PARTE 2: CUANDO DESCUBRIÓ POR QUÉ DESAPARECÍ DE SU VIDA.

Leo fue el primero en romper el silencio.

—¿Este es Ethan Cole?

Cerré los ojos.

Perfecto.

El desastre acababa de empezar.

—Leo…

—¿El Ethan Cole? —insistió.

Nate dejó de sonreír.

Adrian, en cambio, observó a mi exmarido con una calma mucho más peligrosa.

Ethan frunció el ceño.

—¿Nos conocemos?

—Personalmente, no —respondió Adrian—. Pero conocemos bastante sobre usted.

Ethan me miró.

—¿Qué significa eso?

—Significa que mi familia sabe quién fue mi marido.

—Exmarido —corrigió Nate.

Leo señaló a Ethan.

—El que se divorció de ella por mensaje después de dejarla esperando sola en un aeropuerto.

—Leo.

—¿Qué? ¿Ahora tenemos que proteger sus sentimientos?

Vi cómo Ethan apretaba el expediente.

Tres años atrás, nuestra separación había sido rápida y horrible.

Él recibió una oportunidad para especializarse en Boston.

Yo debía acompañarlo.

Pero dos días antes del viaje, mi padre sufrió una crisis empresarial que amenazaba con arrastrar a cientos de empleados. Le pedí a Ethan unas semanas.

Él creyó que otra vez estaba eligiendo a mi familia por encima de nuestro matrimonio.

Discutimos.

Dijimos cosas crueles.

Después apareció Vanessa Sterling.

Su primer amor.

La mujer elegante de la que las enfermeras habían estado hablando.

Y nuestro matrimonio terminó.

—Eso pertenece al pasado —dijo Ethan.

Nate soltó una carcajada.

—Curioso. Hace unas horas parecías bastante interesado en saber si Olivia había encontrado otro hombre.

Ethan se quedó rígido.

—Era una pregunta clínica.

Los tres lo miraron.

Incluso yo tuve que contener una sonrisa.

—Claro —dijo Leo—. Yo también pregunto por el estado civil antes de cantar.

—Basta —murmuré.

Adrian se acercó a mi cama.

—¿Cómo te sientes?

—Como si alguien hubiera decidido usar mi abdomen como pista de carreras.

Nate levantó una mano.

—No fui yo.

Me reí.

Y fue entonces cuando vi a Ethan.

Estaba mirándome.

No como médico.

Como el hombre que durante años había conocido cada una de mis sonrisas y que acababa de descubrir que existía una versión de mí que él jamás había visto.


La cirugía salió bien.

Cuando desperté, Leo dormía doblado sobre un sillón. Nate había desaparecido para conseguir café y Adrian trabajaba frente a la ventana.

Pero Ethan también estaba allí.

Revisaba el monitor.

—¿Todo bien? —pregunté.

—Sí.

Intenté incorporarme.

Él reaccionó inmediatamente.

—No.

Su mano sostuvo mi hombro.

Nuestros ojos se encontraron.

Ethan retiró la mano como si se hubiera quemado.

—Descansa.

—Puedes irte. Ya tengo familia.

Aquello dio exactamente donde yo quería.

Su mandíbula se endureció.

—Nunca dije que no tuvieras familia.

—Dijiste que después de tres años ni siquiera había encontrado un hombre que me acompañara al hospital.

—Estaba molesto.

Lo miré sorprendida.

—¿Por qué?

Ethan guardó silencio.

Entonces apareció una voz femenina desde la puerta.

—Porque Ethan siempre dice cosas crueles cuando está celoso.

Una mujer alta, impecablemente vestida, entró con un bolso de diseñador.

La reconocí inmediatamente.

Vanessa Sterling.

El famoso primer amor.

Ella miró a Ethan.

—Tu madre me dijo que estabas aquí.

Después sus ojos se posaron sobre mí.

—Olivia.

—Vanessa.

Leo despertó.

Adrian levantó lentamente la cabeza.

Vanessa reconoció a ambos y su expresión cambió.

—¿Qué hacen ellos aquí?

Leo respondió:

—Cuidando a mi hermana.

Vanessa parpadeó.

—¿Hermana?

Aquello pareció desconcertarla todavía más que a Ethan.

Entonces sonrió.

—Vaya. Parece que finalmente dejaste de esconder a tu familia.

La habitación quedó en silencio.

Ethan giró hacia mí.

—¿Esconder?

Vanessa comprendió demasiado tarde lo que había dicho.

—No importa.

—Vanessa —dijo Ethan—. ¿Qué quisiste decir?

Ella suspiró.

—Pensé que lo sabías.

Mi corazón empezó a acelerarse.

—No es el momento.

Pero Ethan ya estaba mirándome.

—¿Saber qué?

Adrian cerró su computadora.

—Doctor Cole, mi prima acaba de salir de una cirugía.

—Solo quiero una respuesta.

Vanessa cruzó los brazos.

—Olivia nunca fue exactamente la mujer sencilla que tú creías.

Ethan frunció el ceño.

—¿De qué estás hablando?

Vanessa señaló a Adrian.

—¿Nunca te preguntaste por qué el heredero de Blackwell Group la llama familia?

Ethan volvió a mirarme.

Yo cerré los ojos.

Tres años ocultándolo.

Y todo iba a salir precisamente allí.

—Mi madre era una Blackwell —dije finalmente.

Ethan quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Adrian es mi primo.

Leo añadió:

—Y mis padres adoptivos son sus padrinos.

Nate acababa de regresar y, al escuchar aquello, murmuró:

—Bueno, ya explotó la bomba.

Pero Ethan no sonrió.

—Durante nuestro matrimonio me dijiste que tu familia tenía una pequeña empresa.

—La tenía.

—¿Blackwell Group es una pequeña empresa?

—Yo nunca dije que fuera Blackwell Group.

—Me dejaste creer que estabas prácticamente sola.

Aquello me hizo reír.

—¿Y habría cambiado algo?

—¡Claro que habría cambiado!

La habitación quedó helada.

Me incorporé pese al dolor.

—Entonces gracias por confirmarlo.

Ethan comprendió inmediatamente.

—No quise decir eso.

—Sí lo hiciste.

—Olivia…

—Yo quería saber si podías amarme sin saber quién era mi familia.

Su rostro se endureció.

—Te amé.

—Hasta que dejaste de hacerlo.

Ethan dio un paso hacia mí.

—Yo nunca dejé de amarte.

Nadie habló.

Vanessa palideció.

Yo sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.

—No hagas esto.

—Es la verdad.

—Te divorciaste de mí.

—Porque pensé que tú querías irte.

Lo miré fijamente.

—¿Qué?

Ethan respiró hondo.

—La noche anterior a mi viaje recibí un correo desde tu cuenta.

Sentí frío.

—¿Qué correo?

—Decía que estabas cansada de nuestro matrimonio. Que no ibas a seguirme a Boston y que querías terminar.

Negué lentamente.

—Nunca escribí eso.

Ethan se quedó inmóvil.

—Lo recibí de tu dirección.

—Yo jamás te envié ningún correo.

Por primera vez, algo parecido al miedo apareció en sus ojos.

Vanessa retrocedió un paso.

Un movimiento pequeño.

Pero Adrian lo vio.

Y yo también.

—Vanessa —dijo Adrian.

Ella se volvió.

—¿Qué?

—¿Por qué estás retrocediendo?

—No estoy retrocediendo.

Ethan la miró.

Entonces recordé algo.

Tres años atrás, Vanessa había pasado una tarde en nuestra casa.

Yo le había prestado mi computadora porque su teléfono se había quedado sin batería.

La misma computadora donde mi correo permanecía abierto.

—Vanessa…

Ella palideció.

Ethan comprendió al mismo tiempo.

—Dime que no fuiste tú.

—Ethan, podemos hablar afuera.

—Dímelo aquí.

—No sabes lo que estaba pasando entonces.

Ethan perdió el color.

—¿Fuiste tú?

Vanessa apretó los labios.

Y aquella ausencia de respuesta fue suficiente.

Ethan se apoyó contra la pared.

Durante tres años había creído que yo lo había abandonado.

Durante tres años yo había creído exactamente lo mismo de él.

Todo por un correo que ninguno de nosotros había escrito.

Pero entonces Adrian habló.

—Hay algo más.

Lo miré.

—¿Qué?

Mi primo sacó el teléfono.

—Mientras estabas en cirugía pedí que revisaran aquella época. Nunca me gustó cómo ocurrió vuestro divorcio.

Vanessa se puso tensa.

—No tienes derecho.

Adrian ni siquiera la miró.

—Encontramos una copia archivada del correo.

Ethan levantó la cabeza.

—¿Y?

—El mensaje no fue lo único manipulado.

Adrian deslizó el dedo por la pantalla.

—También encontramos transferencias hechas pocos días antes de vuestro divorcio.

—¿Transferencias de quién? —pregunté.

Adrian levantó lentamente los ojos hacia Vanessa.

—De alguien relacionado con ella.

Vanessa agarró su bolso.

—Esto es ridículo. Me voy.

Nate bloqueó la puerta.

—Creo que todavía no.

—Apártate.

Entonces Adrian dijo algo que hizo que incluso Ethan dejara de respirar.

—El dinero no fue enviado a Olivia.

Me miró.

Su expresión había cambiado.

—Fue enviado a alguien dentro del hospital donde trabajaba Ethan.

Sentí un escalofrío.

—¿Para qué?

Adrian abrió un documento.

—Eso es lo que estamos averiguando.

Ethan extendió la mano.

—Déjame verlo.

Pero antes de que Adrian pudiera entregárselo, alguien golpeó la puerta.

Era el director médico.

Y no estaba solo.

Dos hombres trajeados permanecían detrás de él.

Su expresión era grave.

—Doctor Cole, necesitamos hablar con usted inmediatamente.

Ethan frunció el ceño.

—¿Sobre qué?

El director miró primero a Vanessa.

Después a mí.

Y finalmente volvió hacia Ethan.

—Sobre un expediente médico de hace tres años que fue alterado utilizando sus credenciales.

Sentí que mi corazón se detenía.

Ethan palideció.

—¿De quién era el expediente?

El director médico tardó varios segundos en responder.

Entonces pronunció mi nombre.

—De Olivia.

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