PARTE 2: CUANDO MI MADRE COMPRENDIÓ QUE NO PODÍA LLEVARSE A MI HIJO EN SECRETO, INTENTÓ HACERME PASAR POR UNA MADRE INCAPAZ, PERO YO YA HABÍA PREPARADO LA PRUEBA QUE PODÍA DESTRUIR TODO SU PLAN.

El sonido del timbre pareció congelar la habitación.

Chen Meirong fue la primera en reaccionar.

—Señora Song, no es necesario molestar a la supervisora por algo tan sencillo.

—Para usted quizá sea sencillo.

Abracé a mi hijo con más fuerza.

—Para mí no.

Pan Xiulan suspiró.

—Xiaoning, estás agotada. No conviertas una preocupación normal en un problema.

Entonces aparecieron nuevamente aquellas palabras ante mis ojos.

【¡No confíes en ellas!】

【Chen Meirong ya ha preparado dos pulseras de identificación falsas.】

Sentí un escalofrío.

Bajé la mirada hacia las muñecas de mis bebés.

Ambos llevaban sus pulseras.

Nombre de la madre.

Hora de nacimiento.

Sexo.

Número de identificación.

Memoricé los datos.

Después saqué mi teléfono.

—¿Qué haces? —preguntó Yaqi.

—Fotografías.

Tomé varias imágenes de cada pulsera, de los rostros de mis bebés y de las etiquetas colocadas en sus mantas.

La expresión de Chen Meirong cambió.

—No debería fotografiar documentación hospitalaria.

—Estoy fotografiando a mis hijos.

Entonces fotografié también su placa.

CHEN MEIRONG.

Ella retrocedió.

—Eso sí es innecesario.

—Entonces no debería preocuparle.

La puerta se abrió.

Entró una mujer de unos cincuenta años con uniforme de supervisora.

—¿Quién solicitó mi presencia?

—Yo.

Me presenté y expliqué mi petición sin mencionar todavía las misteriosas advertencias.

Quería que cualquier procedimiento se realizara delante de mí y que ninguno de mis bebés abandonara la habitación sin mi consentimiento expreso.

La supervisora miró a Chen Meirong.

—¿Existe alguna necesidad médica urgente para trasladarlos?

Chen abrió la boca.

—El protocolo de higiene…

—He preguntado si existe una necesidad médica urgente.

—No.

—Entonces puede esperar.

Vi cómo Pan Xiulan apretaba los labios.

Yaqi intervino.

—Pero mi hermana acaba de salir de una cirugía. Está actuando de forma extraña.

La supervisora me observó.

—¿Se encuentra desorientada?

Sonreí.

—Me llamo Song Xiaoning. Sé dónde estoy, qué día es, quiénes son las personas presentes y acabo de dar a luz por cesárea a dos bebés: una niña y un niño.

Miré directamente a Yaqi.

—¿Qué parte parece desorientada?

No respondió.

La supervisora anotó algo.

Entonces ocurrió.

Pan Xiulan comenzó a llorar.

No lágrimas discretas.

Lágrimas de madre devastada.

—Perdónela —dijo—. Xiaoning siempre ha sido muy sensible. Después del embarazo empeoró. Últimamente sospecha de todos.

Mi cuerpo se puso rígido.

Ahí estaba.

La historia que las palabras habían predicho.

Inestable.

Confundida.

Una madre incapaz de distinguir la realidad.

—¿Tengo algún diagnóstico psiquiátrico? —pregunté.

Pan Xiulan vaciló.

—No hace falta un diagnóstico para que una madre conozca a su hija.

—Entonces no.

La supervisora levantó la mirada.

—Señora Pan, agradecería que no realizara valoraciones médicas sobre la paciente.

Mi madre dejó de llorar durante un instante.

Fue suficiente.

La vi.

La rabia detrás de las lágrimas.

Mi teléfono seguía en mi mano.

Abrí la grabadora.

La coloqué sobre la mesa.

—Quiero dejar constancia de otra petición.

Chen Meirong se tensó.

—¿Cuál?

—Quiero que verifiquen ahora mismo las pulseras de identificación de mis hijos contra el registro electrónico original del parto.

Silencio.

Yaqi palideció.

—Hermana, estás exagerando.

—Quizá.

Miré a la supervisora.

—Entonces tardaremos cinco minutos en demostrarlo.

La mujer asintió.

—Es razonable.

Chen Meirong dio un paso hacia la puerta.

—Yo traeré los registros.

—No.

Mi respuesta salió inmediatamente.

Todos me miraron.

—Quiero que los consulte otra persona.

Chen se quedó inmóvil.

La supervisora frunció el ceño.

—¿Existe algún motivo concreto por el que desconfíe de esta enfermera?

La miré.

Era el momento más peligroso.

No podía decir que unas palabras misteriosas flotaban ante mis ojos.

Pero tampoco necesitaba hacerlo.

—Sí.

Señalé a mi madre.

—Desde que entraron, la señora Pan y la enfermera Chen han intercambiado varias miradas antes de intentar sacar específicamente a mi hijo.

—¡Eso es absurdo! —exclamó Pan Xiulan.

Continué.

—Mi hermana también acaba de dar a luz. A una niña.

Yaqi se puso rígida.

—¿Qué estás insinuando?

—Todavía nada.

Miré a la supervisora.

—Precisamente por eso quiero verificarlo todo antes de permitir que mis bebés salgan.

La supervisora permaneció en silencio unos segundos.

Después llamó a otra enfermera.

—Traiga el registro original del quirófano y el sistema de identificación neonatal.

Chen Meirong perdió completamente la sonrisa.

Diez minutos después comenzaron las comprobaciones.

Mi hija coincidía.

Mi hijo también.

Todo parecía correcto.

Por un instante pensé que aquellas extrañas advertencias estaban equivocadas.

Entonces la segunda enfermera frunció el ceño.

—Supervisora…

—¿Qué ocurre?

Señaló la pantalla.

—Hay una modificación pendiente en el expediente.

El rostro de Chen Meirong se volvió blanco.

—Debe ser un error del sistema.

—¿Qué modificación? —pregunté.

La supervisora tomó la tableta.

Leyó.

Y su expresión cambió.

—Una solicitud para corregir el sexo del segundo recién nacido.

Sentí que mi corazón golpeaba contra las costillas.

—¿De niño a niña?

Nadie respondió.

No hacía falta.

—¿Quién solicitó la modificación?

La supervisora miró la pantalla.

Después levantó lentamente los ojos hacia Chen.

—Su usuario.

Pan Xiulan se levantó bruscamente.

—Seguro que fue un error.

Demasiado rápido.

Demasiado desesperada.

La supervisora ya estaba llamando a seguridad interna.

Chen retrocedió.

—Puedo explicarlo.

—Entonces explíquelo —dije.

—Introduje mal un dato.

—¿Después del parto?

—Sí.

—¿Y casualmente el dato equivocado convierte a mis gemelos en dos niñas?

No respondió.

Yaqi comenzó a llorar.

—Mamá, vámonos.

Mi madre la agarró del brazo.

—Cállate.

Aquella palabra hizo que la habitación entera quedara en silencio.

Yaqi la miró sorprendida.

Yo también.

Por primera vez, Pan Xiulan había olvidado interpretar el papel de madre cariñosa.

La supervisora pidió que nadie saliera.

Dos miembros de seguridad aparecieron minutos después.

Entonces Chen Meirong se quebró.

—¡Yo no iba a hacerle daño a ningún bebé!

Pan Xiulan giró hacia ella.

—¡No digas tonterías!

Chen la miró.

—Usted dijo que sería solamente cambiar las pulseras.

El mundo pareció detenerse.

Yaqi soltó un sollozo.

Mi madre perdió todo el color.

Yo apreté a mi hijo contra mí.

—Continúe.

—¡No tengo nada más que decir!

—Ya ha dicho suficiente —respondió la supervisora.

Seguridad separó inmediatamente a Chen de nosotros.

Mi madre comenzó a protestar.

—¡Esto es una locura! ¡Mi hija acaba de salir de una cirugía y está manipulando a todo el mundo!

Pero esta vez nadie la escuchaba como antes.

La supervisora solicitó preservar las grabaciones, registros de acceso y modificaciones del sistema.

Yo creí que finalmente había detenido el intercambio.

Entonces aparecieron nuevas palabras.

【Todavía no has ganado.】

Mi respiración se detuvo.

【El cambio de bebés era solamente el segundo plan de Pan Xiulan.】

¿Segundo?

Sentí un frío profundo.

La siguiente línea apareció lentamente.

【El primero comenzó meses antes de que dieras a luz.】

Miré a mi madre.

Ella estaba discutiendo con seguridad.

Entonces Yaqi se acercó a mi cama.

Parecía aterrorizada.

—Hermana…

—¿Qué?

Miró a nuestra madre.

Después bajó la voz.

—Hay algo que tienes que saber sobre tu embarazo.

Pan Xiulan se volvió de golpe.

—¡Yaqi!

Mi hermana comenzó a temblar.

—Yo no sabía que mamá llegaría tan lejos.

—¿De qué estás hablando?

Yaqi miró a mis gemelos.

Después a mí.

Y pronunció una frase que hizo desaparecer cualquier alivio que hubiera sentido.

—Mamá sabía que tendrías un niño antes incluso de que tú supieras que estabas embarazada de gemelos.

La miré sin comprender.

—Eso es imposible.

Yaqi comenzó a llorar.

—No si alguien cambió tus informes médicos.

Pan Xiulan gritó su nombre.

Pero ya era demasiado tarde.

Yaqi sacó un sobre doblado de su bolso.

—Encontré esto en casa de mamá.

Lo abrió.

Dentro había resultados de laboratorio, documentos de la clínica donde había realizado mi tratamiento prenatal y un recibo.

En la parte inferior aparecía una firma que reconocí.

La de mi propio obstetra.

Y junto a ella, una cantidad de dinero.

Levanté la mirada hacia mi madre.

Entonces comprendí que el intento de robarme a mi hijo no había comenzado aquella mañana en el hospital.

Alguien llevaba meses preparando su nacimiento.

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