Parte 2: EL PRECIO DE CANCELAR LA BODA

A las siete y doce de la mañana siguiente, mi teléfono comenzó a sonar.

Señor Carter.

Lo dejé sonar.

Volvió a llamar.

Después llegó un mensaje.

“Sofía, necesitamos hablar antes de tu reunión del consejo.”

No respondí.

A las ocho y media, Michael entró en mi oficina con una carpeta.

—El análisis está terminado.

La abrió sobre mi escritorio.

—Si congelamos nuestra participación en el proyecto del puerto, Carter Holdings pierde la garantía financiera necesaria para la segunda fase.

Pasó una página.

—Además, tres de sus principales líneas de crédito fueron aprobadas considerando los contratos conjuntos con Bennett.

—¿Cuánto tiempo tienen?

—Sin nosotros, quizá tres meses antes de empezar a tener problemas serios de liquidez.

Negué.

—No quiero destruirlos.

Michael me observó.

—¿Entonces?

—Quiero separar nuestras compañías.

—Eso puede terminar destruyéndolos igualmente.

—Entonces Daniel debió pensar en eso antes de convertir una alianza empresarial en una decisión sentimental.

A las nueve comenzó la reunión.

Doce miembros del consejo.

Dos abogados.

Mi padre sentado a mi derecha.

No le había contado nada.

Esperé hasta que todos estuvieron presentes.

—Antes de revisar los resultados trimestrales, hay un cambio que afecta nuestra estrategia.

Mi padre levantó la mirada.

—Mi compromiso con Daniel Carter ha terminado.

Silencio.

Uno de los directores dejó la pluma sobre la mesa.

—¿Qué ocurrió?

—El señor Carter decidió casarse con otra persona.

Mi padre no reaccionó inmediatamente.

Eso era peor que verlo enfadado.

—¿Cuándo?

—Ayer.

—¿Y me entero ahora?

—Quería tener calculada nuestra exposición antes de informarte.

Le entregué la carpeta.

Mi padre leyó durante casi un minuto.

Finalmente preguntó:

—¿Qué propones?

—Suspender el proyecto del puerto hasta renegociar las condiciones sin considerar ninguna alianza matrimonial.

—¿Y los Carter?

—Pueden presentar garantías independientes.

Michael intervino:

—No pueden.

Mi padre cerró la carpeta.

—Entonces tenemos un problema.

—Ellos tienen un problema —corregí.

En ese momento se abrió la puerta.

Mi secretaria apareció nerviosa.

—Señorita Bennett, disculpe. El señor Richard Carter está aquí.

Mi padre y yo intercambiamos una mirada.

—Que pase.

Richard Carter entró seguido de Daniel.

Y detrás de Daniel…

Emily Hayes.

Casi tuve que admirar la estupidez.

Richard parecía a punto de explotar.

—Sofía, antes de tomar ninguna decisión precipitada…

—La decisión no es precipitada.

Daniel intervino.

—Papá, te dije que esto no tiene nada que ver con los negocios.

Richard se giró hacia su hijo.

—¡Tiene todo que ver con los negocios!

Emily dio un pequeño sobresalto.

Daniel apretó los dientes.

—No voy a casarme con alguien a quien no amo por un contrato.

—Entonces deberías haber aprendido cómo funcionan esos contratos antes de romperlos.

Richard puso ambas manos sobre la mesa.

—Sofía, podemos arreglar esto.

—La boda está cancelada.

—Daniel cometió un error.

Daniel palideció.

—Papá.

—Cállate.

Emily bajó la cabeza.

—Señor Carter, no quiero causar problemas…

Richard ni siquiera la miró.

—Entonces no los causes.

Sus ojos se llenaron inmediatamente de lágrimas.

Daniel la rodeó con un brazo.

—No le hables así.

Yo observé la escena sin decir nada.

Richard me miró.

—Danos una semana.

—¿Para qué?

—Para reconsiderar.

—No hay nada que reconsiderar.

Daniel soltó una risa amarga.

—¿Ves? Esto demuestra exactamente lo que decía. A ella nunca le importó nuestra relación.

Me levanté.

—Daniel, ayer viniste a mi oficina para decirme que amas a Emily.

—Sí.

—Entonces sé feliz con ella.

Señalé los documentos.

—Pero no puedes pedirme que siga financiando las ventajas económicas de un matrimonio que tú cancelaste.

—¡Yo nunca te pedí que financiaras nada!

Richard cerró los ojos.

Su propio hijo todavía no lo entendía.

Saqué el contrato privado.

—Cláusula diecisiete.

Lo deslicé hacia Daniel.

—Léela.

Daniel tomó el documento.

Su expresión cambió poco a poco.

La cláusula establecía que determinadas condiciones preferenciales entre Bennett Group y Carter Holdings existían exclusivamente durante la vigencia de la alianza familiar proyectada.

Sin boda, no había obligación de mantenerlas.

Emily miró a Daniel.

—Me dijiste que esto no afectaría a tu familia.

Daniel no respondió.

Aquella tarde la noticia de nuestra ruptura llegó a la prensa.

Y ocurrió exactamente lo que había previsto.

Las acciones de Carter Holdings cayeron.

Dos bancos solicitaron reuniones urgentes.

Un fondo extranjero suspendió una inversión.

Pero entonces ocurrió algo que no esperaba.

Emily publicó una fotografía.

Ella y Daniel aparecían abrazados.

El texto decía:

“Elegir el amor nunca debería ser un crimen.”

En menos de una hora, las redes estaban llenas de comentarios.

Algunos me llamaban fría.

Controladora.

Una heredera incapaz de aceptar un rechazo.

No respondí.

Hasta que Michael entró en mi oficina.

—Tenemos un problema.

—¿Qué pasó?

Dejó una tableta delante de mí.

Un medio financiero acababa de publicar documentos internos.

Según ellos, Bennett Group había utilizado el compromiso para obligar a Carter Holdings a aceptar condiciones abusivas.

—Son falsos —dije.

—Lo sé.

—¿De dónde salieron?

—Estamos investigando.

Observé las capturas.

Había firmas.

Fechas.

Incluso mi nombre.

Alguien había trabajado cuidadosamente para hacerlas creíbles.

Mi teléfono sonó.

Daniel.

Contesté.

—¿Qué quieres?

—Detén esto.

—No fui yo quien publicó una historia romántica para manipular a la opinión pública.

—Emily tampoco filtró esos documentos.

—No he dicho que fuera ella.

Silencio.

Entonces Daniel habló más bajo.

—Sofía, hay algo que no te conté.

—Sorpréndeme.

—Emily sabía cosas sobre el proyecto del puerto antes de que yo se las dijera.

Me quedé inmóvil.

—¿Qué cosas?

—Cifras.

—¿Qué cifras?

—Las garantías de Bennett.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

Aquella información solo estaba disponible para un grupo muy reducido.

—¿Desde cuándo?

—Desde antes de que empezáramos a salir.

La puerta de mi oficina se abrió.

Michael entró con el rostro completamente serio.

—Sofía.

Levantó una memoria USB.

—Encontramos quién descargó los documentos que se usaron para fabricar la filtración.

Colgué.

—¿Quién?

Michael dejó una fotografía sobre mi escritorio.

Reconocí inmediatamente al hombre.

Era Thomas Bennett.

Mi tío.

Vicepresidente del grupo.

Y la persona que llevaba años esperando que yo cometiera un error para quedarse con mi puesto.

Pero había algo más.

Michael puso otra fotografía junto a la primera.

Thomas salía de un restaurante privado.

A su lado estaba Emily.

La imagen había sido tomada seis meses atrás.

Cuatro meses antes de que Daniel afirmara haberse enamorado de ella.

Sentí que todas las piezas cambiaban de lugar.

—Emily no apareció por casualidad.

Michael negó lentamente.

—Eso parece.

—¿Mi tío la puso cerca de Daniel?

—Todavía no podemos demostrarlo.

Mi teléfono volvió a vibrar.

Esta vez era mi padre.

Contesté.

Su voz sonó extrañamente tensa.

—Sofía, ven a casa.

—Estoy ocupada.

—Ahora.

—¿Qué ocurre?

Hubo una pausa.

—Encontré algo en el despacho de tu tío.

—¿Qué?

Mi padre respiró profundamente.

—Un segundo contrato matrimonial.

Fruncí el ceño.

—No entiendo.

—Está firmado por Thomas y Richard Carter.

Sentí frío.

—¿Qué establece?

Mi padre tardó varios segundos en responder.

—Que si tu matrimonio con Daniel se cancela antes de celebrarse…

Su voz se quebró.

—Thomas obtiene el derecho de comprar una participación suficiente para intentar tomar el control de Bennett Group.

Miré nuevamente la fotografía de Emily.

Entonces entendí.

Daniel creía que había cancelado nuestra boda por amor.

Richard creía que estaba perdiendo una alianza.

Yo creía que estaba protegiendo mi compañía de las consecuencias.

Pero alguien llevaba meses esperando exactamente que aquella boda fracasara.

Y quizá Emily nunca había querido quedarse con mi prometido.

Quizá había venido por mi empresa.

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