunto corporativo.

Así que yo respondería en el único idioma que parecía respetar.

Negocios.

Cuando entré en la sala, Daniel ya estaba sentado en la cabecera.

Laura permanecía detrás de él tomando notas.

Por supuesto.

Al verme, Daniel frunció el ceño.

—Creí que vendría tu padre.

—Mi padre no está divorciándose de ti.

Algunos directivos bajaron la mirada para ocultar una sonrisa.

Me senté.

Daniel golpeó suavemente la mesa con un dedo.

—Estamos aquí porque Clara pretende retirar el respaldo de Du Capital por motivos personales.

—Incorrecto.

Abrí mi carpeta.

—Estoy aquí porque Zhou International tiene una filtración interna.

La sonrisa de Laura desapareció.

Daniel se quedó quieto.

Coloqué sobre la mesa el primer documento.

—Durante los últimos seis meses, cuatro propuestas confidenciales terminaron en manos de competidores antes de ser presentadas oficialmente.

Segundo documento.

—Los archivos fueron descargados utilizando credenciales asignadas a la oficina del presidente.

Tercero.

—Y después de cada filtración se realizaron depósitos a una misma cuenta.

Laura dejó caer el bolígrafo.

El sonido fue pequeño.

Pero todos lo escucharon.

Daniel giró hacia ella.

—¿Qué ocurre?

—Nada.

La miré.

—Entonces quizá quieras explicar esto.

Proyecté en la pantalla el nombre asociado a la cuenta.

LAURA LI.

Nadie habló.

Laura palideció.

—Eso no demuestra nada.

—Estoy de acuerdo.

Pasé a la siguiente página.

—Por eso traje más.

Mostré registros de acceso que situaban su tarjeta dentro del archivo ejecutivo durante noches en las que oficialmente no debía estar trabajando.

Después aparecieron correos eliminados.

Copias de contratos.

Historiales de descargas.

Daniel se puso de pie.

—¿Cómo conseguiste estos documentos?

—Una auditoría autorizada por Du Capital conforme a nuestro acuerdo de inversión.

—Investigaste mi oficina sin avisarme.

—Investigamos una posible filtración que estaba costándonos millones.

Me incliné ligeramente hacia delante.

—Si te hubiera avisado, quizá la persona responsable habría tenido tiempo de borrar las pruebas.

Laura comenzó a respirar con dificultad.

—Presidente Zhou, yo puedo explicarlo.

Daniel la miró.

—Hazlo.

Ella abrió la boca.

Nada salió.

Por primera vez ya no parecía aquella mujer delicada que necesitaba protección.

Parecía alguien buscando desesperadamente una salida.

—Mi cuenta fue utilizada por otra persona.

—¿Quién? —pregunté.

—No lo sé.

—Curioso.

Saqué otro documento.

—Porque el banco registró varias operaciones autorizadas mediante reconocimiento facial.

Laura se quedó completamente inmóvil.

Daniel tomó los papeles.

Los leyó.

Su rostro comenzó a endurecerse.

—Laura.

—Daniel…

Todos levantaron la mirada.

Había cometido el error.

No había dicho “presidente Zhou”.

Había dicho Daniel.

Él también lo notó.

—Sal de la sala.

Los ojos de Laura se llenaron de lágrimas.

—Por favor.

—He dicho que salgas.

Ella recogió sus cosas con manos temblorosas.

Antes de cruzar la puerta, me lanzó una mirada que ya no tenía nada de frágil.

Había odio.

Puro y silencioso.

La puerta se cerró.

Uno de los miembros del consejo carraspeó.

—Señora Du, considerando estas pruebas, propongo suspender inmediatamente los accesos de la señorita Li mientras investigamos.

—De acuerdo —respondió otro.

Daniel permaneció callado.

Yo cerré la carpeta.

—Ahora hablemos de mi participación.

Él levantó la cabeza.

—No mezcles ambas cosas.

—Tú las mezclaste cuando intentaste utilizar al consejo para impedir mi divorcio.

Sus ojos se volvieron fríos.

—¿Qué quieres?

—Nada extraordinario.

Me puse de pie.

—El divorcio continúa. Du Capital mantendrá temporalmente sus acciones, pero mi voto quedará suspendido respecto a tu reelección hasta que termine la investigación.

El rostro de Daniel cambió.

Sin nuestros votos, no tenía garantizada la presidencia.

—Clara.

—Te advertí anoche.

—Si haces esto, ambos perderemos dinero.

—Puedo recuperar dinero.

Lo miré directamente.

—El tiempo perdido no.

Salí antes de que pudiera responder.

Pensé que había terminado.

Me equivocaba.

Al llegar al ascensor, mi teléfono sonó.

Era el investigador privado de Londres.

—Señora Du, encontramos algo más.

—¿Sobre Laura?

Hubo un silencio incómodo.

—Sí, pero la situación es diferente de lo que pensábamos.

Las puertas del ascensor se abrieron.

No entré.

—Explíquese.

—La cuenta está a nombre de Laura, pero hemos rastreado el origen de los primeros documentos filtrados.

Sentí que algo se tensaba dentro de mí.

—¿Y?

—Ella no podía haberlos obtenido.

—¿Por qué?

—Porque los archivos originales estaban almacenados en una carpeta ejecutiva a la que solo podían acceder tres personas.

Miré a través del cristal hacia la ciudad.

—Dígame los nombres.

—Usted. Su padre…

Hizo una pausa.

—Y Daniel Zhou.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

Entonces escuché pasos detrás de mí.

Daniel.

Se había acercado sin que lo notara.

Pero no estaba mirándome.

Miraba mi teléfono.

—¿Qué pasa?

Antes de responder, llegó un nuevo mensaje del investigador.

Abrí el archivo adjunto.

Era una captura de una transferencia realizada seis meses atrás.

La cuenta receptora pertenecía a Laura.

Pero el dinero no había salido de ningún competidor.

Había salido de una cuenta privada vinculada directamente a Daniel.

Levanté lentamente la vista.

Él estaba a pocos metros de mí.

Y por primera vez desde que lo conocía, Daniel Zhou parecía realmente asustado.

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