PARTE 2: CUANDO DESCUBRÍ QUE MI PROPIA HERMANA HABÍA AYUDADO A DESTRUIR A LOS HALE PARA QUITARME MI NOMBRE Y MI HERENCIA, ETHAN ME REVELÓ QUE EL MATRIMONIO FORZADO ERA SOLO LA ÚLTIMA PIEZA DE UN PLAN QUE HABÍA COMENZADO ANTES DE QUE ELLA VOLVIERA A CASA.

Me quedé mirando el nombre de Olivia hasta que las letras comenzaron a perder sentido.

—No.

Mi voz salió apenas audible.

—Olivia no sabía nada de negocios cuando llegó a casa.

Ethan no discutió.

Solo empujó la carpeta un poco más hacia mí.

—Mira las fechas.

Había correos electrónicos, autorizaciones bancarias y órdenes de modificación de contratos.

Algunas operaciones habían comenzado dos meses antes de que Olivia apareciera oficialmente como la hija perdida de los Hale.

Levanté la cabeza.

—Eso es imposible.

—Precisamente por eso debes dejar de pensar que ella apareció por casualidad.

Sentí que el estómago se me hundía.

—¿Estás diciendo que ya sabía quién era?

—Estoy diciendo que alguien la estaba preparando.

Ethan señaló un nombre repetido en varios correos.

Marcus Sterling.

El segundo hijo del abuelo Sterling.

El tío de Ethan.

—Marcus manejaba una parte de las inversiones familiares —explicó—. También controlaba empresas intermediarias que comenzaron a comprar deuda Hale antes del colapso.

—¿Y Olivia?

—Firmó como consultora externa con otro apellido.

Mis dedos temblaron.

—Tenía diecisiete años.

—Alguien mayor estaba detrás de ella.

La rabia me atravesó.

—Mis padres jamás habrían permitido esto.

Ethan me miró de una forma extraña.

—¿Estás segura?

Aquella pregunta dolió más de lo que debería.

Cerré la carpeta.

—Quiero volver a la capital.

—Todavía no.

—Necesito enfrentarla.

—Y eso es exactamente lo que esperan.

Lo miré.

—¿Quiénes?

Ethan caminó hasta la ventana.

—Mi abuelo, Marcus y quienquiera que haya utilizado a Olivia.

Entonces añadió:

—Si saben que ya viste estos documentos, destruirán lo que queda.

La casa pareció quedarse demasiado pequeña.

—¿Qué queda?

Ethan volvió hacia la mesa y sacó un sobre diferente.

—Tu expediente de adopción.

Mi corazón se detuvo.

—¿Qué tiene que ver mi adopción con esto?

—Eso intento descubrir.

No quise tocarlo.

Durante toda mi vida me habían dicho que fui abandonada siendo un bebé y adoptada por los Hale pocas semanas después.

Nunca pregunté demasiado porque mis padres me habían amado.

O eso creía.

—¿Lo robaste?

—Lo compré.

—¿Cómo se compra un expediente de adopción?

—Cuando alguien paga lo suficiente para ocultarlo, normalmente también deja un rastro.

Abrí el sobre.

Mi certificado de nacimiento original estaba incompleto.

El nombre de mi madre biológica aparecía tachado en la copia oficial.

Pero Ethan tenía otra.

Una fotografía del documento antes de la modificación.

Leí el apellido.

Y sentí que el aire desaparecía.

Sterling.

Levanté la vista.

—No.

Ethan permaneció inmóvil.

—Todavía no sabemos qué significa.

—Mi madre biológica era una Sterling.

—Eso parece.

—¿Quién?

—El nombre es Eleanor Sterling.

Tuve que sentarme.

Conocía ese nombre.

Todo el mundo lo conocía.

Eleanor había sido la hija mayor del abuelo Sterling.

Había muerto joven.

La historia oficial decía que jamás se había casado ni tenido hijos.

—Eso significaría…

No pude terminar.

Ethan sí.

—Que eres nieta biológica de mi abuelo.

Me alejé de la mesa.

—Entonces tú y yo…

—No somos parientes de sangre.

La respuesta fue inmediata.

—Mi padre fue adoptado por los Sterling.

Lo miré, incapaz de procesar otra revelación.

—¿Todo en tu familia es una mentira?

Ethan soltó una risa sin humor.

—Por eso vivo aquí.

Me llevé una mano a la frente.

Si el documento era auténtico, yo no era simplemente la hija adoptiva de los Hale.

Tenía sangre Sterling.

Y aquello cambiaba por completo el antiguo compromiso matrimonial.

—El contrato decía que la hija mayor de los Hale debía casarse con el primogénito Sterling.

—Sí.

—Pero si soy descendiente directa de Eleanor…

Ethan asintió lentamente.

—Entonces no podían obligarte a entrar en la familia mediante matrimonio porque, legalmente, podrías tener derechos sobre ella.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—¿Qué derechos?

—Los que mi abuelo lleva dieciocho años intentando impedir que descubras.

Aquella noche no pude dormir.

A las dos de la madrugada escuché una motocicleta detenerse frente a la casa.

Ethan salió.

Cinco minutos después llamó a mi puerta.

—Vístete.

Su tono no permitía preguntas.

—¿Qué pasa?

—Tenemos que irnos.

—¿Ahora?

—Ahora.

Me puse un abrigo y salí.

Un joven esperaba junto a la motocicleta.

Tenía sangre seca en la ceja.

—Encontraron el almacén —dijo.

Ethan maldijo.

—¿Qué almacén?

—Donde guardaba las copias originales.

Mi miedo regresó.

—¿Quién lo encontró?

El joven me miró.

—Los hombres de Marcus Sterling.

Ethan agarró una bolsa y me indicó que subiera a una camioneta vieja detrás de la casa.

—¿Adónde vamos?

—A recuperar algo antes que ellos.

Condujimos durante casi una hora por caminos de montaña.

Llegamos a una construcción abandonada junto a una antigua cantera.

La puerta había sido forzada.

Dentro olía a humo.

Varias cajas ardían en el suelo.

Ethan corrió hacia un armario metálico.

Estaba vacío.

—Llegamos tarde.

Entonces escuchamos un sonido.

Un gemido.

Había un hombre detrás de unas cajas.

Herido, pero consciente.

Ethan se arrodilló.

—¿Dónde están los archivos?

El hombre señaló hacia la salida.

—Se llevaron casi todo.

—¿Casi?

Sacó una pequeña llave del bolsillo.

—No encontraron la caja del suelo.

Ethan levantó una tabla.

Debajo había una caja fuerte estrecha.

Dentro encontramos fotografías antiguas, escrituras, cartas y una grabadora.

Yo tomé una fotografía.

Mostraba a mi madre, mucho más joven.

A su lado estaba Eleanor Sterling.

Y ambas estaban embarazadas.

Sentí que las rodillas me fallaban.

En la parte posterior había una fecha.

Dieciocho años atrás.

Exactamente el año en que Olivia y yo nacimos.

—Ethan…

Él tomó otra fotografía.

En ella aparecía mi padre.

Y Marcus Sterling.

Los dos salían de una clínica privada.

—Tu padre lo conocía —dijo Ethan.

Mi garganta se cerró.

—Siempre dijo que jamás había tratado con los Sterling antes de la quiebra.

—Mintió.

Entonces encontramos una carta.

Estaba dirigida a mi madre.

Reconocí inmediatamente la letra de mi padre.

La abrí.

Solo pude leer las primeras líneas antes de sentir que algo dentro de mí se rompía.

«Margaret, si algún día descubre de quién es hija realmente, perderemos todo. La única forma de proteger a Olivia y mantener a los Sterling lejos es criar a la otra niña como nuestra.»

Me quedé inmóvil.

—¿La otra niña?

Ethan tomó la carta.

Sus ojos recorrieron el resto.

Su expresión cambió.

—No la leas aquí.

—Dámela.

—Hay más.

—Ethan.

Le arranqué el papel.

Las últimas líneas me hicieron olvidar cómo respirar.

«Cuando llegue el momento, devolveremos a Olivia a su lugar y enviaremos a la hija de Eleanor lejos de la capital. Marcus prometió encargarse del resto.»

La carta cayó de mis manos.

—Ellos lo sabían.

Mi voz se quebró.

—Mis padres siempre supieron quién era yo.

Ethan dio un paso hacia mí.

No me tocó.

Esperó.

Y quizá por eso fui yo quien terminó agarrando su camisa para no caer.

—Me criaron sabiendo que algún día iban a entregarme.

—Sí.

—Y Olivia…

—Todavía no sabemos cuánto sabía.

Antes de que pudiera responder, se escucharon motores afuera.

Ethan apagó la linterna.

—Al suelo.

Varias luces atravesaron las ventanas rotas.

Voces masculinas.

Alguien gritó:

—¡Sabemos que estás ahí, Ethan!

Reconocí la siguiente voz.

La había escuchado cientos de veces durante mi infancia.

Mi sangre se congeló.

Era mi padre.

—¡No hagas ninguna estupidez! —gritó desde fuera—. ¡Solo queremos hablar con ella!

Intenté levantarme.

Ethan me detuvo.

Entonces mi padre pronunció una frase que convirtió todo lo descubierto aquella noche en algo todavía más aterrador.

—¡Dile a mi hija que Olivia nunca fue la niña intercambiada!

Silencio.

Mis dedos se clavaron en el brazo de Ethan.

Mi padre continuó desde la oscuridad.

—¡La bebé que fue cambiada en aquel hospital fuiste tú… pero no de la manera que te contamos!

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