PARTE 2: DESPUÉS DE RECHAZARME TRECE VECES, ETHAN CREYÓ QUE SIEMPRE SEGUIRÍA ESPERÁNDOLO… HASTA QUE REGRESÓ CUATRO AÑOS DESPUÉS Y DESCUBRIÓ QUE ME HABÍA CASADO CON EL HOMBRE QUE ÉL MISMO DIJO QUE ERA PERFECTO PARA MÍ.

Noah estaba al final del pasillo.

Una mano en el bolsillo del pantalón, la otra sosteniendo mi abrigo.

Su expresión era tranquila.

Demasiado tranquila.

Pero yo conocía al hombre con quien me había casado.

Vi la tensión en su mandíbula cuando reparó en la mano de Ethan todavía alrededor de mi muñeca.

Ethan también lo notó.

Me soltó inmediatamente.

—Noah…

Noah se acercó.

—Te hice una pregunta, Sophia.

Negué con la cabeza.

—Ya está solucionado.

Solo entonces su expresión se suavizó.

Se colocó a mi lado y me entregó el abrigo.

No me abrazó para marcar territorio.

No hizo ninguna escena.

Simplemente preguntó:

—¿Quieres irnos?

Aquella sencilla pregunta resumía perfectamente la diferencia entre ellos.

Ethan siempre había decidido lo que yo debía sentir. Noah siempre me preguntaba qué quería hacer.

—Todavía no —respondí—. Tengo que despedirme de unas personas.

Noah asintió.

Entonces miró a Ethan.

—Cuatro años, hermano.

Ethan seguía observando nuestras manos.

Especialmente mi alianza.

—No me dijiste que estabais juntos.

Noah arqueó ligeramente una ceja.

—Nunca preguntaste.

—Pero nos escribíamos.

—Sobre trabajo.

—Podrías haberlo mencionado.

No pude evitarlo.

—¿Por qué tendría que hacerlo?

Ethan me miró.

—Porque…

Se detuvo.

—Porque somos amigos.

Sonreí.

—Éramos amigos, Ethan. Después te marchaste cuatro años.

Aquello pareció dolerle más de lo esperado.

Regresamos al salón.

Durante el resto de la noche sentí su mirada siguiéndome.

Cuando Noah apoyaba una mano en mi espalda.

Cuando me acercaba una copa de agua sin preguntarme.

Cuando yo reía por algo que él decía.

Ethan observaba cada pequeño gesto como si estuviera contemplando una vida que alguien le había robado.

Pero nadie se la había robado.

Él la había rechazado trece veces.

Dos días después recibí su primer mensaje.

«Necesitamos hablar.»

No respondí.

Llegó otro.

«Sophia, por favor.»

Bloqueé el teléfono y continué trabajando.

A la tarde siguiente apareció en mi oficina.

Mi asistente intentó detenerlo, pero Ethan insistió hasta que finalmente acepté recibirlo.

Entró y cerró la puerta.

—¿Cuánto tiempo lleváis casados?

—Ocho meses.

—¿Y juntos?

—Casi tres años.

Su expresión cambió.

—¿Tres?

—Sí.

—Entonces empezasteis poco después de que me marchara.

Lo miré con incredulidad.

—Pasó más de un año antes de que Noah y yo tuviéramos nuestra primera cita.

Ethan caminó hacia la ventana.

—Siempre estuvo esperando.

—No.

—Sophia, conozco a Noah.

—Entonces deberías saber que nunca intentó aprovecharse de cómo me sentía.

Ethan se giró.

—Estaba enamorado de ti.

Me quedé quieta.

—Lo sé.

Sus ojos se abrieron.

—¿Lo sabías?

—Me lo contó cuando estuvimos preparados para empezar algo.

Ethan soltó una risa amarga.

—Claro.

—¿Qué significa eso?

—Que esperó hasta que yo desapareciera.

Aquello consiguió enfadarme.

—No conviertas esto en una competición que nunca existió.

—¿Nunca existió?

Se acercó.

—Te enamoraste de mi mejor amigo.

—Después de pasar cinco años enamorada de un hombre que me dejó muy claro trece veces que no me quería.

Silencio.

Ethan apartó la mirada.

—No fueron trece rechazos.

Me reí sin humor.

—Los conté.

—Yo tenía razones.

—Y yo tenía derecho a dejar de esperar.

Su mandíbula se tensó.

—Claire y yo nunca estuvimos juntos.

Aquello me sorprendió.

—No he preguntado por Claire.

—Pero siempre pensaste que estaba enamorado de ella.

—¿No lo estabas?

Ethan tardó demasiado en responder.

—Creía que sí.

Ahí estaba.

La respuesta que cinco años atrás me habría destrozado.

Ahora apenas consiguió entristecerme.

—Entonces hice bien en marcharme.

—No entiendes.

—Entiendo perfectamente.

Ethan dio otro paso.

—Cuando llegué a Londres, Claire empezó una relación con otra persona.

—Lo siento.

—No quiero que lo sientas.

Me miró directamente.

—Quiero que entiendas lo que pasó después.

No respondí.

—Empecé a echarte de menos.

Sentí algo extraño.

No esperanza.

No emoción.

Solo la melancolía de escuchar demasiado tarde las palabras que una versión antigua de mí habría dado cualquier cosa por recibir.

—Echabas de menos que estuviera disponible para ti.

—No.

—Ethan…

—Me enamoré de ti cuando ya no estabas.

Cerré los ojos un instante.

Cinco años.

Trece confesiones.

Trece rechazos.

Y ahora aquellas palabras.

—Llegas tarde.

—Lo sé.

—Estoy casada.

—También lo sé.

—Entonces ¿qué esperas conseguir?

Ethan no respondió.

Y aquello fue suficiente.

Me levanté.

—Vete.

—Sophia…

—No voy a traicionar a Noah para darte una decimocuarta oportunidad de decidir qué sientes por mí.

Su rostro se endureció.

—¿Lo amas?

—Sí.

La respuesta salió sin vacilar.

Ethan palideció.

Aquella fue la primera vez que comprendió de verdad que ya no tenía un lugar reservado dentro de mi corazón.

Se marchó sin decir nada más.

Pensé que finalmente lo había entendido.

Pero una semana después recibimos una invitación para la cena de bienvenida que los padres de Ethan organizaban en su casa.

No quería asistir.

Noah tampoco.

Hasta que su madre me llamó personalmente.

—Sophia, eres parte de esta familia desde que eras una niña. No quiero que las cosas entre los chicos destruyan veinte años de amistad.

Acepté.

Fue un error.

Claire también estaba allí.

Cuando me vio junto a Noah, sonrió y me abrazó.

—Por fin.

Parpadeé.

—¿Por fin qué?

Claire miró a Noah.

—Nada.

Pero Ethan había escuchado.

—Dilo.

Claire suspiró.

—No empieces.

—¿Qué quisiste decir?

Noah intervino.

—Ethan, déjalo.

—No. Quiero saberlo.

Claire dejó la copa sobre la mesa.

—Quise decir que Sophia terminó con la persona correcta.

El rostro de Ethan se volvió frío.

—¿Tú también lo sabías?

—¿Saber qué?

—Que Noah estaba enamorado de ella.

Claire se quedó callada.

Ethan soltó una risa incrédula.

—Todos lo sabían menos yo.

Entonces Claire dijo algo que cambió completamente el ambiente.

—No, Ethan. Tú también lo sabías.

Ethan se quedó inmóvil.

Yo miré a Claire.

—¿Qué quieres decir?

Ella pareció arrepentirse inmediatamente.

—Claire —dijo Ethan.

Era una advertencia.

Y eso despertó mi curiosidad.

—No —intervine—. Ahora quiero saberlo.

Claire miró a Ethan.

Después a Noah.

Finalmente, a mí.

—La mañana del aeropuerto… antes de que tú llegaras, Ethan y Noah discutieron.

Sentí que Noah se tensaba a mi lado.

—¿Sobre mí?

Claire asintió.

—Noah le dijo que si Ethan estaba absolutamente seguro de que jamás te correspondería, debía dejar de mantenerte emocionalmente cerca.

Miré a mi marido.

—Nunca me contaste eso.

—Porque no importaba.

Claire continuó:

—Noah también le dijo que algún día alguien iba a amarte como tú merecías.

Ethan apretó los puños.

Entonces recordé aquella mañana.

La palmada sobre el hombro de Noah.

La sonrisa de Ethan.

«La verdad, ustedes dos hacen buena pareja.»

Una frase que durante cuatro años había interpretado como indiferencia.

Miré a Ethan.

—¿Por eso lo dijiste?

No respondió.

Claire lo hizo por él.

—No exactamente.

—Claire.

—Ya basta, Ethan.

Ella abrió su bolso y sacó su teléfono.

—Hay algo que Sophia nunca supo.

Buscó durante unos segundos.

Luego me mostró una fotografía de una vieja conversación.

La fecha era la noche anterior a nuestra despedida en el aeropuerto.

El remitente era Ethan.

Leí la primera línea.

Y sentí que algo dentro de mí se detenía.

«Sé que Noah la ama. Quizá sea mejor así.»

Debajo había otro mensaje.

«Si Sophia empieza a quererlo, al menos dejará de esperarme.»

Pero todavía quedaba una última línea.

Una que Claire no había mencionado.

Una que explicaba por qué Ethan estaba ahora completamente pálido.

«Porque si algún día regreso y descubro que realmente la perdí, no sé si podré soportarlo.»

Levanté lentamente los ojos.

Ethan me estaba mirando.

Y entonces comprendí algo mucho más cruel que cualquiera de sus trece rechazos.

Quizá Ethan nunca había querido estar conmigo… pero tampoco había soportado jamás la idea de que yo pudiera dejar de quererlo.

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