PARTE 2: CUANDO ADRIAN DESCUBRIÓ QUE LOS TREINTA MILLONES DESAPARECIDOS LLEVABAN DIRECTAMENTE A MANDY, YA ERA DEMASIADO TARDE PARA SALVAR SU EMPRESA, SU REPUTACIÓN Y EL MATRIMONIO QUE ÉL MISMO HABÍA DESTRUIDO.

Después de bloquear a Adrian, apagué el teléfono.

No porque tuviera miedo de lo que pudiera decirme.

Sino porque, por primera vez en seis años, ya no tenía nada que explicarle.

A las nueve de la mañana siguiente, Julian llegó a mi suite con dos cafés y una carpeta azul.

—El nuevo accionista mayoritario convocó una reunión extraordinaria del consejo para mañana.

Tomé el café.

—Era de esperar.

—También solicitaron acceso completo al proyecto Yunqi.

Lo miré.

—¿Y?

Julian sonrió.

—Encontraron cosas.

No pregunté inmediatamente.

Había esperado demasiado tiempo para escuchar aquello.

—¿Cuánto?

—Mucho más que treinta millones.

Dejó la carpeta frente a mí.

Dentro había transferencias fragmentadas, facturas infladas y contratos con proveedores fantasma.

Varias empresas pertenecían a personas vinculadas directamente con Mandy.

Pero una página me hizo detenerme.

—¿Qué es esto?

—Una autorización de pago.

La firma digital de Adrian aparecía al final.

Sentí un vacío en el pecho.

—¿Él sabía?

—Todavía no podemos demostrarlo.

Julian señaló las fechas.

—Pero aprobó movimientos después de que surgieron las primeras irregularidades.

Cerré la carpeta.

Aquello dolía más de lo que quería admitir.

Yo podía aceptar que Adrian hubiese elegido a Mandy sobre mí.

Podía aceptar su arrogancia.

Incluso podía aceptar el divorcio.

Pero si había protegido conscientemente un fraude que luego me atribuyó…

Eso era diferente.

Al día siguiente regresé a Starlight.

No como vicepresidenta.

Ni como esposa del presidente.

Entré acompañada por Julian, dos representantes legales del nuevo accionista y el equipo externo de auditoría.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron, el departamento completo quedó en silencio.

Mandy estaba junto a recepción.

Su sonrisa desapareció.

—Claire.

No me detuve.

Adrian salió de su despacho segundos después.

Parecía no haber dormido.

—Necesito hablar contigo.

—No.

—Claire, por favor.

Aquella palabra casi me hizo girar.

Durante años jamás me había pedido nada así.

Pero seguí caminando.

La reunión comenzó a las diez.

Adrian ocupó su asiento habitual.

Mandy estaba a su derecha.

Yo me senté enfrente.

El representante del nuevo accionista abrió la sesión.

—Como propietarios del sesenta por ciento de Starlight Media, hemos autorizado una auditoría extraordinaria.

Mandy intervino inmediatamente.

—Todo esto es una represalia personal.

El auditor ni siquiera la miró.

—Señorita Xu, encontramos diecisiete proveedores vinculados directa o indirectamente con usted.

Su rostro cambió.

—Eso es absurdo.

—También encontramos pagos duplicados por once millones.

Otra página.

—Contratos inflados por nueve.

Otra.

—Y transferencias sin justificación por aproximadamente doce millones adicionales.

El silencio fue absoluto.

Adrian se volvió hacia Mandy.

—Me dijiste que faltaban treinta.

—Eso fue lo que encontró finanzas.

—Tú dirigías Yunqi.

—¡Claire también firmaba!

El auditor me miró.

—Correcto.

Mandy sonrió.

Demasiado pronto.

—Entonces ya está.

El hombre continuó:

—Sin embargo, las firmas de la señora Shen fueron reutilizadas digitalmente después de autorizaciones anteriores legítimas.

La sonrisa desapareció.

—¿Qué?

Julian colocó un informe técnico sobre la mesa.

—Las marcas temporales demuestran que varios documentos fueron modificados después de que Claire los aprobara.

Mandy palideció.

Adrian se inclinó hacia delante.

—¿Quién los modificó?

El auditor respondió:

—Un usuario asociado a la cuenta corporativa de Mandy Xu.

Ella se levantó.

—¡Alguien utilizó mi ordenador!

—Entonces será sencillo verificarlo.

Mandy miró a Adrian.

—Di algo.

Él permaneció inmóvil.

—Adrian.

—Siéntate.

Su voz fue fría.

Ella parpadeó.

—¿Qué?

—He dicho que te sientes.

Por primera vez, vi miedo verdadero en los ojos de Mandy.

El auditor continuó.

—Hay otro problema.

Proyectó una cadena de correos.

Reconocí inmediatamente uno.

Era el mensaje en el que Mandy había mencionado mis acciones.

Pero ahora podía verse la conversación completa.

No había hablado solamente de asustarme.

Había escrito a un intermediario:

«Si Claire pierde su puesto, venderá. Cuando venda, Adrian quedará vulnerable y podremos forzar la reestructuración.»

Adrian se levantó de golpe.

—¿Qué significa eso?

Mandy abrió la boca.

No salió nada.

El auditor mostró el siguiente correo.

«Primero necesito que el consejo crea que Claire robó dinero.»

La sala quedó completamente inmóvil.

Adrian la miró como si acabara de verla por primera vez.

—Tú preparaste todo.

—No es así.

—¿Me hiciste despedirla?

—Yo solo…

—¡Responde!

Mandy rompió a llorar.

—¡Lo hice por ti!

Adrian se quedó helado.

—¿Por mí?

—Claire controlaba demasiado. Acciones, proyectos, clientes… nunca ibas a ser realmente presidente mientras ella siguiera aquí.

Solté una risa baja.

Mandy me miró con odio.

—Tú siempre actuabas como si Starlight fuera tuya.

—Porque más de la mitad lo era.

Aquello la hizo callar.

Adrian giró lentamente hacia mí.

—¿Por qué nunca me dijiste cuánto tenías?

Lo miré.

—Lo sabías.

—No sabía que era el sesenta por ciento.

—Porque nunca te molestaste en revisar cómo se reconstruyó la empresa después de la crisis.

Sus ojos se endurecieron.

—Claire…

—Hipotequé el apartamento de mi madre.

La sala entera permaneció en silencio.

—Compré acciones cuando nadie quería tocarlas. Cubrí nóminas cuando tú querías cerrar dos departamentos. Renegocié deuda mientras tú buscabas inversores.

Me incliné ligeramente.

—Y cuando la empresa volvió a crecer, te dejé llevarte el reconocimiento porque pensé que éramos un equipo.

Adrian no pudo mirarme.

—No lo sabía.

—Ese ha sido siempre tu problema.

La voz se me quebró apenas.

—Nunca supiste nada sobre mí porque nunca consideraste necesario preguntar.

Mandy golpeó la mesa.

—¡No conviertas esto en un drama matrimonial!

El auditor la miró.

—Tiene razón. Volvamos a lo penal.

Ella se quedó blanca.

—¿Penal?

Julian habló por primera vez.

—Falsificación documental, fraude corporativo, manipulación contable y posible apropiación indebida.

—No pueden hacerme esto.

—Ya lo hiciste tú sola —respondí.

La puerta se abrió.

Entraron dos investigadores acompañados por seguridad corporativa.

Mandy retrocedió.

—Adrian.

Él no se movió.

—Ayúdame.

Silencio.

—Por favor.

Adrian la observó durante varios segundos.

Después apartó la mirada.

Mandy empezó a gritar.

—¡Tú aprobaste pagos! ¡Tú sabías que algunos números no cuadraban!

Todos miramos a Adrian.

Su rostro perdió color.

El auditor se inclinó hacia delante.

—Señor Fu, ¿es cierto?

Adrian tardó demasiado en responder.

Ese silencio fue suficiente.

—Yo… sabía que había diferencias.

Sentí que algo dentro de mí se rompía definitivamente.

—¿Desde cuándo?

Me miró.

—Dos semanas antes de la reunión.

No pude respirar durante un segundo.

—Entonces sabías que las cuentas no cerraban.

—Sí.

—Y aun así me destituiste.

—Mandy dijo que todo apuntaba hacia ti.

—¿Y preferiste creerle?

Adrian cerró los ojos.

—Sí.

Aquella única palabra terminó nuestro matrimonio más profundamente que cualquier firma.

Julian me tocó suavemente el brazo.

No necesitaba consuelo.

Solo claridad.

El representante del accionista mayoritario habló.

—Señor Fu, mientras concluye la investigación, queda suspendido de sus funciones ejecutivas.

Adrian levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Con efecto inmediato.

Mandy soltó una risa histérica.

—Perfecto. Ahora ninguno tiene nada.

Me puse de pie.

—Te equivocas.

Todos me miraron.

Saqué el acuerdo de divorcio de mi bolso.

Lo coloqué frente a Adrian.

—Yo todavía tengo mi libertad.

Su rostro cambió.

—Claire, no.

—Firmé hace diez días.

—Podemos arreglar esto.

—No.

—Fueron seis años.

—Precisamente.

Empujé el documento hacia él.

—Seis años son suficientes para aprender cuándo dejar de salvar a alguien que siempre elige hundirte.

Adrian bajó la voz.

—Te amo.

Lo miré con una tristeza tranquila.

—Quizá.

Hice una pausa.

—Pero me amaste peor de lo que Mandy supo manipularte.

Sus ojos se llenaron de algo parecido al arrepentimiento.

Ya no importaba.

Cuando salí del edificio, mi teléfono vibró.

Era Julian.

Estaba todavía dentro.

—Claire, espera.

Me detuve.

—¿Qué pasa?

Su voz había cambiado.

—La auditoría encontró una segunda cuenta.

—¿De Mandy?

—No.

Miré hacia las puertas de cristal.

—¿De Adrian?

—Tampoco.

Silencio.

—Entonces ¿de quién?

Julian respiró hondo.

—De alguien que empezó a sacar dinero de Starlight tres años antes de que Mandy llegara a la empresa.

Sentí un escalofrío.

—¿Quién?

—Eso es lo extraño.

Escuché papeles moverse.

—La cuenta está registrada bajo el apellido Shen.

Mi mano se cerró alrededor del teléfono.

—Eso es imposible.

—Claire…

Se quedó callado un segundo.

—El titular figura como un familiar directo tuyo.

Y en aquel instante comprendí que la traición que acababa de destruir mi matrimonio quizá no había empezado con Adrian ni con Mandy.

Tal vez llevaba años creciendo dentro de mi propia familia.

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