PARTE 2: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ LA BODA.

La respuesta de Sophie apareció en el grupo familiar menos de un minuto después.

«YA QUE EMILY QUIERE CONTAR LA VERDAD, TAL VEZ ETHAN DEBERÍA EXPLICAR QUIÉN PAGÓ REALMENTE ESTA BODA».

Me quedé mirando la pantalla.

Margaret también había leído el mensaje.

—Sophie está alterada —dijo rápidamente—. No sabe lo que dice.

Pero había algo diferente en su voz.

Miedo.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Ethan estaba llamando.

Rechacé la llamada.

Volvió a llamar.

La rechacé otra vez.

Entonces Sophie envió una fotografía.

Era una transferencia bancaria de hacía cuatro meses.

Ciento ochenta mil dólares.

El destinatario era Ethan.

El remitente hizo que mi estómago se contrajera.

ROBERT CARTER.

Mi padre.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

Margaret retrocedió.

—Emily, deberías hablar con Ethan.

—Te estoy preguntando a ti.

Ella guardó silencio.

Y entonces lo comprendí.

Mi padre me había dicho que contribuiría con algunos gastos de la boda.

Yo había rechazado su ayuda.

Quería pagar mi parte con mis propios ahorros.

Ethan aseguró haber hecho lo mismo.

Pero ahora tenía delante la prueba de que había aceptado dinero de mi padre a mis espaldas.

Sophie escribió otro mensaje.

«PREGÚNTALE TAMBIÉN POR LOS OTROS 120.000».

Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

Abrí inmediatamente la aplicación bancaria.

La cuenta conjunta que Ethan y yo utilizábamos para los gastos de la boda mostraba movimientos que nunca había visto.

No porque no estuvieran allí.

Porque yo había confiado en él.

Pagos cancelados.

Reembolsos.

Transferencias a otra cuenta.

Miles de dólares desapareciendo poco a poco.

Margaret intentó acercarse.

—Emily…

—No me toques.

Mi voz salió tan fría que se detuvo.

En ese momento llegó un mensaje privado de Ethan.

«NO CREAS NADA DE LO QUE DIGA SOPHIE. VOY PARA ALLÁ».

Respondí:

«TRAE LOS DOCUMENTOS DEL DINERO DE MI PADRE».

Tres puntos aparecieron en la pantalla.

Desaparecieron.

Volvieron.

Finalmente respondió:

«Podemos hablarlo».

Eso fue suficiente.

Llamé a mi padre.

Contestó casi inmediatamente.

—Cariño, acabo de ver el video. ¿Estás bien?

—Papá, ¿le diste dinero a Ethan?

Silencio.

—¿Cuánto?

Otro silencio.

—Trescientos mil.

Cerré los ojos.

—¿Por qué?

—Me llamó hace meses. Dijo que estabas preocupada por los gastos y que te daba vergüenza pedirme ayuda. Me pidió que no te dijera nada porque quería hacerte creer que él había pagado la boda.

Sentí náuseas.

—Yo nunca le pedí dinero.

—Lo sé ahora.

Mi padre respiró profundamente.

—Emily, hay algo más.

Miré a Margaret.

Ella estaba completamente pálida.

—Dímelo.

—Hace dos semanas Ethan volvió a llamarme.

—¿Para qué?

—Quería otros quinientos mil dólares.

Abrí los ojos.

—¿Qué?

—Dijo que quería comprarte una casa como regalo de bodas.

—No existe ninguna casa.

Mi padre permaneció callado.

Después preguntó:

—¿Dónde estás?

—En el hotel.

—No te muevas. Voy para allá.

Colgué.

Margaret tomó su bolso.

—Creo que debería irme.

Me puse delante de la puerta.

—No.

—Emily…

—Tú sabías lo del dinero.

No fue una pregunta.

Sus ojos evitaron los míos.

Y aquel pequeño gesto me dio la respuesta.

—Ethan necesitaba ayuda —murmuró finalmente.

—¿Para qué?

—Eso tienes que preguntárselo a él.

—Te lo estoy preguntando a ti.

Antes de que pudiera responder, alguien golpeó la puerta.

Tres golpes violentos.

—¡Emily!

Ethan.

Margaret corrió a abrir.

Él entró como una tormenta.

—¿Perdiste la cabeza?

Ni siquiera preguntó cómo estaba.

Ni miró el vestido destruido.

—¿Sabes lo que acabas de hacerme?

Solté una pequeña risa.

—¿Hacerte?

—Ese video está circulando por todas partes.

—Qué pena.

—Bórralo.

—No.

Ethan se acercó.

—Emily, esto puede destruir mi carrera.

—Debiste pensarlo antes de entrar en un hotel con Sophie.

—¡No pasó nada!

—Perfecto.

Saqué el teléfono.

—Entonces explícame los trescientos mil dólares.

Se quedó inmóvil.

Margaret cerró los ojos.

—Emily…

—No hablo contigo.

Miré a Ethan.

—Mi padre acaba de contarme todo.

Su expresión cambió.

La furia desapareció.

Ahora estaba calculando.

—Era un préstamo.

—Mi padre dice que no.

—Pensaba devolverlo.

—¿Con qué dinero?

Silencio.

—¿Y los otros quinientos mil que intentaste pedirle?

—Eso era para nosotros.

—¿Dónde está la casa?

No respondió.

Entonces comprendí que Sophie no había revelado aquella información para ayudarme.

Estaba castigándolo.

Y si estaba dispuesta a destruirlo, probablemente sabía mucho más.

Abrí el grupo familiar.

—Sophie, ¿para qué necesitaba Ethan el dinero?

Ethan intentó quitarme el teléfono.

Retrocedí.

—¡No le escribas!

Aquella reacción confirmó que había tocado exactamente donde debía.

Sophie respondió casi inmediatamente.

«PREGÚNTALE POR AURORA».

Fruncí el ceño.

—¿Aurora?

Ethan perdió el color.

Margaret se sentó.

Ninguno de los dos habló.

—¿Qué es Aurora?

—Nada —respondió Ethan demasiado rápido.

Busqué el nombre en mi teléfono.

Apareció una empresa.

Aurora Events LLC.

Registrada hacía dos años.

Su actividad declarada era organización de eventos privados.

Y entonces vi el nombre de su administradora.

SOPHIE BENNETT.

—¿Tienes una empresa con ella?

—No es lo que parece.

Seguí revisando.

Había fotografías de fiestas privadas, hoteles, viajes y eventos exclusivos.

En varias aparecía Ethan.

No como invitado.

Como socio.

—Dos años —susurré.

Sophie envió otro mensaje.

«Yo puse el nombre. Ethan puso el dinero».

Miré a mi prometido.

—¿Mi dinero?

—Emily…

—¿El dinero de mi padre?

No contestó.

Sophie respondió por él.

«LOS 300.000 DÓLARES FUERON PARA SALVAR AURORA DE LA QUIEBRA».

Margaret comenzó a llorar.

Pero todavía faltaba algo.

—¿Por qué Sophie está revelando todo esto ahora?

Ethan apretó los puños.

Sophie empezó a escribir.

Se detuvo.

Volvió a escribir.

Finalmente apareció el mensaje.

«PORQUE ÉL ME PROMETIÓ QUE LA BODA CONTIGO NUNCA OCURRIRÍA».

El silencio fue absoluto.

Levanté la vista hacia Ethan.

—¿Por eso cancelaste?

—Puedo explicarlo.

—Hazlo.

—Sophie y yo cometimos errores.

—¿Durante cuánto tiempo?

No respondió.

—¿Durante cuánto tiempo, Ethan?

—Emily…

—¡DILO!

Bajó la cabeza.

—Dos años.

Sentí algo extraño.

No dolor.

No exactamente.

Era como si siete años de recuerdos acabaran de cambiar de significado.

Entonces alguien llamó nuevamente a la puerta.

Esta vez era mi padre.

Entró acompañado por un hombre con traje oscuro.

—Emily, él es mi abogado.

Ethan palideció.

Mi padre dejó una carpeta sobre la mesa.

—Quiero recuperar cada dólar.

Ethan miró a Margaret.

Ella no pudo ayudarlo.

Mi teléfono vibró otra vez.

Sophie había enviado un video al grupo.

Lo abrí.

La grabación mostraba a Ethan sentado en una habitación de hotel meses atrás.

Su voz se escuchaba perfectamente.

«ME CASARÉ CON EMILY, CONSEGUIRÉ EL DINERO DE SU PADRE Y DESPUÉS ENCONTRAREMOS LA FORMA DE TERMINAR EL MATRIMONIO».

Nadie habló cuando terminó.

Ethan parecía incapaz de respirar.

Yo tomé los restos de mi vestido, los puse dentro de una bolsa y se los entregué.

—Llévatelo.

—Emily…

—La boda está cancelada definitivamente.

Miré a Margaret.

—Y ya no necesito aprender a comprender a tu hijo.

Después miré a mi padre.

—Vamos.

Cuando llegamos al pasillo, escuché a Ethan gritar mi nombre.

No volví la cabeza.

Mi teléfono recibió un último mensaje de Sophie.

Lo abrí dentro del ascensor.

Solo contenía una frase.

«EMILY, NO TE VAYAS TODAVÍA. HAY ALGO QUE DEBES SABER SOBRE POR QUÉ ETHAN TE ELIGIÓ HACE SIETE AÑOS».

Las puertas comenzaron a cerrarse.

Y justo antes de perderlo de vista, vi a Ethan correr hacia nosotros con una expresión de auténtico terror.

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