PARTE 2: CUANDO MI EXPROMETIDO ENTRÓ EN MI APARTAMENTO CON SU NUEVA ESPOSA CREYENDO QUE YO SEGUIRÍA ESPERÁNDOLO, NO IMAGINÓ QUE YA ME HABÍA CASADO CON EL HOMBRE QUE LLEVABA DIEZ AÑOS ELIGIÉNDOME.

—Porque esta casa es mía.

La sonrisa de Ethan desapareció.

Olivia, todavía con mi pijama puesto, dejó de acomodarse el cabello.

—Claire —dijo Ethan—, no empieces otra vez.

Miré alrededor.

Habían abierto mis armarios.

Sobre la mesa había juguetes, envoltorios de comida y varias maletas.

En el perchero colgaba el abrigo de Olivia.

No habían venido a pasar unas horas.

Se habían instalado.

—Tenéis veinte minutos para recoger vuestras cosas.

Ethan soltó una carcajada.

—¿Adónde quieres que vaya con mi esposa y mi hijo?

Aquella palabra ya no me dolió.

Esposa.

Horas antes habría sentido que me arrancaban algo.

Ahora solo pensé en el certificado guardado dentro de mi bolso.

—Eso deberías haberlo pensado antes de traerlos a una propiedad que no te pertenece.

Olivia se acercó.

—Ethan me dijo que esta era vuestra casa.

—Ethan vivía aquí conmigo. No significa que sea suya.

Él golpeó la encimera.

—¡Íbamos a casarnos!

—Íbamos.

Me quité lentamente el abrigo.

Entonces Ethan vio el anillo.

Sus ojos quedaron clavados en mi mano.

—¿Qué es eso?

—Un anillo.

—Sé lo que es.

Se acercó.

—¿De dónde salió?

—De mi marido.

El silencio fue inmediato.

Olivia fue la primera en reaccionar.

—¿Tu marido?

Ethan sonrió con incredulidad.

—Claire, basta.

Abrí el bolso.

Saqué mi certificado.

Lo puse sobre la mesa.

—Me casé esta tarde.

Ethan lo tomó.

Leyó mi nombre.

Después el otro.

NATHAN STERLING.

Su rostro cambió.

—No.

Olivia se inclinó para mirar.

—¿Sterling? ¿Como el Grupo Sterling?

—Sí.

Ethan levantó la cabeza.

—¿Te casaste con Nathan Sterling?

—Eso dice el documento.

—¡Lo hiciste para vengarte de mí!

Negué lentamente.

Incluso después de casarse con otra mujer, Ethan seguía convencido de que mis decisiones tenían que girar alrededor de él.

—No eres tan importante.

La frase lo golpeó más que un grito.

—Hace unas horas querías casarte conmigo.

—Y hace unas horas tú elegiste a otra mujer.

—¡Por mi hijo!

—Perfecto. Entonces dedícate a tu familia.

Señalé las maletas.

—Pero hazlo en otro lugar.

Ethan apretó el certificado.

—Anula el matrimonio.

Me quedé mirándolo.

—¿Perdón?

—Nathan se aprovechó de que estabas enfadada.

—Yo lo llamé.

—Entonces cometiste una estupidez.

—Quizá.

Me acerqué y recuperé mi certificado.

—Pero es mi estupidez.

Olivia dejó escapar una risa.

—Ethan, déjala. Cuando Nathan se canse de ella, volverá.

Entonces una voz masculina sonó desde la entrada.

—Eso podría tardar bastante.

Todos nos giramos.

Nathan estaba apoyado contra el marco de la puerta.

Ya se había cambiado el traje arrugado del viaje. Llevaba una camisa oscura y sostenía mi pequeña maleta, la que había dejado en su coche.

Miró primero a Olivia con mi pijama.

Después al niño sobre el sofá.

Finalmente a Ethan.

—Veo que llegué en buen momento.

Ethan avanzó.

—Esto no tiene nada que ver contigo.

Nathan dejó la maleta.

—Mi esposa acaba de decir que quiere que salgáis de su casa.

La mandíbula de Ethan se tensó.

—¿Tu esposa?

—Me gusta cómo suena.

—La conoces desde hace años y nunca consiguió enamorarse de ti.

Nathan sonrió.

—Diez años, para ser exactos.

Entonces me miró.

—Pero hoy dijo que sí.

Ethan perdió el control.

—¡Porque estaba dolida!

Nathan dejó de sonreír.

—Entonces quizá deberías preguntarte qué hiciste para que una mujer que pensaba casarse contigo por la mañana prefiriera casarse conmigo por la tarde.

Ethan no tuvo respuesta.

El niño comenzó a tirar de la manga de Olivia.

—Mamá, tengo hambre.

Aquello rompió la tensión.

Miré al pequeño.

Él no tenía la culpa de nada.

—Hay un hotel a dos calles. Podéis quedaros allí esta noche.

Olivia frunció el ceño.

—No tenemos por qué irnos.

Saqué el teléfono.

—Entonces llamaré para que os acompañen.

Cinco minutos después, Ethan comprendió que no estaba negociando.

Recogieron sus cosas.

Antes de salir, Olivia se volvió hacia mí.

—No te emociones demasiado. Ethan siempre vuelve a mí.

La miré.

—Espero sinceramente que esta vez se quede.

Su expresión se congeló.

Cuando la puerta se cerró, apoyé la espalda contra ella.

Toda la fuerza que había mantenido durante el día desapareció.

Nathan no intentó tocarme.

Simplemente esperó.

—¿Te arrepientes? —preguntó finalmente.

Miré mi alianza.

—Todavía no.

—Excelente. Mi objetivo para el primer día de matrimonio era superar las doce horas.

Me reí.

Y entonces, sin poder evitarlo, empecé a llorar.

Nathan dejó de bromear.

—Claire.

—Estoy bien.

—No tienes que estarlo.

Aquello terminó de romperme.

Durante años Ethan me había enseñado que amar significaba aceptar explicaciones, esperar y comprender.

Nathan, en cambio, se sentó conmigo en el suelo del recibidor sin pedirme nada.

Cuando finalmente pude respirar con normalidad, dije:

—Esto puede haber sido una locura.

—Probablemente.

—Nos casamos después de una llamada.

—Técnicamente esperé diez años y una llamada.

Lo miré.

—¿Por qué nunca insististe?

Nathan tardó unos segundos.

—Porque quererte no me daba derecho a molestarte.

Aparté la mirada.

Esa respuesta dolió por razones completamente diferentes.

A la mañana siguiente desperté con treinta y siete llamadas perdidas.

Ethan.

Su madre.

Dos amigos comunes.

Y una llamada de un número desconocido.

Había además un mensaje.

«Claire, llámame urgentemente. Es sobre Ethan y Olivia.»

No contesté.

Nathan apareció con café.

—¿Problemas?

Le enseñé el teléfono.

Antes de que pudiera decir nada, llamaron a la puerta.

Era la madre de Ethan.

Margaret Carter.

Tenía el rostro desencajado.

—Claire, necesito hablar contigo.

Nathan permaneció a mi lado.

Margaret miró su alianza y pareció entender que los rumores eran ciertos.

—Así que realmente lo hiciste.

—¿Qué quieres?

Ella tragó saliva.

—Ethan nos contó lo ocurrido.

—Entonces ya sabes que está casado.

—Ese es precisamente el problema.

Fruncí el ceño.

Margaret sacó una carpeta.

—Anoche Olivia llevó al niño a nuestra casa. Arthur empezó a hacer preguntas sobre fechas.

Sentí una incomodidad inexplicable.

—¿Qué fechas?

—Ethan y Olivia terminaron hace cinco años.

—Lo sé.

—El niño supuestamente tiene cuatro.

—También lo sé.

Margaret negó lentamente.

—No, Claire. Tiene seis.

Me quedé inmóvil.

—Eso no tiene sentido.

—Por eso Arthur exigió una prueba.

Sacó varias fotografías.

En una de ellas aparecía Olivia embarazada.

La fecha impresa era anterior a su relación con Ethan.

Nathan tomó la fotografía.

—Entonces Ethan no puede ser el padre.

—Eso todavía no lo sabemos.

Margaret respiró hondo.

—Pero encontramos algo peor.

Sacó una captura de pantalla.

Era una conversación entre Olivia y alguien cuyo nombre estaba oculto.

«Solo necesito que Ethan crea que el niño es suyo hasta después de la boda.»

Otro mensaje decía:

«Una vez registrado el matrimonio, podremos seguir con el plan.»

Levanté la mirada.

—¿Qué plan?

—No lo sé.

Entonces mi teléfono sonó.

Ethan.

Esta vez contesté.

—¿Qué quieres?

Su respiración sonaba agitada.

—Claire, cometí un error.

—Eso ya lo sé.

—No. No entiendes.

Escuché una puerta cerrarse al otro lado.

—Olivia desapareció esta mañana.

—Entonces búscala. Es tu esposa.

—Se llevó documentos de mi padre y acceso a varias cuentas familiares.

Margaret palideció.

—¿Qué documentos?

Ethan continuó:

—Y dejó al niño con nosotros.

Hubo un silencio.

Después su voz se quebró.

—La prueba preliminar dice que no es mío.

Cerré los ojos.

Ethan había destruido nuestra relación para convertirse en padre de un niño que probablemente nunca había sido suyo.

Pero ya no era mi problema.

—Espero que lo soluciones.

Iba a colgar.

—¡Claire, espera!

—¿Qué?

—Hay algo más.

Su tono cambió.

—Encontré el teléfono viejo de Olivia.

Nathan me miró.

—¿Y?

—Hay fotografías tuyas.

Sentí un escalofrío.

—¿Mías?

—Durante meses.

Saliendo del trabajo.

Entrando en tu apartamento.

Con Nathan.

Incluso hay fotografías de ayer frente al registro civil.

Miré a Nathan.

Su expresión se endureció.

—Ethan, ¿qué estás diciendo?

—Que Olivia no apareció ayer por casualidad.

Se escuchó cómo revolvía algo.

—Encontré mensajes enviados antes de nuestra boda.

—¿A quién?

Ethan permaneció en silencio.

—¡Ethan!

Finalmente respondió:

—A alguien que sabía desde hacía meses que Nathan Sterling llevaba diez años esperando por ti.

Nathan me quitó suavemente el teléfono y activó el altavoz.

—¿Qué decía el último mensaje?

Escuchamos a Ethan respirar.

Después leyó:

—«Ya consiguió que Claire llame a Sterling. La primera parte está hecha.»

Sentí que el corazón se detenía.

Nathan dejó de moverse.

Yo lo miré.

—¿La primera parte de qué?

Al otro lado de la línea, Ethan tardó varios segundos en contestar.

—Claire…

Su voz apenas fue un susurro.

—Creo que Olivia nunca regresó por mí. Creo que todo esto empezó porque alguien quería que tú te casaras con Nathan.

Related Posts

PARTE 2: LA HIJA QUE MI HERMANO DEJÓ PARA PROTEGERLA

—¿Dónde la has estado guardando? Hannah bajó la mirada. —En una habitación pequeña sobre el garaje. Nadie sabe que existe. Miré a Grace. La niña jugaba con…

PARTE 2: MI HIJA SOBREVIVIÓ A LA DECISIÓN DE SU PADRE Y, CUANDO ADRIAN DESCUBRIÓ LA VERDAD, YA ERA DEMASIADO TARDE PARA RECUPERAR A SU FAMILIA

—No vengas. Después de decir aquellas dos palabras, dejé el teléfono sobre la mesa. El monitor seguía mostrando una línea inmóvil. —¡Lily! —grité. La enfermera que estaba…

PARTE 2: APRENDÍ A RESPIRAR SIN ÉL

Cuando llegué a la piscina al día siguiente, Ryan ya estaba allí. —Llegas temprano. —Me dijiste que viniera treinta minutos antes. —Pensé que discutirías. —Ya no discuto…

PARTE 2: EL ANILLO QUE CERRÓ EL CAPÍTULO

Graham tomó la canasta con ambas manos. —Maddie, no tienes que hacer esto. —Sí tengo. —Estás herida. —Y tú estás casado. Se quedó callado. —Llévasela. Graham salió…

PARTE 2: CINCO DÍAS DESPUÉS DE LA MUERTE DE MI MADRE, MI ESPOSO DESCUBRIÓ QUE HABÍA PERDIDO MUCHO MÁS QUE A SU ESPOSA

Alexander se quedó inmóvil en la puerta. —¿Qué hiciste? Yo cerré lentamente la maleta. —Nada que tú no me hayas enseñado. Su mandíbula se tensó. —Estoy hablando…

PARTE 2: EL REGRESO DE LA CORONEL NAVARRO

—Bienvenida de nuevo, coronel. Rodrigo Valenzuela pronunció aquellas palabras mientras el equipo médico descendía hacia nosotros. Por primera vez en horas, sentí que podía respirar. —Mi general……

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *