Colgué.
Durante unos segundos, mantuve el teléfono entre las manos mientras el taxi continuaba avanzando.
Ethan volvió a llamar.
No contesté.
Después llegó un mensaje.
“Olivia, vuelve al hotel. Podemos arreglar esto.”
Casi me hizo reír.
Cinco minutos antes yo no era digna de entrar en su gala.
Ahora que cincuenta millones habían desaparecido de la mesa, de repente quería arreglar nuestro matrimonio.
Apagué la pantalla.
Cuando llegué a la residencia Blackwood, las enormes puertas de hierro ya estaban abiertas.
No había regresado allí desde mi boda.
Mi tío Richard había muerto tres años atrás y Samuel se había encargado desde entonces de administrar buena parte de los negocios familiares.
Yo había preferido mantenerme lejos.
Quería construir una vida con Ethan sin depender del apellido de mi familia.
Ese había sido mi mayor error: creer que esconder mi poder haría que Ethan valorara más a la persona que había detrás de él.
Samuel me esperaba en la entrada.
Al verme bajar del taxi, abrió los brazos.
—Cinco años sin venir y apareces en una noche como esta.
Lo abracé.
—Lo siento.
—No tienes que disculparte.
Su expresión cambió al observar mi rostro.
—¿Qué hizo?
—Llevó a otra mujer en mi lugar.
Samuel apretó la mandíbula.
—¿La secretaria?
Lo miré sorprendida.
—¿Lo sabías?
—Olivia, nosotros investigamos antes de invertir cincuenta millones.
Entramos.
Sobre la mesa del salón había varias carpetas.
Samuel señaló una de ellas.
—La inversión nunca dependió únicamente de Ethan.
Abrí la carpeta.
Mi nombre aparecía en la primera página.
—¿Qué significa esto?
Samuel se sentó frente a mí.
—Significa que el comité aprobó la operación porque tú eras parte de la empresa.
—Nunca tuve un cargo oficial.
—No hacía falta.
Sacó varios documentos.
Correos.
Contratos.
Informes.
Algunos llevaban años guardados.
Reconocí inmediatamente mis propias correcciones.
Ideas que había escrito de madrugada.
Contactos que yo había presentado.
Estrategias comerciales que Ethan posteriormente había presentado como propias.
Samuel apoyó un dedo sobre los papeles.
—Cuando analizamos el crecimiento de Grant Technologies, descubrimos algo interesante.
Levantó la vista.
—Cada momento importante de la empresa comenzó contigo.
Sentí un nudo en la garganta.
—Ethan nunca mencionó mi participación.
—Precisamente.
Samuel deslizó otro documento hacia mí.
—Por eso la inversión incluía una cláusula que Ethan nunca se molestó en leer con atención.
Fruncí el ceño.
—¿Qué cláusula?
—La aprobación final dependía de que tú continuaras vinculada al proyecto.
Me quedé inmóvil.
—¿Ethan sabía eso?
—Sabía que existía una condición relacionada con la continuidad del equipo fundador.
Samuel sonrió sin humor.
—Simplemente asumió que “equipo fundador” significaba él.
En ese momento mi teléfono comenzó a vibrar otra vez.
Ethan.
Samuel miró la pantalla.
—Contesta.
—No quiero escucharlo.
—Entonces ponlo en altavoz.
Acepté.
—¿Qué quieres?
La voz de Ethan llegó desesperada.
—Olivia, ¿estás con Samuel?
—Sí.
Silencio.
Después cambió inmediatamente el tono.
—Cariño, creo que hubo un malentendido.
Samuel levantó una ceja.
Yo casi sonreí.
—Hace una hora me preguntaste si creía que merecía entrar en tu gala.
—Estaba nervioso.
—Y llevabas a Sienna usando mi vestido porque estabas nervioso.
—Eso no significa lo que piensas.
—¿Entonces qué significa?
No respondió.
Escuché voces detrás de él.
Personas abandonando el salón.
Después escuché claramente a Sienna.
—Ethan, dile que deje de comportarse como una niña y arregle esto.
Samuel extendió la mano.
Le entregué el teléfono.
—Señor Grant —dijo.
El silencio al otro lado fue inmediato.
—Samuel.
—Para usted, señor Blackwood.
Vi cómo Samuel endurecía la expresión.
—Quiero dejar algo perfectamente claro. Olivia no retiró cincuenta millones.

Pausa.
—Los retiré yo.
Ethan intentó hablar.
Samuel continuó.
—Y después de lo que vi esta noche, considero que fue una excelente decisión.
—Puedo explicarlo.
—No me interesa su vida sentimental.
Samuel miró los documentos.
—Me interesa saber por qué un hombre que ocultó la participación de su propia esposa debería administrar cincuenta millones de nuestro capital.
Ethan guardó silencio.
Samuel colgó.
Pensé que todo había terminado.
Me equivocaba.
Apenas diez minutos después, los guardias anunciaron que había un automóvil esperando frente a la residencia.
Ethan había venido.
—No pienso verlo —dije.
Samuel asintió.
—Entonces no lo verás.
Pero antes de que pudiera subir las escaleras, escuché gritos en la entrada.
—¡OLIVIA!
Me detuve.
—¡Solo cinco minutos!
Cerré los ojos.
Había pasado años evitando confrontaciones.
Esa noche estaba cansada de esconderme.
—Déjalo entrar.
Ethan apareció poco después.
Venía solo.
Su corbata estaba torcida y el rostro que horas antes irradiaba superioridad ahora estaba cubierto de desesperación.
—Olivia.
Intentó acercarse.
—Quédate ahí.
Se detuvo.
—Lo de Sienna fue un error.
—¿Cuál parte?
—Todo.
—Qué conveniente.
—Puedo despedirla mañana.
Negué lentamente.
—Todavía no entiendes nada.
—Entonces explícame.
Lo miré durante varios segundos.
—No quiero que despidas a Sienna.
Ethan pareció confundido.
—Quiero divorciarme.
El color abandonó su rostro.
—No.
—No es una pregunta.
—Olivia, tenemos cinco años juntos.
—Precisamente.
—No puedes destruir nuestro matrimonio por una noche.
Lo miré incrédula.
—Nuestro matrimonio no terminó esta noche.
Me acerqué un paso.
—Esta noche simplemente dejé de fingir que seguía vivo.
Ethan abrió la boca, pero Samuel apareció desde el despacho.
Llevaba otra carpeta.
Su expresión era diferente.
Mucho más seria.
—Olivia.
Me giré.
—Necesitas ver esto.
Ethan palideció inmediatamente.
Fue una reacción mínima.
Pero la vi.
Samuel también.
—¿Qué ocurre? —pregunté.
Samuel abrió la carpeta.
—Cuando cancelé la inversión pedí una revisión completa de la documentación financiera que Ethan presentó.
Colocó varias páginas sobre la mesa.
—Encontramos transferencias que no aparecen correctamente justificadas.
Ethan avanzó.
—Eso no tiene relación con Olivia.
Samuel lo ignoró.
Yo tomé los documentos.
Había empresas que no reconocía.
Pagos repetidos.
Facturas enormes.
Y después encontré un nombre conocido.
Sienna Blake.
—¿Qué es esto?
Ethan no respondió.
Samuel señaló una transferencia.
—Durante los últimos dieciocho meses, una empresa registrada a nombre de un familiar de Sienna recibió pagos de Grant Technologies.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Cuánto?
Samuel me miró.
—Más de tres millones.
Ethan habló rápidamente.
—Son servicios de consultoría.
—Entonces podrás demostrarlo —respondió Samuel.
En ese instante se abrió la puerta principal.
Sienna entró furiosa.
Todavía llevaba mi vestido.
—¡Ethan!
Se detuvo al verme.
Después vio los documentos.
Su expresión cambió.
Samuel tomó una página.
—Señorita Blake, qué oportuno.
Sienna retrocedió.
—No sé de qué están hablando.
—Todavía no he preguntado nada.
Silencio.
Entonces mi teléfono vibró.
Era un correo del abogado de la familia.
Lo abrí.
Había un documento adjunto.
Leí las primeras líneas.
Y sentí que las piernas casi me fallaban.
—Samuel…
—¿Qué ocurre?
Le entregué el teléfono.
Su expresión se endureció mientras leía.
Ethan intentó acercarse.
—¿Qué dice?
Levanté lentamente los ojos hacia él.
La empresa que había recibido los tres millones no pertenecía realmente a la familia de Sienna.
Samuel dejó el teléfono sobre la mesa.
—Tenemos al propietario real.
Sienna miró a Ethan.
Ethan miró a Sienna.
Y entonces comprendí algo.
Los dos estaban asustados, pero no el uno del otro.
Estaban asustados de mí.
—¿Quién es? —pregunté.
Samuel giró la pantalla hacia mí.
Leí el nombre.
Mi corazón dio un golpe brutal.
Porque aquella persona no era un desconocido.
Era alguien de mi propia familia.