Lucas permaneció bajo la nieve mientras Valeria y Julian se alejaban hacia el automóvil negro estacionado frente al hotel.
No volvió a llamarla.
No intentó detenerla.
Pero cuando Julian abrió la puerta para que ella entrara, Valeria alcanzó a ver la expresión de Lucas reflejada en el cristal.
No era únicamente dolor.
Era arrepentimiento.
Y por alguna razón, aquello no le produjo la satisfacción que había imaginado.
Dentro del automóvil reinaba el silencio.
Julian se acomodó a su lado.
—Todavía lo amas.
Valeria giró hacia él.
—¿Eso te molesta?
—No.
—Mentiroso.
Julian sonrió apenas.
—Me molestaría si creyera que voy a perder.
Ella soltó una pequeña carcajada.
—¿Siempre conviertes todo en una competencia?
—Solo aquello que quiero ganar.
Valeria dejó de sonreír.
—Yo no soy un premio.
—Precisamente por eso eres interesante.
Aquella respuesta la desconcertó.
Lucas siempre había hablado de ellos como algo inevitable.
Habían crecido juntos, por lo que debían terminar juntos.
Julian era diferente.
No parecía creer que Valeria le perteneciera. Parecía decidido a conseguir que ella lo eligiera.
Y eso era mucho más peligroso.
Durante las semanas siguientes, Julian no intentó impresionarla con regalos absurdos.
No necesitaba hacerlo.
Le enviaba café antes de reuniones importantes porque recordaba exactamente cómo lo tomaba.
Canceló una cena cuando ella mencionó que estaba agotada.
Escuchaba cuando hablaba.
Nunca preguntaba por Lucas.
Nunca exigía saber dónde estaba.
Nunca parecía inseguro.
Aquella tranquilidad empezó a derribar defensas que Valeria llevaba meses construyendo.
Hasta que Lucas regresó.
Ocurrió durante una reunión empresarial.
Valeria estaba presentando un proyecto ante doce inversionistas cuando las puertas se abrieron.
Lucas entró.
Vestía traje oscuro.
Parecía haber recuperado parte de su antigua seguridad.
—Necesito hablar contigo.
Valeria dejó el mando de la presentación sobre la mesa.
—Estoy trabajando.
—Cinco minutos.
—No.
Uno de los ejecutivos intentó intervenir, pero Lucas colocó una carpeta sobre la mesa.
—Entonces hablaremos aquí.
Valeria vio el nombre de Emma en la primera página.
Su expresión cambió.
—¿Qué es eso?
—La razón por la que necesito que me escuches.
La reunión terminó inmediatamente.
Cuando quedaron solos, Lucas abrió la carpeta.
Había capturas de conversaciones, registros de llamadas y fotografías.
—Emma mintió.
Valeria cruzó los brazos.
—Eso ya no importa.
—Sí importa.
Lucas señaló los documentos.
—Inventó varias de aquellas crisis. Incluso hizo que otras personas me llamaran para decir que necesitaba ayuda.
Valeria hojeó las páginas.
No parecía sorprendida.
—¿Y?
Lucas quedó inmóvil.
—¿Cómo que “y”?
—Emma pudo manipularte, Lucas. Pero nadie te obligó a correr hacia ella cada vez que llamaba.
Él apretó la mandíbula.
—Pensé que estaba ayudando a una amiga.
—Hasta que empezaste a preguntarte si sentías algo por esa amiga.
Silencio.
Valeria cerró la carpeta.
—Ese fue nuestro problema. No Emma.
Lucas la miró con desesperación.
—Cometí un error.
—Sí.
—¿Y quince años juntos no significan nada frente a un error?

Valeria respiró profundamente.
—Significaron tanto que esperé quince años para descubrir que bastaban tres segundos de silencio para saber que no me elegías completamente.
Lucas bajó la cabeza.
Entonces la puerta volvió a abrirse.
Julian apareció.
No parecía enfadado.
Eso hizo que Lucas se pusiera todavía más tenso.
—¿Ahora te sigue a todas partes? —preguntó.
Valeria endureció la mirada.
—Cuidado.
Julian metió las manos en los bolsillos.
—Continúen. Vine a buscarla para cenar.
Lucas soltó una risa amarga.
—Claro. El gran Julian Cross esperando tranquilamente mientras otro hombre intenta recuperar a su novia.
Julian lo observó.
—No necesito impedir que hables.
—¿Tan seguro estás?
—De mí, sí.
Después miró a Valeria.
—La decisión es suya.
Aquellas palabras hicieron más daño a Lucas que una provocación.
Porque Julian no estaba compitiendo desesperadamente.
Le estaba concediendo a Valeria exactamente aquello que Lucas no le había dado: libertad para elegir.
Lucas recogió lentamente la carpeta.
—Voy a demostrarte que puedo cambiar.
Valeria no respondió.
Él salió.
Esa noche, durante la cena, Valeria estuvo extrañamente callada.
Julian finalmente dejó los cubiertos.
—Puedes volver con él.
Ella levantó la vista.
—¿Quieres que lo haga?
—No.
Su respuesta fue inmediata.
—Entonces no digas tonterías.
Julian sonrió.
—Pero tampoco quiero que estés conmigo únicamente para castigarlo.
Eso la golpeó.
Porque había una parte de verdad.
Al principio, Julian había sido exactamente eso.
Una distracción.
Una manera de demostrarse que Lucas no era imprescindible.
Pero ya no sabía cuándo había dejado de fingir.
—¿Y qué quieres de mí? —preguntó.
Julian sostuvo su mirada.
—Nada que tengas que obligarte a darme.
Valeria sintió que el corazón le latía con demasiada fuerza.
—Eres peligrosamente paciente.
—No siempre.
—¿Cuándo pierdes la paciencia?
Julian inclinó ligeramente la cabeza.
—Cuando alguien intenta hacerte daño.
Ella creyó que era una frase.
Descubrió que no lo era tres días después.
Una fotografía de Valeria y Julian apareció en todos los portales de Harbor City.
El titular afirmaba que Valeria había abandonado a Lucas después de años de relación para acercarse al multimillonario Julian Cross.
En pocas horas, las redes se llenaron de comentarios.
La llamaron oportunista.
Infiel.
Interesada.
Después apareció una entrevista.
Emma.
Con lágrimas cuidadosamente contenidas, aseguró que jamás había querido destruir ninguna relación.
—Lucas siempre amó a Valeria —dijo frente a las cámaras—. Creo que simplemente hubo malentendidos.
Valeria apagó el televisor.
Comprendió inmediatamente lo que estaba ocurriendo.
Emma acababa de convertirla en la villana.
Su teléfono comenzó a sonar.
Periodistas.
Socios.
Familiares.
Entonces recibió un mensaje de Lucas.
“Yo no autoricé esto.”
Antes de poder responder, Julian entró en su oficina.
Llevaba el teléfono en una mano.
Su expresión era tan tranquila que Valeria supo inmediatamente que estaba furioso.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó ella.
—Nada.
Valeria arqueó una ceja.
—Esa cara no significa “nada”.
Julian se acercó a la ventana.
Harbor City brillaba bajo ellos.
—Prometí que no decidiría por ti.
—¿Y?
—Así que dime qué quieres.
Valeria observó nuevamente la entrevista de Emma congelada en la pantalla.
Durante años había evitado escándalos.
Había sonreído cuando debía sonreír.
Había protegido incluso a Lucas después de terminar.
Estaba cansada.
—Quiero que dejen de utilizar mi silencio como prueba de culpabilidad.
Julian giró hacia ella.
—¿Eso significa que puedo intervenir?
Valeria sonrió lentamente.
—Significa que puedes divertirte.
Fue la primera vez que vio a Julian sonreír de aquella manera.
Esa misma noche, tres medios retiraron sus artículos.
A la mañana siguiente, la empresa que había contratado a Emma como imagen de una campaña anunció una revisión interna.
Al mediodía, comenzaron a circular pruebas que demostraban que varias declaraciones de la entrevista eran falsas.
Lucas llamó a Valeria doce veces.
Ella no respondió.
A las siete de la tarde apareció personalmente en su oficina.
Entró furioso.
—¡Dile a Cross que se detenga!
Valeria levantó la mirada.
—Yo le di permiso.
Lucas quedó petrificado.
—¿Sabes lo que está haciendo?
—Corrigiendo una mentira.
—Está destruyendo a Emma.
—Emma decidió hacer pública nuestra historia.
Lucas golpeó la mesa con la palma.
—¡Ella cometió un error!
Valeria se puso lentamente de pie.
—Qué curioso.
Caminó hasta quedar frente a él.
—Cuando tú cometiste un error, yo tenía que perdonarte por quince años de historia.
—Valeria…
—Cuando Emma comete un error, también debo protegerla.
Su mirada se volvió helada.
—¿En qué momento alguien decidió protegerme a mí?
Lucas no respondió.
Entonces una voz surgió desde la puerta.
—Yo.
Julian estaba allí.
Lucas giró.
Los dos hombres se miraron.
Esta vez no había nieve.
No había periodistas.
No había distancia.
Solo ellos.
Lucas avanzó.
—Mantente fuera de nuestra historia.
Julian no retrocedió.
—Tu historia con ella terminó cuando dudaste.
—Tú no sabes nada sobre nosotros.
—Sé suficiente.
Lucas apretó los puños.
—Ella volverá conmigo.
Julian sonrió.
—Entonces pregúntaselo.
Ambos miraron a Valeria.
Ella abrió la boca.
Pero antes de pronunciar una palabra, su teléfono vibró.
Era un mensaje de un número desconocido.
Había una fotografía adjunta.
Valeria la abrió.
Y toda la sangre abandonó su rostro.
La imagen había sido tomada meses atrás.
Mostraba a Emma entrando en un hotel.
Pero no estaba con Lucas.
Estaba acompañada por un hombre que Valeria conocía perfectamente.
Su propio padre.
Debajo de la fotografía había una sola frase.
“Emma nunca quiso robarte a Lucas. Se acercó a él para llegar hasta tu familia.”